Buenos Aires. Argentina celebrará el 14 de agosto unas inéditas elecciones primarias que serán una prueba de fuego para las aspiraciones de la presidenta Cristina Fernández de obtener su reelección en los comicios de octubre.

Respaldada por una economía en fuerte crecimiento, la mandataria peronista lidera ampliamente los sondeos preelectorales, pero según algunas encuestas todavía no logra sumar los votos necesarios para evitar una segunda vuelta.

La fragmentada oposición argentina apuesta a que Fernández no obtenga suficientes votos como para cementar el aura de invencibilidad que sus seguidores le adjudican, lo que podría fortalecer al rival que salga mejor parado en las primarias.

Fernández necesitará al menos el 45% de los votos válidos para ser reelegida el 23 de octubre, u obtener más del 40% con una ventaja de 10 puntos sobre el segundo.

Cada partido político concurrirá a las primarias obligatorias, las primeras que se realizan en el país fruto de una reforma del 2009, con un único candidato a presidente, lo que las convierte en un ensayo de los comicios de octubre.

Un sondeo de la consultora Management & Fit de fin de junio mostró a Fernández con el 38,3% de los votos, seguida por el diputado socialdemócrata Ricardo Alfonsín con un 23,2%. Otras encuestas mostraron a Fernández con entre un 39,5% y un 49,8% de los sufragios.

Los precios de los activos argentinos reflejan que los mercados descuentan una reelección de Fernández, quien prometió en un potencial segundo mandato profundizar el modelo económico de fuerte intervención estatal que inició en el 2003 su esposo y antecesor, Néstor Kirchner, fallecido el año pasado.

Los siguientes son algunos escenarios posibles para las primarias del 14 de agosto.

Fernández supera el 45% de los votos. Si se repite el presentismo de elecciones previas, analistas estiman que la mandataria necesita obtener entre 9 y 10 millones de votos para demostrar que puede conseguir su reelección en la primera vuelta de octubre.

El gobierno confía en llegar a ese nivel en base a la popularidad de Fernández en la provincia de Buenos Aires, que concentra más del 37% del padrón, y en los distritos del norte y sur del país donde gobernadores afines al oficialismo triunfaron en las recientes elecciones locales.

Buenos Aires es administrada por el gobernador peronista Daniel Scioli, el político con mejor imagen del país después la presidenta y un fuerte aliado de ella.

Una clara victoria de Fernández en las primarias podría ser un golpe devastador para la oposición, cuyo mantra es que la presidenta no podrá evitar competir en un balotaje.

La mandataria venció en las presidenciales del 2007 con más del 45 por ciento de los votos válidos. Casi 4 de cada 10 sufragios que obtuvo provino de la provincia de Buenos Aires.

Fernández obtiene 40%-45% de los votos. Una buena elección en la periferia de Buenos Aires podría no ser suficiente para asegurar la reelección automática de la presidenta si el voto rural, mayormente opositor, se vuelca a la oposición.

Los productores agropecuarios están enfrentados con el gobierno desde el 2008, cuando protestaron contra un proyecto oficial para subir impuestos a las exportaciones agrícolas.

La iniciativa finalmente no prosperó, pero las relaciones nunca se recompusieron y ayudaron a causarle al oficialismo una dura derrota en las elecciones legislativas del 2009.

Hace 10 días, Fernández volvió a sentir el malhumor de los productores agropecuarios cuando su candidato terminó relegado al tercer puesto en los comicios a gobernador de Santa Fe, el segundo mayor productor de granos del país.

Además, el oficialismo perdió el domingo por casi 30 puntos el balotaje de la elección a alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, una derrota en un distrito que suele ser antiperonista pero que podría impulsar a la oposición.

Si Fernández no logra un 45% en las primarias, el candidato mejor posicionado de la oposición podría concentrar parte del voto antigobierno y forzar un balotaje.

Las entidades agropecuarias aseguran que la población relacionada directa o indirectamente con la actividad agrícola-ganadera representa un 15 por ciento del padrón electoral total, conformado por 28,7 millones de personas.

Fernández consigue menos del 40% de los votos. La mandataria necesita de la gigantesca maquinaria peronista para asegurarse una buena elección en la periferia de Buenos Aires, que tiene más de 6 millones de votantes.

Pero las relaciones del gobierno y los poderosos alcaldes peronistas son tirantes debido al fuerte apoyo de Fernández a una agrupación juvenil creada por su hijo y que está enfrentada con sectores tradicionales del partido fundado por Juan Perón.

La CGT, la mayor central obrera del país, también está molesta con Fernández por haber sido relegada en la conformación de las listas electorales, donde los jóvenes de la corriente "La Cámpora" obtuvieron lugares clave.

Ese conflicto podría desalentar a muchos dirigentes a hacer una campaña activa en favor de la presidenta.

Si Fernández obtuviera menos del 40% en las primarias crecerían las chances de algún opositor capte el voto crítico al gobierno, lo que pondría en riesgo una victoria oficialista en la segunda vuelta.