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Estilo austero del presidente de Uruguay sigue causando sorpresa entre la prensa
Sábado, Enero 5, 2013 - 16:59

Esta vez un artículo del New York Times destaca que José Mujica: "vive en una casa descuidada en las afueras de Montevideo, sin sirvientes. Su seguridad: dos oficiales vestidos de civil en un camino de tierra”.

Mujica agregó una perla más a su collar de fama internacional, esta vez con una aparición en uno de los más conocidos diarios del mundo, el New York Times. La sección El Perfil de los Sábados, lo tuvo a él como protagonista esta vez.

La nota, titulada “Después de años en soledad, una vida austera como presidente de Uruguay” fue escrita por Simón Romero, estadounidense de ascendencia latina, radicado en Río de Janeiro, y cuenta con fotografías de la uruguaya Matilde Campodónico.

En la foto principal, que llegó a la tapa de la edición neoyorquina y nacional del periódico, Mujica está en su cocina un tanto desacomodada, con una pava tiznada en mano echando agua al mate, con la hornalla prendida, y una olla, también tiznada, secándose al costado del fregadero.

“Algunos líderes del mundo viven en palacios. Otros disfrutan de tener un mayordomo discreto, una flota de yates o una bodega con algunos champagnes extraños. Y luego está José Mujica, el ex guerrillero que es presidente de Uruguay. Vive en una casa descuidada en las afueras de Montevideo, sin sirvientes. Su seguridad: dos oficiales vestidos de civil en un camino de tierra”, así comienza el artículo, marcando la misma línea de otras apariciones internacionales del presidente.

Destaca que Mujica negó vivir en Suárez y Reyes y su staff de 42 personas, y optó vivir en la chacra de él y su esposa, en donde plantan verduras que venden en el mercado local, que su patrimonio al asumir llegaba a los US$1.800, “como su escarabajo 1987 (…) Nunca viste corbata y dona casi el 90% de su salario a un programa que pretende darle vivienda a los más pobres”.

“Su radicalismo discreto, un marcado cambio con respecto a los días que andaba armado, ejemplifica el surgimiento de Uruguay como el país más liberal socialmente en América Latina”, agrega, detallando las leyes progresistas que su gobierno ha intentado llevar adelante.

El autor destaca que el presidente reconoce que vivir ese tipo de vida puede llamar la atención, pero “significa una opción consciente de separarse de las ataduras del poder y riqueza”.

Habla también de su pasado guerrillero, en el que “fue líder de los tupamaros, grupo de guerrilla urbana que robó bancos y secuestró gente”. Mujica reconoce que “el grupo intentó evitar los asesinatos”, pero advierte que fueron “desviaciones militares”.

También agrega los 14 años en los que estuvo preso, solitario, en un “agujero en el piso. Y que en aquel entonces pasaba más de un año sin bañarse”. Mujica dice que en esos años aprendió que “uno puede empezar de cero” y que eligió hacer esto dedicándose a la política.

Mujica destaca también que fue José Batlle y Ordóñez, quien forjó la tradición en la que “no hay distancia entre el presidente y otros vecinos”

El periodista destaca la cualidad de Uruguay de que un presidente pueda manejar su escarabajo sin necesitar guardaespaldas, que también es el menos corrupto y con mejor distribución de riqueza.

Y agrega que el estilo de Mujica no es aceptado por todo el mundo, y recuerda que se ha registrado una caída de su popularidad en las últimas encuestas, pero que para Mujica las encuestas no son importantes, aclarando que si se preocupara por ellas "no sería presidente".

Lamenta que tantas sociedades hayan puesto como prioridad el crecimiento económico.

A modo de anécdota, el periodista cuenta que una vez que se terminó el mate, fue a la cocina y volvió con cara de pícaro y una botella de Espinillar, que todavía no era mediodía pero igual “llenaron los vasos y brindaron”.

Y, después de eso, Mujica le contó que no sueña con retirarse, pero ansía terminar la presidencia para poder dedicarse de lleno a la granja nuevamente.

“Los ojos de Mujica se iluminaron al recordar un pasaje del Quijote, en el que el caballero errante bebe de un cuerno de cabra y come con sus anfitriones pastores, arengando contra las ‘pestes de la galantería'. Los pastores eran los más pobres de España, probablemente ellos eran los más ricos", finaliza la nota.

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