Puede que el apetitoso desayuno palaciego de ese domingo 26 de septiembre haya nublado el buen entendimiento del ex presidente Alejandro Toledo y de sus dos acompañantes, pero ni bien acabaron el festín y cruzaron palabras entre ellos, mientras caminaban por la alfombra roja, con los hermosos vitrales de la sede de gobierno, se preguntaron por el sentido de la sibilina sugerencia que les acababa de hacer el presidente Alan García con miras a las elecciones presidenciales de 2011.

Mientras compartían las porciones de chicharrón de chancho, la variedad de tamales y un humeante café, unos creyeron escuchar que el jefe de Estado les ofrecía un acuerdo político para apoyarlos en caso de pasar a la segunda vuelta, y otros pensaron que la mención fue tan indirecta que no había motivo para inferir tal intención. Con esa duda abandonaron el Palacio de Gobierno, un lugar que alguna vez el ex presidente Fernando Belaúnde, calificó de “bastante afrancesado pero cómodo”. Entre García y Toledo hay un historial de rivalidad desde que se recuperó la democracia en 2000. Sin embargo, como los modales en política siempre insinúan algo, la intención por caerse bien, según testimonio de uno de los asistentes, fue bastante notoria.

Este encuentro dominguero quizá resuma el esfuerzo que actualmente realizan distintos aspirantes potenciales a la presidencia de la República. En un escenario electoral disperso y volátil, resulta clave tender puentes con distintos grupos que permitan aumentar su capital de votantes. La reciente elección municipal, donde Susana Villarán, de Fuerza Social, que hace tres meses no aparecía como favorita en los radares de las encuestas, encendió las alarmas.

“Más de cuatro millones de peruanos (de un total de 18 millones de votantes hábiles) son pequeños accionistas de las principales empresas del país a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) y no consentirán que un candidato antisistema cambie las reglas de juego”. Ricardo Briceño, presidente de Confiep.

¿Entre el sida y el cáncer? El premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa sostuvo el año pasado que la disyuntiva de votar en una segunda vuelta entre el nacionalista Ollanta Humala (admirador del dictador militar de izquierda Juan Velasco) y Keiko Fujimori (hija del ex presidente Alberto Fujimori, actualmente en prisión por violación de los derechos humanos) sería como votar entre “el sida y el cáncer terminal”.

A seis meses de las elecciones, según una encuesta nacional elaborada por Ipsos Apoyo, figura en primer lugar el ex alcalde de Lima Luis Castañeda con una intención de voto de 24%. Se trata de un político de centro derecha y de pocas palabras, que deja el cargo tras ocho años de gestión con una aprobación del 79%. Sin embargo, uno de sus pasivos es el caso Comunicore, por el cual el municipio desembolsó más de US$ 12 millones a una red de supuestos testaferros.

Muy cerca aparece Keiko Fujimori, que ha heredado el caudal de votos de su padre y logra un significativo 23% de respaldo, aunque concita también una fuerte oposición de los sectores que cuestionaron el autoritarismo y corrupción de la gestión del ex presidente Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos. Es probable que su eventual gobierno (más allá de indultar a su padre o no) generaría un ruido político constante y nadie imagina las consecuencias de ello para la buena marcha del país.

En tercer lugar aparece el ex presidente Alejandro Toledo, con 16%, y algo rezagado está Ollanta Humala con 11%. Sin embargo, en Perú una encuesta realizada seis meses antes de los comicios es tan referencial como los siempre aquí erráticos pronósticos del tiempo. No tanto por fallas en su metodología, sino por la mutabilidad del voto. Cuatro meses antes de las elecciones de 2006, el actual presidente García (APRA) apenas raspaba el 7% de aprobación.

El partido de la estrella, como se conoce el partido de gobierno por su símbolo electoral, está a punto de ingresar a la fase de comicios internos para definir a su candidato. El más animoso y que cuenta con los parabienes de García es el ex presidente del Consejo de Ministros Javier Velásquez.

“El modelo peruano va camino a consolidarse y por eso es necesario que gobierne una persona comprometida con el actual programa”, dijo hace poco, acicateado por lo ocurrido con la candidatura de Dilma Rousseff en Brasil y Juan Manuel Santos en Colombia.

Una de sus opciones para reforzar su fórmula es incorporar como vicepresidente y cabeza de lista parlamentaria a la ex ministra de Economía y de Comercio Exterior Mercedes Aráoz, una incansable y efectiva promotora de los Tratados de Libre Comercio. Pero Aráoz deshoja margaritas y sus más cercanos colaboradores comentan que ella declinaría postular al Parlamento. Sus horas de meditación giran en torno a la posibilidad de ser candidata presidencial. Es una mujer con experiencia en la gestión pública, economista calificada y goza de cierto reconocimiento popular. Algunos influyentes jerarcas apristas, como Mauricio Mulder, apoyan su postulación. También ha recibido la oferta de la Coordinadora Nacional de Independientes (CNI), un partido registrado en el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), pero carente de vida partidaria.

Como este grupo, hay una veintena de membresías electorales que abren la posibilidad de que cualquier osado postule a la presidencia de la República.

De todos los que figuran con posibilidades, la principal preocupación es la candidatura del nacionalista Ollanta Humala, que en los comicios de 2006 estuvo a punto de conquistar la presidencia. Este militar en retiro y de discurso en contra del actual modelo económico, conserva ciertos espacios electorales como en la sierra sur, donde se da la llamada paradoja del crecimiento: el electorado no está entusiasmado con los buenos indicadores económicos, pues no está suficientemente incorporado y sufre la cobertura deficiente de los servicios del Estado. Todo lo contrario de la costa, con más peso electoral (sólo Lima representa más de un tercio de la población votante del país).

“Los últimos cinco años de crecimiento económico y reducción de la pobreza, combinado con la cerrazón mediática frente a cualquier postura que critique los principios del modelo económico, han reducido los márgenes de cuestionamiento”, dice el poli-tólogo Alberto Vergara, autor de “Ni amnésicos, ni irracionales”, una de las mejores reflexiones sobre lo ocurrido en las elecciones de 2006, cuando Ollanta Humala se lanzó en picada contra el modelo.

“Quienes lo hagan en 2011 difícilmente podrán ser opciones con posibilidad de ganar una elección. Además, la segunda vuelta, en ese sen-tido, es un mecanismo que se la pone muy difícil a los extremistas de cualquier signo”.

Para Ricardo Briceño, presidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), simplemente no hay marcha atrás. “Más de cuatro millones de peruanos (de un total de 18 millones de votantes hábiles) son pequeños accionistas de las principales empresas del país a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) y no consentirán que un candidato antisistema cambie las reglas de juego”, dice

Pero si las opciones antisistémicas tienen un espacio acotado, no ocurre lo mismo en el centro. Después de estar casi desaparecida desde 1983, la izquierda volvió a celebrar en las recientes elecciones municipales. Fuerza Social, un amasijo de partidos de izquierda moderada y también radical, ganó por poco margen la alcaldía de Lima.

“Nuestro objetivo es continuar con el proceso de desarrollo, pero sí hay que inocularle una mayor justicia y distribución”, dijo el presidente de la agrupación, Vladimiro Huaroc, para silenciar los temores que pudiera suscitar el avance de Fuerza Social. “Veo muchas posibilidades de construir esa alianza electoral y de gobierno con Perú Posible. Toledo hizo una buena gestión en el sentido económico y en materia de descentralización”, reconoció.

Huaroc define a Fuerza Social como una agrupación de centro izquierda democrática, un espacio que le permitiría a Toledo desprenderse de la centro derecha, un sitio copado por Keiko Fujimori y Luis Castañeda.

Sin embargo, el electorado no se mueve en torno a horizontes ideológicos. “Las pasadas elecciones municipales no son un renacimiento de la izquierda, sino un deseo puntual de renovación de liderazgos en la comuna”, dice Juan Sheput, ex ministro y vocero político de Perú Posible. Un fenómeno similar puede suceder en 2011.

Convivencia sin matrimonio. Algo que varios líderes avizoran es la necesidad de contar con aliados para la segunda vuelta electoral y, en especial, para llegar a acuerdos en el Parlamento. Eso sí, nada de coaliciones formales, pues no necesariamente suman votos.

Para un electorado sumamente desconfiado de los políticos, estas alianzas, que deben pasar por una inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones, son vistas como una ‘componenda’ o ‘repartija de privilegios’. Peor aún, no fijan compromisos, y en votaciones cruciales cada uno va en dirección opuesta. La alianza entre el Partido Popular Cristiano (Lourdes Flores) y Solidaridad Nacional (Luis Castañeda) en los últimos 10 años es un ejemplo.

Mejor es la convivencia, sin acuerdos formales conocidos, como la establecida en estos cinco años entre el APRA y la disciplinada bancada fujimorista. Ambos cumplieron con fidelidad sus compromisos, especialmente en los momentos difíciles para este go-bierno.

Perú cerrará el año con un crecimiento cercano o superior al 9%, pero comenzará 2011 con la angustia de que una elección pueda transformar el panorama político y económico. ¿Surgirá algún desconocido? En un país donde prácticamente no hay partidos sino caudillos, y algunos surgen de un momento a otro, lo que parece haberse institucionalizado en 30 años de elecciones es que la vida da sorpresas.

A meses de las elecciones presidenciales, los candidatos afinan acuerdos políticos y muchos calculan sus siguientes pasos pensando en la segunda vuelta. Es poco probable que algún postulante obtenga más del 50% de los votos, como exige la ley, y por eso la necesidad de guardar la bala de plata para la siguiente ronda. De allí el interés de conversar desde ahora con los futuros, y en algunos casos, insospechados aliados.