La matanza de 73 personas en un estadio egipcio derivó en una crisis política de magnitudes, luego de que los Hermanos Musulmanes apuntaran a una “mano invisible”, la oposición convocara a movilizarse y el gobierno y el Parlamento decidieran reunirse de urgencia para debatir sobre los graves sucesos.

El primer ministro egipcio, Kamal el Ganzouri, comunicó al Parlamento, en una sesión extraordinaria, que el gobierno aceptó la dimisión del gobernador de Port Said, el general de División Mohamed Abdulah, y cesó a los dos mandos policiales responsables de los incidentes en el estadio de fútbol de esa localidad.

El Ejecutivo también destituyó a todos los miembros de la Junta Directiva de la Federación de Fútbol Egipcia que, tras la tragedia al término del partido de liga entre los equipos Al-Ahly y Al-Masry, decidió anular todos los encuentros de la jornada, según informó el diario Al Ahram.

El Partido Libertad y Justicia (PLJ), brazo político de los poderosos Hermanos Musulmanes, señaló que la "mano invisible" sólo puede pertenecer a partidarios de Hosni Mubarak, deseosos de castigar a los seguidores del equipo cairota Al-Ahly luego de su importante participación como fuerza de choque durante las manifestaciones contra el régimen.

En tanto, opositores a la Junta Militar -que gobierna interinamente el país desde la caida de Hosni Mubarak, en enero de 2011- organizaron este jueves marchas de protesta contra la policía y el Gobierno a quienes acusan de inactividad en los enfrentamientos.

Miembros de movimientos que protestaron en las últimas semanas en la plaza Tahrir de El Cairo, prepararon una caminata hasta el cuartel general de la Policía, el Ministerio del Interior y el Parlamento para denunciar el creciente vacío de seguridad en Egipto.

El gobierno declaró un duelo de tres días por las víctimas, informó la agencia de noticias Europa Press.

Grupos de hinchas considerados "barras bravas de Al-Ahly" dejaron a un lado las frecuentes rivalidades con los "Caballeros Blancos", del equipo Zamalek, y calificaron de "sospechosamnte ineficiente" la actuación de las fuerzas de seguridad duante el partido que terminó 3-1 a favor de Al-Masry y tras el cual se desencadenó la masacre.

Los seguidores de ambos equipos se organizaron para marchar a la sede de la Asamblea del Pueblo y condenar el comportamiento de la policía, acción que se realizará en forma paralela a otras dos marchas hacia los ministerios del Interior y de Defensa con iguales propósitos.

El partido que este miércoles por la noche enfrentó a Al-Masri de Port Said y Al-Ahly de El Cairo, había comenzado bajo una tensión muy alta y prácticamente sin controles policiales.

Al-Ahly es el equipo más importante de Egipto y del continente africano y suscita gran antipatía entre sus rivales. En el sector del estadio ocupado por seguidores del Al-Ahly surgieron pancartas insultantes para el Masri, lo que inflamó aún más los ánimos.

Cuando el árbitro señaló el fin del encuentro con victoria local, un hombre supuestamente vinculado al Al-Ahly saltó al césped con una barra de hierro, mientras seguidores del Masri se lanzaron contra él y contra los jugadores visitantes.

La estrecha relación establecida en el último año entre los seguidores más violentos del Al-Ahly y las manifestaciones contra la dictadura se interpretó de inmediato como un factor esencial en los hechos.

Y los jóvenes revolucionarios que impulsaron la revolución desde la plaza de Tahrir, hace un año, acusan directamente a la Junta militar que gobierna Egipto desde la caída de Mubarak "La Junta militar desea crear el clima de que el país camina hacia el caos y la destrucción, son gente de Mubarak y aplican su misma estrategia, la que seguía él cuando se proponía como única alternativa al caos”, dijo a Europa Press Mahmud al-Naggar, miembro de la Coalición de la Juventud Revolucionaria en Port Said.

Seguidores del equipo local, en tanto, declararon que entre los suyos se detectó la presencia de “infiltrados” que tuvieron un papel fundamental en el inicio de los disturbios.