El Cairo. Un grupo de manifestantes sitió este viernes el ministerio del Interior de Egipto, llevando su protesta contra el gobierno dirigido por los militares a un segundo día en una demostración de la indignación provocada por la muerte de 74 personas en el peor desastre futbolístico del país.

Una persona murió en El Cairo de una herida de perdigón y dos fallecieron en la ciudad de Suez cuando la policía utilizó municiones reales para contener a la multitud que trataba de entrar en una estación policial, dijeron testigos y el servicio de ambulancias.

Las protestas estallaron tras las muertes ocurridas en un estadio de fútbol en Port Said. La mayoría de las víctimas murieron aplastadas en una estampida, pero los manifestantes atribuyen la responsabilidad a las autoridades militares del país.

Varios miles de manifestantes lanzaron piedras contra el edificio del ministerio en el centro de El Cairo durante la noche. Las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos pero los manifestantes se reagrupaban constantemente.

De los pocos vehículos que había en el habitualmente congestionado centro de la ciudad, la mayoría eran ambulancias que trasladaban a heridos en los enfrentamientos.

Las muertes del estadio de fútbol han provocado nuevas críticas contra el consejo militar que ha gobernado Egipto desde que Mubarak renunció hace un año ante las masivas protestas. Sus críticos los consideran parte de su administración y un obstáculo para el cambio.

El viernes por la mañana, un núcleo duro de manifestantes había movido a un lado una barrera de concreto que bloqueaba una vía principal cerca del ministerio para poder arrojar proyectiles desde una menor distancia. Un testigo de Reuters escuchó disparos y encontró perdigones en el suelo.

"Nos quedaremos hasta que consigamos nuestros derechos ¿Vieron lo que ocurrió en Port Said?", dijo Abu Hanafy, de 22 años, en referencia a la batalla campal que tuvo lugar el miércoles 1 de febrero cuando hinchas invadieron una cancha de fútbol en esa ciudad egipcia durante un partido entre Al Ahli y Al Masry, que además de las víctimas fatales dejó un saldo de 1.000 heridos.

Grupos de jóvenes revolucionarios estaban convocando una protesta masiva de fin de semana bajo el nombre de "Viernes de la Ira". A última hora de la mañana, unos pocos cientos de personas se habían unido a los manifestantes que durmieron en la plaza Tahrir del centro de El Cairo.

Las ambulancias tuvieron que intervenir durante la noche para ayudar a un grupo de policías antidisturbios, cuya camioneta tomó un giro equivocado en una calle llena de manifestantes.

Los manifestantes rodearon el vehículo durante al menos 45 minutos, apedreándolo mientras los policías estaban en su interior. Algunos de los manifestantes formaron después un pasillo humano para ayudarles a escapar.

Cerca de 400 personas han resultado heridas en los enfrentamientos que estallaron el jueves por la noche, dijo el Ministerio de Salud, muchos de ellos por inhalación de gases lacrimógenos disparados por la policía antidisturbios que según el Ministerio del Interior estaban protegiendo el edificio.

Vestigios del pasado. Las piedras lanzadas por los manifestantes estaban esparcidas por calles que hace dos meses fueron testigos de violentos enfrentamientos entre la policía y activistas que consideran el Ministerio del Interior como un vestigio no reformado del régimen del ex presidente Hosni Mubarak.

"Los crímenes cometidos contra las fuerzas revolucionarias no detendrán la revolución ni asustarán a los revolucionarios", decía un panfleto impreso en el nombre de los ultras.

En Suez, algunos testigos dijeron que se desataron enfrentamientos en una comisaría de policía local en la madrugada del viernes. "Recibimos dos cadáveres de manifestantes abatidos a tiros por munición real", dijo un médico en una morgue donde se encontraban los cuerpos.

Un testigo dijo: "Los manifestantes están tratando de entrar en la comisaría de Suez y la policía está disparando munición real".

Las muertes del estadio de fútbol han provocado nuevas críticas contra el consejo militar que ha gobernado Egipto desde que Mubarak renunció hace un año ante las masivas protestas. Sus críticos los consideran parte de su administración y un obstáculo para el cambio.

El liderazgo militar, a su vez, se han presentado como los guardianes de la "revolución del 25 de enero". Se han comprometido a entregar el poder a un presidente electo a fines de junio.