Se cumplieron este viernes los primeros 100 días del segundo gobierno de Juan Manuel Santos. Más de tres meses en los que el líder de la Unidad Nacional, enfocado en echar a andar los tres ejes que anunció el 7 de agosto (la paz, la educación y la superación de la pobreza), ha tenido que enfrentar problemas propios de un gobierno reelegido en un clima de polarización política.

Por decisión propia, y con el vicepresidente Germán Vargas Lleras enfocado en la infraestructura, el primer mandatario ha contado con más tiempo para explicarle al país los alcances de un eventual acuerdo de paz con la guerrilla. Desde el comienzo de su segundo mandato reconoció que el Ejecutivo no ha comunicado bien lo que ocurre en La Habana, Cuba, y, por eso, aterrizar la negociación con la insurgencia en la vida diaria de los colombianos se ha convertido en una de sus prioridades.

Dentro de esa estrategia de comunicación ha sido pieza clave el programa televisivo institucional de la presidencia, Agenda Colombia, donde ha emitido declaraciones que han sido replicadas al unísono por los medios de comunicación y que han marcado la ruta de los debates públicos. También, Santos ha aprovechado la mayoría de los eventos públicos en los que ha participado para explicarle a distintos sectores sociales como banqueros, industriales, profesores o periodistas, las bondades de la negociación con las Farc.

Otra parte fundamental de la estrategia para comunicar mejor ha sido la comparecencia de Sergio Jaramillo, alto comisionado para la Paz, y Humberto De la Calle, jefe del equipo negociador en Cuba, en varios escenarios académicos y políticos para explicar pormenores de lo que ocurre en la mesa de conversaciones. Ambos, pero sobretodo De la Calle, se han encargado de atajar y contradecir las aseveraciones que han hecho adversarios políticos como el expresidente Álvaro Uribe sobre supuestas “capitulaciones” del Estado en la negociación con las Farc.

Desde el 7 de agosto, tanto el esfuerzo por comunicar mejor del gobierno como las críticas al proceso de paz del Centro Democrático, funcionarios como el procurador Alejandro Ordóñez o las mismas víctimas, han marcado un ambiente de polarización alrededor de la paz en lo nacional. Pero en lo internacional, la cosa ha sido a otro precio. Los viajes de Santos a la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York (EE.UU.) y a varios países de Europa le han significado al presidente la solidaridad y el respaldo de gobiernos y organismos multilaterales para lograr la paz.

Pese a que los espaldarazos políticos de sus homólogos han sido muchos, el presidente no consiguió que esos respaldos se tradujeran en donaciones o involucramientos más certeros en la búsqueda de la paz y en el sostenimiento económico del posconflicto. Así como Santos ha dicho que “Colombia no fue a buscar plata” y que los cálculos que hacen políticos y académicos sobre los costos de un probable escenario de posconflicto “son cuentas alegres”, está claro que una de las preocupaciones del Ejecutivo ante un eventual acuerdo con las Farc es que la transición hacia la paz no se frene por falta de recursos que hoy no están garantizados.

Lejos de las angustias de la paz, en lo político, la gobernabilidad de Santos no es parecida a la de su primer cuatrienio. La Unidad Nacional, que entre 2010 y 2014 dominaba más del 80% del Congreso, hoy está menguada por cuenta de la salida de los conservadores, que se han declarado en independencia. La oposición del Polo Democrático y el Centro Democrático, y la independencia de la Alianza Verde, han menguado las fuerzas de un gobierno que, representado por Juan Fernando Cristo, el ministro del Interior, lucha por conseguir que su agenda legislativa sea tramitada diligentemente. Hoy, no es claro el futuro éxito de proyectos como el reequilibrio de poderes, la reforma tributaria o la unificación de periodos de alcaldes y gobernadores con los de Presidencia.

Otro capítulo que cobra relevancia, y es muestra del clima de polarización, es el de las víctimas. Como ese es el punto que se discute actualmente en la negociación de La Habana, el Mininterior y la Unidad de Víctimas promovieron el espacio ‘Colombia abraza a las víctimas de las Farc’ en octubre. Allí hubo rechiflas para el ministro Cristo y quedó en evidencia el deseo del uribismo por apoderarse de la agenda de los afectados por la guerrilla. Sin embargo, más allá de la polémica del evento, lo positivo quedó por cuenta de los senadores víctimas que, respaldados por el Gobierno, vienen pujando por la creación de una organización que represente a quienes han padecido la violencia de las Farc.

El gobierno también ha buscado acercamientos con sectores sociales como la Cumbre Agraria al reconocerle por decreto un espacio de diálogo, aunque no ha sido fácil que la interlocución política que le fue prometida a ese movimiento se concrete. Movimientos como la Marcha Patriótica, que hacen parte de la Cumbre, han denunciado que los acuerdos a los que llegaron con el Ejecutivo han sido desconocidos. Al tiempo, Dignidad Agropecuaria, tan protagonista como la Cumbre de los paros agrarios de 2013, también ha dado pasos hacia la organización política. Ambos movimientos están dispuestos a movilizar a los sectores rurales en el corto plazo y se mantienen en un frío pulso con los ministerios del Interior y Agricultura.

Educación e Infraestructura. En lo educativo, aunque no se han anunciado grandes reformas al sistema, algunas acciones puntuales del Gobierno han dejado claro que se trata de una de las prioridades. El país celebró, no sin antes discutir sobre algunos peros, que el Ejecutivo haya creado el programa de 10.000 becas para los mejores puntajes del Icfes en universidades privadas, así como la recurrente entrega de computadores y tablets en colegios públicos. Ahora, Santos, acompañado por la ministra Gina Parody, enfrentan la crisis de la Universidad San Martín, cuyos dueños están involucrados en varios líos judiciales que podrían acabar el proyecto educativo de 14.000 jóvenes.

Otro de los protagonistas de estos 100 días ha sido el programa de viviendas gratis para los más pobres. Durante la semana que está por terminar el presidente entregó la casa número 75.000 de la meta de 100.000 que se había puesto. Incluso, anunció la segunda etapa del proyecto. También ha sido fundamental el liderazgo del vicepresidente para la Infraestructura. En lo corrido del gobierno ha iniciado construcción, o han sido adjudicados, cerca de 10 proyectos viales de los denominados 4G y se ha hecho una estricta vigilancia de las obras en desarrollo.