Río de Janeiro. El tono de la campaña presidencial de Brasil se ha vuelto más sucio y seguramente seguirá así entre los dos principales candidatos antes de las elecciones del 3 de octubre.

El abanderado de la oposición, José Serra, que figura en segundo lugar en los sondeos, ha realizado acusaciones éticas contra la favorita Dilma Rousseff y el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) apostando evitar una humillante derrota en primera vuelta en los comicios.

Esas acusaciones dominan la cobertura de los medios locales y ocuparon la mayor parte de un debate por televisión en la noche de este domingo, cuando Rousseff negó las imputaciones y dijo que Serra, que parece estar en las etapas finales de una larga carrera política, está recurriendo a tácticas desesperadas.

"Quiere ganar esta campaña de manera sucia porque es incapaz de convencer al pueblo brasileño", declaró una confiada Rousseff durante el debate.

Es improbable que Rousseff, impulsada por la enorme popularidad de su mentor político, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, sea afectada por los escándalos, a menos que surja alguna acusación que la vincule directamente con alguna fechoría.

Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), acusa a Rousseff y al PT de haber accedido ilegalmente a registros impositivos de su hija y de miembros de la oposición en busca de información potencialmente perjudicial.

Un nuevo escándalo salió a la luz la semana pasada cuando la revista de noticias Veja publicó acusaciones de que la ex asesora de Rousseff y actual jefa de Gabinete de Lula, Erenice Guerra, habría estado involucrada en un caso de soborno para contratos de obras públicas administrados por la consultoría de su hijo.

El denominado escándalo de impuestos ha resonado durante semanas en la medida en que los medios desentierran nuevas evidencias de violaciones, pero eso aún no se ha hecho sentir al nivel de los votantes.

Los sondeos muestran que Rousseff, ex jefa de Gabinete del actual Gobierno, tiene una ventaja de más de 20 puntos sobre Serra, quien perdió la carrera presidencial contra Lula en el 2002.

Un nuevo sondeo divulgado este martes mostró que Rousseff ha ampliado su ventaja y que vencería en los comicios en primera vuelta con un aplastante 58%.

Amplia cobertura. "Vamos a tener un diluvio de cobertura de los medios", dijo Christopher Garman, analista político de Eurasia Group, en Washington.

"Aumenta las probabilidades de una segunda ronda, pero aún creo que ella ganará en primera ronda", agregó.

Una razón clave de por qué el escándalo de los registros impositivos no está impactando a nivel de sondeos es porque sólo cerca de 15% de los brasileños paga impuesto a la renta y, por lo tanto, entienden poco sobre el escándalo, sostuvo Garman.

Aún así, el gobierno tomó medidas para atender el asunto el martes, indicando que estaba fortaleciendo controles sobre el acceso a datos financieros privados.

El acceso a datos impositivos personales deberá estar justificado y la gente tendrá la opción de proteger su información en sus declaraciones impositivas, dijo el ministro de Hacienda, Guido Mantega en una conferencia de prensa en Brasilia.

Es probable que los ataques a la imagen dominen el resto de la campaña en la medida en que los medios buscan nuevos detalles sobre las acusaciones y Serra lucha por ganar ventaja con argumentos políticos, frente a la popularidad de Lula y el crecimiento de la economía local.

La semana pasada, Serra realizó una nueva promesa de elevar el sueldo mínimo de Brasil a 600 reales (alrededor de US$350) al mes, frente a los 538 reales planificados por el actual Gobierno, en lo que algunos analistas consideraron una señal de desesperación.

Incluso una leve alza del salario mínimo podría presionar las finanzas públicas de Brasil, en la medida en que los pagos de pensiones son reajustados cada vez que hay un incremento de esa naturaleza.

Temas cruciales, como el rol del Estado en la economía y cómo aumentar la competitividad internacional de Brasil, se vieron opacados por los hoscos intercambios en el debate del domingo.

Rousseff ha evitado una serie de debates programados y raramente entrega detalles sobre sus planes como presidente, más allá de decir que construirá sobre el legado de Lula.