Ciudad de México. Cuando Hillary Clinton trató de ser presidenta de la Sociedad de Alumnos de su escuela preparatoria en su natal Chicago, le dijeron “estúpida” por creer que podía serlo.

Era 1964 y ella tenía 16 años.

Cincuenta y tres años después, esta hija de un pequeño empresario, Hugh Elsworth Rodham, republicano de hueso colorado, y de Dorothy Howell, podría convertirse en la primera Presidenta de Estados Unidos.

Hillary absorbió de su padre el culto por la autosuficiencia económica, y de su madre el interés por los problemas sociales. De esa síntesis surgió una mujer que ha pasado su vida enfrentada a los estereotipos. De joven porque no era posible, y adquirió fama de “dura” y hasta “bruja”: Ahora porque no es suficientemente feminista.

Hillary nació el 26 de octubre de 1947 en Park Ridge, Illinois. Era la postguera, había un sentido de prosperidad y puede decirse que pasó una infancia cómoda y feliz.

Aquella Hillary pasaría a ser voluntaria para verificar instancias de votos fraudulentos en el Chicago de Richard J. Daley.

1964 fue un año definitorio para Hillary; fue cuando buscar la presidencia de la sociedad de alumnos de la preparatoria Maine Township High School la enfrentó a una realidad que describió así: “Eres realmente una estúpida si crees que una chica puede ser elegida presidenta”.

Quiso también ser astronauta, pero la NASA la rechazó porque, según recordó en su autobiografía, “el entrenamiento no era para niñas”.

Las enseñanzas de Jerry Baker, un profesor de asuntos de gobierno, y de Donald Jones, un religioso seguidor de las tesis del cristianismo como una “fe en acción”, fueron definitorias en más de un sentido.

Uno la hizo estudiar las propuestas electorales del entonces presidente Lyndon B. Johnson sobre derechos civiles, los cuidados de la salud, la pobreza y la política exterior; el otro la llevó a escuchar a Martin Luther King y entrar en contacto con jóvenes negros y latinoamericanos.

Con ese bagaje, la joven Hillary decidió ingresar al prestigioso Colegio femenino de Wellesley. Ahí entró en contacto con un mundo social, económico y político diferente.

Fue ahí donde en 1969, a los 21 años, y a cargo del cuerpo de gobierno estudiantil, hizo el discurso de principio de cursos y confrontó al entonces influyente senador republicano Edward Brooke, de Massachussetts, a propósito de la Guerra en Vietnam.

Al llegar a Yale en 1970 encontró un estudiantado políticamente activo en oposición a la Guerra de Vietnam y de paso a su destino: un sureño de melena rojiza llamado Bill Clinton.

Como practicante de leyes colaboró en el Comité Especial de Investigaciones sobre el caso Watergate y mantuvo la relación que culminó en su matrimonio con Bill Clinton el 11 de octubre de 1975.

Ahí inició una vida que la llevaría a ser abogada en el bufete Rose Law, de Little Rock (Arkansas), mientras Bill iniciaba su propia carrera política y llegaría a gobernador.

En febrero de 1980 recibió la otra presencia definitiva en su vida: su hija Chelsea.

Los Clinton mantuvieron siempre sus tiempos para con su hija y defendieron su privacidad contra viento y marea, incluso en medio de los varios escándalos sexuales de Bill, quien llegaría a ser presidente de 1992 a 2000.

Pero fue en ese gobierno cuando empezó la biografía política de la Hillary Rodham Clinton: a la semana de haber tomado posesión, el presidente Clinton le encargó la reforma del sistema nacional de salud. .

Hillary se postuló como senadora por Nueva York en 2000 y ganó sin problema.

El 11 de septiembre de 2001 tuvo contacto directo con los efectos del terrorismo y en octubre de 2002 votó en favor de la guerra en Irak, basada en información gubernamental que resultó falsa, y ha sido desde entonces un problema para ella.

El voto fue usado en su contra en 2008, en su primer intento por obtener la candidatura presidencial demócrata, que perdió ante el entusiasmo despertado por Barack Obama, tras ocho años de crisis y guerras en el gobierno del republicano George W. Bush.

Rodham Clinton respaldó a Obama, quien la invitó a su gabinete como secretaria de Estado. Ahí, Hillary cambió su imagen, de representante del aparato pasó a ser “cool”.

Pero fue como secretaria de Estado cuando tomó una decisión que hoy afecta su vida: fieramente determinada a defender su privacidad y desconfiada respecto al sistema de seguridad de las computadoras del Departamento de Estado, decidió usar el “servidor” instalado para el uso familiar.

Hillary dejó el Departamento en 2014 para enfocarse en una nueva campaña presidencial. Pero esta vez la suya.