Río de Janeiro. La estrategia de las fuerzas de seguridad de Brasil de retomar favelas en Río de Janeiro dominadas por el narcotráfico implicará transformaciones profundas en un mercado de venta de drogas que factura entre 300 y 600 millones de reales (175 y 351 millones de dólares) anualmente.

El mercado de las drogas en Río de Janeiro comenzó a cambiar con la llegada de las primeras fuerzas policiales en el 2008 a las favelas de la zona sur de la capital, la más rica y mayor consumidora de estupefacientes de la ciudad.

Consumidores de cocaína y marihuana de las clases media y alta, que tradicionalmente se desplazaban a esas comunidades en busca de drogas, han comenzado a recurrir a otras formas de adquirirlas, incluyendo un servicio de entrega.

Además, existe una tendencia cada vez mayor entre ellos a consumir drogas sintéticas, que no son negociadas por los grupos armados.

Ese cambio en la compra-venta podría convertir a Río de Janeiro en un lugar más seguro, siempre que las autoridades de seguridad sigan desarmando a los grupos criminales.

De lo contrario, es posible anticipar un aumento en el número de secuestros y asaltos a bancos, además de la transferencia de acciones criminales hacia el interior del estado, según analistas.

"La experiencia internacional e histórica indica que, al menos en un primer momento, cuando sofocas una determinada actividad o un área de acción criminal, ocurre un desplazamiento, ya sea a otro tipo de actividad o hacia otras regiones", alertó Joao Trajano, politólogo de la Universidad del estado de Río de Janeiro (UERJ). "Es ahí donde necesita entrar en acción el Estado", dijo.

La neutralización del narcotráfico citada por Trajano es representada principalmente por la aplicación de las Unidades de Policía Pacificadores (UPPs), que provocó la salida de jefes narcos de las favelas donde se instalaron dichas operaciones.

Solamente en el Complejo del Alemán, el principal cuartel general de una de las facciones criminales, se requisaron más de 40 toneladas de drogas y un centenar de armas, luego de la invasión policial-militar del domingo.
Cambio de hábito.

Por el momento, los cabecillas del narcotráfico aún tienen dominadas otras comunidades, donde pueden esconderse, pero la promesa del gobierno es llevar a las fuerzas policiales al centenar de favelas de la ciudad hasta el 2014.

"El (narco)tráfico ocurre en cualquier lugar del mundo, pero (...) en otros lugares no es armado, no anda por la calle con un (fusil) AR-15, no hay control territorial y extrae probablemente ganancias mucho mayores de la que extrae el (narco)tráfico aquí", sostuvo el sociólogo Ignácio Cano, coordinador de estudios sobre la violencia en Río de Janeiro.

Un estudio del 2008 de la Secretaría de Hacienda de Río de Janeiro reveló que los costos de las bandas de narcotraficantes para mantener el antiguo sistema de venta de drogas giraban en torno a los 290 millones de reales (170 millones de dólares) anuales, incluyendo el pago a cerca de 16.000 funcionarios y las pérdidas por capturas de armas y drogas.

La ganancia por esas operaciones, considerando la menor estimación, "sería muy poca para repartir a otros agentes que pudieran proveer de apoyo más amplio en la calle y otras áreas de interés para el desarrollo de este comercio", sostuvieron los autores del estudio, Sergio Guimaraes Ferreira y Luciana Velloso.