El Cairo. El Ejército de Egipto acordonó una plaza del centro de Egipto el sábado por la noche mientras se preparaba para despejar el área de miles de manifestantes, dijeron testigos.

Un comandante del Ejército egipcio se dirigió a los manifestantes apostados en la Plaza Tahrir para intentar convencerlos de que pongan fin a una protesta que ha paralizado la vida económica de la capital.

"Ustedes tienen todo el derecho a expresarse, pero por favor salven lo que queda de Egipto. Miren alrededor suyo", dijo Hassan al-Roweny, comandante militar de la zona central, mediante un altavoz y parado en un podio.

La multitud respondió con gritos, insistiendo en la renuncia del presidente Hosni Mubarak, ante lo cual Roweny se fue, diciendo: "No hablaré en medio de tales cánticos".

Durante la jornada, un grupo de militares dispersó a algunos manifestantes para permitir que el tráfico fluya nuevamente el domingo, cuando se espera que los bancos reabran.

Muchos de los manifestantes han acampado en la plaza durante días con pancartas y banderas que denuncian el Gobierno de 30 años de Mubarak.

"Debemos despejar la calle que pasa por la plaza, necesitamos que el tráfico fluya otra vez a través de Tahrir. La gente puede quedarse en Tahrir, pero no en la calle", dijo Roweny en un recorrido por la plaza.

Un manifestante, Moustafa Mohamed, dijo que el Ejército se estaba preparando ahora para expulsar a los manifestantes de la plaza. "Es muy claro que están tratando de ahogarnos. Esto demuestra mala intención. Pero no nos moveremos hasta que se cumplan nuestras legítimas demandas", dijo.

Roweny también visitó un hospital improvisado, donde se trata a los heridos en enfrentamientos con partidarios de Mubarak.

Partidarios de Mubarak organizaron el miércoles un ataque con cuchillos y látigos, algunos a bordo de caballos y camellos, que dejó once muertos y más de 1.000 heridos.

El Ejército estableció refuerzos para proteger el área y los manifestantes tienen sus propios puestos de control en todos los sitios de entrada. Pero el Ejército restringió el acceso a la zona el sábado, limitando la posibilidad de la gente de reunirse. "Queremos que la gente regrese al trabajo y que la vida retorne a la normalidad", dijo Roweny a periodistas durante el recorrido.

Hubo una reacción mixta de los manifestantes, quienes han tenido relaciones cordiales con el Ejército durante los 12 días de manifestaciones.

"El régimen está jugando la carta económica. Le dicen a la gente que está perdiendo dinero. Sí, hay pérdidas, pero ese es el precio que tenemos que pagar por tres décadas de pasividad", dijo Omar Rayes, un estudiante de 15 años.

Algunos manifestantes siguieron a Roweny por toda la plaza, gritando cánticos anti-Mubarak. Otros apelaban al Ejército para que los protejan de los matones.