Christchurch. Socorristas escarbaban este viernes por cuarto día entre las ruinas de la devastada ciudad neozelandesa de Christchurch, mientras las esperanzas de hallar más sobrevivientes del sismo se desvanecen y la cifra de muertos suma 113 personas, además de más de 200 desaparecidos.

Equipos de países propensos a sufrir terremotos como Japón, Taiwán y Estados Unidos ayudaron en la búsqueda, utilizando perros rastreadores e introduciendo micrófonos en edificios colapsados para escudriñar por señales de vida, dos días después de que un sismo de magnitud 6,3 sacudiera la segunda ciudad más grande del país.

Cientos de socorristas trabajaban en la lluvia y con temperaturas bajas en una vana búsqueda de personas atrapadas bajo los escombros, entre ellas varios estudiantes extranjeros que asistían a una escuela de inglés. Decenas de ellos eran originarios de Japón y otros de China, Taiwán e India.

"Para aquellas personas en lugares lejanos, sus familias son nuestras familias, sus hijos son nuestros hijos. No hay diferencia para nosotros", dijo el alcalde de Christchurch, Bob Parker, prometiendo que los socorristas no perderían la esperanza.

La policía dijo que 228 personas figuraban como desaparecidas. La lista podría incluir algunos cuyos cuerpos han sido ya hallados pero no identificados. Más de 2.500 personas resultaron heridas, 160 de ellas de gravedad.

Los esfuerzos de rescate se han visto obstaculizados por la posibilidad que las réplicas puedan derrumbar un hotel de 26 pisos, que causaría un efecto dominó con los edificios aledaños.

Ingenieros estaban revisando para ver si podía reducirse una zona de exclusión alrededor del hotel para permitir la búsqueda en edificios cercanos.

Más de la mitad de las víctimas murieron en el ex edificio de la cadena de televisión Canterbury Television (CTV), en donde también funcionaba una escuela de inglés para estudiantes extranjeros.

El edificio se ha convertido en una tumba, con más de 50 cuerpos retirados de los escombros y muchos más probablemente enterrados bajo las ruinas.

"Seguiremos buscando hasta que no haya duda posible de que nadie quedó aún para ser rescatado en términos de búsqueda activa", dijo el jefe de bomberos Jim Stuart Black.

Más ayuda internacional llegaba el viernes desde Gran Bretaña, China y Estados Unidos, lo que permitiría extender la búsqueda.

Un socorrista estadounidense, que ayudó el año pasado en las tareas de rescate tras el terremoto de Haití, dijo que los milagros eran posibles.

"Sacábamos gente de los escombro siete u ocho días después del sismo", comentó Brian Wells a Radio New Zealand.

"Por eso estamos aquí, para hallar a las personas vivas aún atrapadas y haremos todo lo posible para que eso suceda", añadió.

Cifra en aumento. El ministro de Defensa Civil John Carter dijo que la sombía realidad era que la esperanza se estaba desvaneciendo.

"El último rescate de personas vivas fue el miércoles. Aún tenemos esperanza, por supuesto, de que hayan personas rescatadas, pero es cada vez menos probable", dijo Carter.

Unas 70 personas han sido rescatadas con vida desde el sismo.

La policía divulgó los nombres de sólo cuatro de los muertos, entre ellos dos niños de cinco años y ocho meses. El viernes se darán a conocer otros, pero según reportes extranjeros entre los fallecidos hay dos británicos, dos irlandeses y un australiano.

En la histórica catedral de la ciudad también podrían haber entre 16 y 22 cuerpos, mientras que se cree que otros ocho están dentro del edificio de una compañía financiera.

Japón dijo que 26 estudiantes están desaparecidos, mientras que Taiwán informó que un ciudadano podría estar en el edificio, y el ministerio de Relaciones Exteriores de China afirmó que seis estudiantes podrían estar atrapados.

Las autoridades también estaban redoblando los esfuerzos de recuperación en las zonas aledañas a la ciudad, en la que un cuarto de las casas aún no tiene electricidad y la mitad no tiene agua.

Camiones algibe viajaban por la ciudad, el Ejército opera plantas de desalinización para suministrar al pueblo porteño cercano de Lyttleton, que está ubicado cerca del epicentro del sismo.

Cerca de 1.200 baños portátiles han sido distribuidos por la ciudad, para reducir la cantidad de aguas servidas que fluye hacia los cursos de agua locales.