Con Otto Pérez Molina, un general retirado protagonista de la Guerra Fría, Guatemala parece poner fin a un periodo de gobiernos de sesgo moderado y abre nuevamente la puerta a los militares, con la esperanza puesta en un alivio a la rampante violencia.

Tras varios gobiernos de centroizquierda y democratacristianos, los guatemaltecos decidieron este domingo hacer un viraje a la derecha buscando una solución para el azote de las violentas pandillas juveniles, agravado en los últimos años con la llegada de los cárteles de la droga mexicanos.

Pérez Molina, un hombre adusto, alto y de cabello plateado por las canas a sus 60 años, centró su campaña electoral en sus promesas de "mano dura" contra la delincuencia, en un país con uno de los más altos índices de homicidios en América con 41 por cada 100.000 habitantes.

El militar ganó por amplio margen a pesar de que el Ejército forma parte del pasado más sangriento y amargo del país, que estuvo sumido en una guerra civil por 36 años hasta 1996 y donde los uniformados fueron señalados como autores de horrendas masacres en pueblos indígenas mayas.

A Pérez Molina se le vincula con crímenes de lesa humanidad en la provincia de El Quiché, donde se cometieron la mayoría de las masacres del conflicto armado a comienzos de la década de 1980, sobre todo en el periodo del dictador militar Efraín Ríos Montt (1982-1983).

No ha habido cargos concretos contra él ni sus detractores han podido demostrar su participación en las masacres, aunque algunos testimonios aseguran que no pudo ser ajeno a los abusos dado que ocupó altos cargos en el Ejército durante ese lapso.

"Yo no tengo nada que esconder sobre el pasado", dijo Pérez Molina después de la primera ronda electoral de septiembre, cuando quedó en primer lugar pero sin el porcentaje de votos exigidos por la ley para convertirse en presidente.

Militares a la justicia. Pérez debió acudir el domingo a una segunda ronda de votación frente al diputado centrista Manuel Baldizón, que entró segundo en la primera ronda.

"Tenemos que probar nuevamente. Se ha avanzado bastante en la justicia y los derechos humanos. Los años 80 ya pasaron y esta generación es otra", dijo Giovanni Aguilar, de 33 años, tras emitir su voto el domingo en Ciudad de Guatemala.

El país más poblado de Centroamérica con 14,7 millones de habitantes fue gobernado por dictadores y juntas militares durante varios periodos en su historia, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX.

Durante el actual mandato quinquenal de Alvaro Colom, se abrieron archivos militares que están arrojando luz sobre las atrocidades de la guerra, pero la apertura aún no es total y hay archivos que pueden no ser desclasificados por razones de seguridad nacional si el presidente así lo decide.

Activistas de derechos humanos se han mostrado preocupados de que un triunfo de Pérez Molina frene un proceso de juicios sobre graves crímenes durante la guerra.

"Aquí la justicia no la ejerce el presidente. Hay un Ministerio Público y hay un organismo judicial. El presidente no tiene nada que ver con la justicia (...) No es que puedo dejar o puedo quitar", dijo Pérez a Reuters antes de las elecciones.

El 2 de agosto, una corte sentenció a cuatro soldados a 6.060 años de prisión cada uno, en la primera condena por una masacre de 200 personas ocurrida en 1982 en el norteño pueblo Las Dos Erres.

Pérez Molina comandó tropas en Nebaj, en la occidental provincia de El Quiché, en 1980.

Más tarde, encabezó la temida unidad de inteligencia militar a la que grupos de derechos humanos atribuyen torturas y asesinatos políticos durante el conflicto.

Durante la guerra civil, en la que murieron unas 250.000 personas, la comisión de la verdad halló que el 85% de las violaciones de los derechos humanos fueron cometidas por militares.