El Cairo. El ex presidente egipcio Hosni Mubarak entró este miércoles en una camilla de hospital en la jaula del tribunal en El Cairo para enfrentarse a un juicio por el asesinato de manifestantes, en una imagen que emociona a quienes lo derrocaron y sirve para enviar un mensaje escalofriante a otros autócratas árabes que se enfrentan a levantamientos populares.

Si es declarado culpable, Mubarak podría ser condenado a la pena de muerte.

El ex presidente de 83 años, que parecía frágil y demacrado, negó los cargos. Mubarak es el primer líder árabe en ser juzgado en persona desde que una serie de revueltas populares se propagase por Oriente Próximo este año.

El fiscal dijo que Mubarak "tenía la intención de matar" a manifestantes pacíficos durante una revuelta de 18 días que lo derrocó el 11 de febrero y durante la década anterior.

Acusó a Mubarak de permitir que el ex ministro del Interior Habib al Adli utilizase munición real contra los manifestantes, y también le acusó de corrupción y malversación de fondos públicos.

Alrededor de 850 personas murieron durante los disturbios.

Un consejo militar liderado por el ministro de Defensa, el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, asumió el mando tras la dimisión de Mubarak. Ha prometido una transición democrática en el país más poblado del mundo árabe, un proceso que aún está lejos de completarse.

El abogado de Mubarak pidió que se cite a Tantawi como testigo en el juicio, haciéndose eco de una demanda presentada por el consejero de Adli, que también había pedido la declaración del ex jefe de inteligencia Omar Suleiman y otros funcionarios políticos y militares.

El letrado, Farid al-Deeb, dijo que quería citar a más de 1.600 testigos, una propuesta que podría convertir el juicio en un proceso interminable