Ciudad de México. El Estado de México, el más poblado y rico del país, celebraba el domingo elecciones para gobernador en las que el PRI mantendría su hegemonía, dando un espaldarazo a quien ocupa el cargo y es favorito para suceder al presidente Felipe Calderón en el 2012.

Otros dos estados, Coahuila -fronterizo con Estados Unidos- y Nayarit -sobre la costa Pacífico-, ambos golpeados por la violencia del narcotráfico, celebraban también votaciones para gobernador y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mayor de la oposición, era igualmente favorito.

El candidato priísta en el Estado de México, Eruviel Avila, un ex alcalde del populoso municipio de Ecatepec, ganaría los comicios con una amplia ventaja y sucedería al mandatario estatal, Enrique Peña Nieto, quien aparece en todas las encuestas como el puntero para ser el próximo presidente.

Los comicios en el estado, el mayor contribuyente a la economía nacional después de la Ciudad de México con más de 15 millones de habitantes y gobernado por el PRI desde hace más de 80 años, son vistos como test de popularidad para Peña Nieto.

Los candidatos del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del derechista Partido Acción Nacional (PAN), donde milita Calderón, que fracasaron en un intento de formar una alianza para quebrar la hegemonía del PRI en el estado, quedarían en segundo y tercer lugar respectivamente, según los sondeos.

"Aquí nunca he visto que venga a ayudar ni PAN ni PRD, Eruviel es el único que ha estado dando ayuda", dijo Maricarmen Trejo, un ama de casa quien esperaba que abrieran su estación de votación en Ecatepec, la que al final tuvo que ser instalada en otro lugar debido a dificultades por torrenciales lluvias.

Las elecciones en el Estado de México vienen precedidas de acusaciones, sobre todo de la izquierda, de gastos excesivos de campaña por parte del PRI y de que el partido sigue usando las viejas prácticas de incidir en el voto a través de la entrega de alimentos o cemento a la población más pobre.

El PRI, el mayor de oposición que gobierna buena parte de los 32 estados del país, tiene amplias posibilidades de regresar al poder que perdió en 2000 luego de haber gobernado México por más de siete décadas consecutivas aunque a menudo ha sido acusado de autoritarismo y corrupción.

Los postulantes oficialistas se han visto afectados por la ola de violencia del narcotráfico que golpea al país, que ha dejado unos 40,000 muertos desde que Calderón asumió a fines de diciembre, y la falta de empleos, según analistas.