El Cairo. Hosni Mubarak renunció este viernes como presidente de Egipto después de 30 años en el cargo, pasando el poder a las fuerzas armadas y cediendo a la incesante presión popular luego de que su apoyo militar se evaporó.

El vicepresidente Omar Suleiman dijo que un consejo militar se hará cargo de los asuntos de la nación más poblada del mundo árabe tras 18 días de inéditas manifestaciones que sacudieron a Egipto y salpicaron a otros países de Oriente Medio.

Elecciones presidenciales libres y justas fueron prometidas para septiembre.

Un orador hizo el anuncio en la plaza Tahrir de El Cairo, donde cientos de miles de personas rompieron en lágrimas, celebraron y se abrazaron unos a otros cantando: "El pueblo ha derrocado al régimen". Otros gritaban: "Allahu Akbar (Dios es grande)".

"Este es el mejor día de mi vida", dijo el activista de la oposición y ganador del premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei, dando la bienvenida a un período de transición de poder compartido entre los militares y el pueblo. Agregó a Reuters que no tenía en mente presentarse como candidato a presidente.

La caída de Mubarak, de 82 años, después de 18 días de protestas masivas sin precedentes contra su Gobierno, fue un momento de victoria para el poder del pueblo y es probable que sacuda a autócratas a través del mundo árabe y otros países.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fue informado en una reunión de la decisión de Mubarak, que cambia el curso de la historia moderna de Egipto, y siguió la cobertura televisiva. La Casa Blanca tenía previsto emitir un comunicado más tarde.

Demasiado poco, demasiado tarde. El poderoso Ejército egipcio dio garantías este viernes más temprano de que las reformas democráticas prometidas se cumplirán, pero enojados manifestantes intensificaron el levantamiento contra Mubarak marchando hacia el palacio presidencial y atacando las oficinas de la televisión estatal.

Las garantías del ejército fueron un esfuerzo por aliviar la revuelta, pero no lograron calmar la protesta, que ha afectado la economía y sacudido a la inestable región de Oriente Medio.

El tumulto por la negativa de Mubarak a renunciar había puesto a prueba la lealtad de las fuerzas armadas, que debían elegir si proteger a su comandante supremo o abandonarlo.

Un enfrentamiento cada vez más enconado había elevado temores de violencia en el país, un aliado clave de Estados Unidos en una región rica en petróleo donde la posibilidad de que el desorden se contagie a otros estados sacude a Occidente.

Washington ha pedido una rápida transición democrática para restaurar la estabilidad en Egipto, un inusual Estado árabe que no es hostil hacia Israel, es el guardián del Canal de Suez que une Europa con Asia y una importante fuerza contra el islam militante en la región.

El comunicado del ejército indicó que Mubarak había entregado los poderes para gobernar el país de 80 millones de habitantes a su vicepresidente el día anterior, tal vez pensando que esto les alcanzaría a los manifestantes. El mandatario había dicho que permanecería en el cargo hasta las elecciones de septiembre.

Los Hermanos Musulmanes, un grupo islamista de oposición, instaron a los manifestantes a mantener las protestas a nivel nacional, describiendo las concesiones de Mubarak como una trampa para permanecer en el poder.