Aleppo. El ejército de Siria bombardeó el martes con artillería y helicópteros de combate dos áreas claves de Aleppo, ampliando su campaña por controlar la mayor ciudad del país, aunque los rebeldes señalaron que las tropas leales al presidente Bashar al-Assad se habían visto obligadas a replegarse.

Fuertes estruendos se oían desde el distrito de Salaheddine en el sudoeste de la ciudad, donde los combatientes rebeldes negaron haber sido expulsados por el ejército. Los helicópteros de ataque giraron sus armas sobre los distritos orientales por primera vez en el último combate.

El ejército dijo hace dos días que había tomado Salaheddine, pero la televisión estatal siria indicó el martes que las fuerzas del gobierno ahora estaban persiguiendo a un grupo remanente de "terroristas" allí, un indicio de que el control del área por parte de las fuerzas de Assad no es absoluto.

Un comandante rebelde en Aleppo manifestó que el objetivo de sus combatientes era avanzar al centro de la ciudad, distrito por distrito, una meta que consideró que podían lograr "en días, no en semanas".

Los rebeldes ahora controlan una zona que abarca los distritos del este y sudoeste.

"El régimen ha tratado de recuperar Salaheddine por tres días, pero sus intentos han fallado y ha sufrido fuertes pérdidas en vidas humanas, armas y tanques, y se ha visto forzado a retirarse", dijo el coronel Abdel-Jabbar al-Oqaidi, jefe del Consejo Militar Unido, uno de los muchos grupos rebeldes en Aleppo.

No ha sido posible verificar de manera independiente quién controla Salaheddine, un distrito que se ubica sobre una calle importante que el ejército podría usar para traer refuerzos a la ciudad.

Oqaidi dijo a Reuters el lunes por la noche que más de 3.000 combatientes rebeldes estaban en Aleppo, aunque no dio un número preciso.

La batalla por Aleppo se ha convertido en una prueba crucial para ambos bandos en la rebelión que ya lleva 16 meses. Ni las fuerzas de Assad ni los rebeldes pueden permitirse perder si esperan prevalecer en la contienda siria.

La lucha se ha mostrado difícil para los 2,5 millones de residentes de Aleppo, una zona comercial que ha tardado en unirse a la revuelta contra Assad que ha escalado en otras ciudades, incluida la capital Damasco.

Mientras que los rebeldes dicen que convertirán Aleppo en la "tumba" del Gobierno de Assad, miles de residentes han huido de la ciudad y los que permanecen allí enfrentan escasez de alimentos y combustible y el riesgo siempre presente de resultar herido o muerto.

"Apenas tenemos energía o agua, nuestras esposas e hijos nos dejaron aquí para cuidar la casa y se han ido a algún lugar más seguro", dijo Jumaa, un trabajador de la construcción de 45 años que se quejó de que es casi imposible cumplir con el mes de ayuno musulmán por Ramadán, actualmente en curso.

"Diría que el 99,9 por ciento de las personas no están ayunando. ¿Cómo se puede ayunar cuando se escuchan morteros y artillería impactando en áreas cercanas y uno se pregunta si será el próximo?", agregó.

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos de la oposición indicó que más de 100 personas, 73 de ellas civiles, fueron asesinadas en Siria el lunes. Además, señaló que cinco combatientes rebeldes murieron durante los enfrentamientos con las fuerzas sirias en Salaheddine.

En un contexto de división entre las principales potencias sobre la posición en el caso sirio, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, debatieron en conferencia telefónica cómo podían trabajar juntos para acelerar la transición política en Damasco.

Erdogan, quien alguna vez compartió lazos cercanos con Assad, se ha convertido en uno de sus más feroces críticos y ha reclamado que renuncie a su cargo.