Universia Knowledge Wharton. Durante los tres primeros meses después de la reelección de Dilma Rousseff, han salido a la luz escándalos de corrupción de gran calado en los que supuestamente se ha visto involucrado el gobierno brasileño y que amenazan con ahuyentar a los inversores extranjeros y locales, solapar el programa de austeridad puesto en marcha y dañar la economía del país. Aún así, Brasil dispone de una oportunidad única para salir más fuerte de la crisis, dicen los expertos consultados.

Entre los principales escándalos están las alegaciones de que políticos, incluyendo algunos del propio Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff, recibieron cientos de millones de dólares en comisiones por los contratos concedidos por la compañía estatal Petrobrás. Rousseff estuvo al frente de Petrobras entre 2003 y 2010 y ha negado de forma rotunda estar al corriente de las actividades corruptas dentro de la compañía. Se está investigando actualmente a 20 empresas por presuntamente formar un cartel para inflar el valor de los contratos y a unos 50 políticos, lo que incluye el Senador en jefe Renan Calheiros. La crisis se ha extendido con el anuncio de la investigación hace un par de semanas del ministro de Sanidad y el banco de propiedad estatal, Caixa Económica Federal (Caixa). La semana pasada el tesorero del PT, João Vaccari, fue detenido por corrupción y lavado de dinero.

“Se trata de un caso de corrupción serio, endémico y el de mayor proporciones que hemos tenido, pero no creo que toda la economía brasileña esté comprometida”, dijo Felipe Monteiro, profesor de Estrategia de Insead en Francia e investigador del Mack Institute for Innovation Management de Wharton.  Ante la mayor presión por parte de la población civil brasileña y la prensa, él predijo “la posibilidad de que la situación tenga un desenlace positivo con el incremento de la transparencia y el fortalecimiento de las instituciones”, pero prefirió no apostar por ello. “Veo el potencial, pero no lo doy por sentado”.

William Burke-White, profesor de la Universidad de Pennsylvania Law School y un experto en leyes internacionales y gobierno global, también observó la posibilidad de que Brasil convirtiera la crisis en un impulso positivo. “Brasil ha construido una democracia fuerte con buenas instituciones, sistemas judiciales óptimos, una buena capacidad de investigación, y de forma paralela, una sociedad civil robusta con libertad de prensa, libertad de expresión y transparencia”, dijo.

“¿Si hubiera una crisis de estas características en la mayoría de los BRIC [Brasil, Rusia, India y China] sería como ésta?, planteó Burke-White. “No. Probablemente el gobierno lo escondería, o habría un golpe de estado o la investigación sobre la corrupción estaría politizada”. El alabó al país por el poder de su maquinaria administrativa para enjuiciar al Gobierno.

Monteiro y Burke-White hablaron sobre qué tipos de escenarios podrían darse en el país a medida que las investigaciones vayan avanzando en el programa de Wharton Business Radio on SiriusXM channel 111. Desde el otro lado del Atlántico, Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de Economía de IE Business School en Madrid, comentó con Universia Knowledge@Wharton sus impresiones sobre el momento tan delicado que vive el país.

Impacto económico. ¿En qué medida la actual situación puede perjudicar a la economía brasileña? El escándalo de Petrobrás está afectando el crecimiento económico, pero la repercusión de otros escándalos es menor, dijo Monteiro. “Nadie espera que este sea un año bueno para Brasil, pero si […] hacen los deberes en casa y ponen en orden el país para el año que viene, no tendremos un problema tan grave”, dijo.

En cuanto al futuro de Petrobras, Monterio espera que el gobierno brasileño haga lo imposible para protegerla de los posibles daños derivados del escándalo. Burke-White dijo que el verdadero problema de la empresa es “la oportunidad perdida durante este periodo”, puesto que la ha distraído de hacer inversiones a largo plazo en la exploración de petróleo.

Juan Carlos Martínez Lázaro detalla que los problemas para la compañía, de la que según sus cálculos depende en torno al 15 ó 20% del PIB de Brasil, pueden representar un golpe durísimo para la economía. El profesor señala que el desvío de fondos es muy significativo y aunque todavía no está cuantificado en su totalidad, podría alcanzar los 10.000 millones de reales o algo más de US$3.000 millones. Entre las repercusiones a nivel económico que él destaca está la incapacidad de la compañía para “cerrar sus cuentas, -tiene de plazo hasta finales de abril, pero los auditores no se ponen de acuerdo con las cuentas porque parece que no están muy claras- y si no lo consigue, corre el riesgo de entrar en suspensión de pagos”. Y añade que para el país esto sería un problema económico muy importante “porque de Petrobrás dependen muchas otras empresas y contratistas que no podrían cobrar, además de la fuerte exposición que tiene el sector financiero a la empresa”.

Según el profesor del IE, a este escenario hay que sumar la delicada situación que ya vivía la compañía como consecuencia de la caída inesperada de los precios del petróleo y la espectacular depreciación del real brasileño, en su nivel más bajo desde 2004, “lo que la deja terriblemente endeudada, con más de US$130.000 millones de deuda”. Por no hablar de “cuánto dinero habrá dejado de ingresar Petrobras o cuánto de más habrán tenido que pagar sus proveedores [para cubrir las comisiones de la trama de corrupción]”.

Esta situación, en su opinión, va a implicar una reestructuración de la compañía. “De alguna manera habrá que buscar ingresos por medios atípicos, lo que se traduce en una paralización del plan de inversiones que era hasta ahora muy ambicioso”. Si Petrobras invierte menos, en el medio plazo tendrá menos recursos, explica. “Por otro lado, tendrá que meterse en un plan de venta de activos; tiene una deuda muy grande y debe reducirla”, advierte.

Burke-White sugiere que la investigación del banco estatal Caixa podría tener implicaciones mayores. “Si de repente esto significa que en el sector bancario ha estado involucrado de forma generalizada en escándalos de corrupción similares a los de Petrobras, entonces el país tiene a su mayor compañía, al sector bancario y las empresas públicas, todos ellos implicados en desmanes. Si el sector bancario empieza a colapsar, podría ser una preocupación real”.

Monteiro dijo que era “menos pesimista” acerca del impacto de los escándalos en la economía brasileña. “La crisis es seria, y tenemos que cambiar el rumbo que está tomando la economía”. Sin embargo, el describió el sector bancario como “bastante sólido” con muchos grandes bancos y una “penetración extendida” por todo el país. “Por tanto pienso que la economía no esté amenazada por una crisis de grandes proporciones”.

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Los problemas de Rousseff. Mientras tanto, Rousseff ha visto cómo su porcentaje de desaprobación alcanzó el 60% (frente al 51% de votos que obtuvo en las elecciones del pasado mes de octubre). Incluso a medida que el clamor popular para que Rousseff dimita sigue aumentando, parece muy poco probable que ella dimita o sea destituida, según Burke-White y Monteiro. El primero señaló que de acuerdo con la ley brasileña, Rousseff no puede ser destituida por los delitos cometidos antes de que fuera reelegida.

“Hay que cometer el delito durante la legislatura [para ser destituido]”, dijo Burke-White. “Así que es muy improbable [que Rousseff pueda ser destituida], a no ser que ella se haya involucrado de forma activa en el encubrimiento de irregularidades desde el comienzo de su nuevo mandato hace unos pocos meses”. El recordó que el ex presidente Fernando Collor de Mello fue destituido por corrupción en 1992.

Además, los riesgos son mayores que simplemente los temores de una destitución, según Burke-White. “La cuestión no es tanto [si Rousseff va] a ser destituida, sino cómo puede Brasil sobrevivir al atolladero e inestabilidad política durante el resto del actual mandato”. El señaló que la relación de Rousseff con el presidente de EE.UU., Barack Obama, se estancó después de que ella criticara severamente al país hace unos años por espiarla. “Nunca han sido capaces de reparar y reconstruir esa relación”. Sin embargo, durante la última reunión de la Cumbre de Américas, realizada en Panamá entre los días 10 y 15 de abril, Rousseff se reunió con el presidente Obama y quedó fijada una visita de la presidente a EEUU el día 30 de junio con el objetivo de impulsar las relaciones entre ambos países.

Los principales desafíos de Rousseff no tienen que ver con la política exterior, en casa tiene que mantener en pie su coalición de gobierno, dijo Burke-White. “Brasil tiene una gran cantidad de partidos políticos, altamente fragmentados y fracturados”, explicó. “El presidente es la persona que tiene que aunar a esos partidos y hacer que hablen entre ellos. Y no cuenta con el capital político para lograrlo ahora mismo”.

Según Monteiro, la persona que está en condiciones de mantener el gobierno unido es el vice presidente Michel Temer, que pertenece al Partido del Movimiento Democrático Brasileño o PMDB, que es un rival del partido político de Rousseff. Burke-White piensa que el gobierno puede permanecer intacto, a menos que se fuerce la salida del ministro de Finanzas Joaquim Levy (ahora mismo está siendo presionado para que dimita), o la calificación crediticia es rebajada u otro episodio del escándalo salga a la luz.

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Oportunidad futura. Teniendo en cuenta todo esto, Monteiro cree que Brasil está ante una oportunidad. “Las buenas noticias son que no hay muchos mercados emergentes donde una crisis de esta magnitud tenga lugar y las instituciones sigan funcionando y tengan tanta transparencia”. Aún así, él señaló que Brasil en otras ocasiones “desperdició esas oportunidades”.

Burke-White compartió el optimismo de Monteiro. “Ahora mismo, cada político en Brasil y cada líder empresarial sabe que está siendo vigilado”. Si uno mirara atrás dentro de cinco o diez años al actual escándalo, comprobaría que es una prueba de que “las instituciones de Gobierno son más fuertes que los políticos o la propia corrupción”.

Martínez Lázaro, por su parte, señala que la situación actual podría ser el inicio de una catarsis. “Ojalá sirva para que se haga un sistema electoral que impida que se dé esta fragmentación entre fuerzas políticas, que de alguna manera es lo que al final acaba produciendo este tipo de corrupción. Aparte de la parálisis legislativa que genera [la fragmentación], se deja la puerta abierta para que se produzcan cosas como la compra de voluntades para formar coaliciones, financiaciones ilegales de partidos, etc”.