Bogotá. La masiva resistencia contra una reforma educativa en Colombia obligó al gobierno a dar marcha atrás al proyecto y abrir el diálogo, en una señal de que el presidente Juan Manuel Santos podría tener que dar más participación a otros sectores en la definición de políticas.

Los estudiantes colombianos salieron a las calles en las últimas semanas para protestar contra una proyecto que consideraban privatizaría la educación y lograron convocar a miles de personas en unas marchas vistas por analistas como las más populares en tres décadas.

Si bien las manifestaciones aún no amenazan con socavar la imagen de Santos, podrían ser un llamado de atención sobre problemas sociales pendientes en un país que ha gozado de un fuerte crecimiento en los últimos años.

"La sociedad es optimista y quiere continuidad, pero también hay descontento y un deseo de parte de algunos sectores de tener una voz más fuerte en el diseño de políticas públicas", dijo Michael Shifter, presidente del grupo de estudios Inter-American Dialogue en Washington.

"El gobierno de Santos deberá dedicar más atención a observar la agenda social pendiente del país", dijo Shifter.

Grupos estudiantiles recibieron el apoyo de sindicatos y de profesores y paralizaron las clases en la mayoría de las universidades públicas, algo poco habitual en un país que es uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región.

"La gente ve que el silencio ya no es una opción. Ese temor ha sido roto por el movimiento estudiantil que ha sido muy claro con sus demandas (...) La gente en Colombia se está empezando a acostumbrar que es posible tener un país distinto", dijo Jairo Rivera, líder de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), que ha organizado las marchas.

Santos se comprometió a retirar el proyecto educativo que, según el gobierno, buscaba aumentar los cupos para jóvenes de menores recursos en las universidades públicas.

Pero los estudiantes anunciaron que no finalizarán la huelga hasta que se retire efectivamente el proyecto, al que critican entre otros puntos por no ser consensuado y porque aumenta los cupos sin incrementar el presupuesto público, dejando el peso del financiamiento en manos privadas.

¿Antesala de más protestas? A diferencia de Chile, donde una fuerte movilización de estudiantes afectó la imagen del presidente Sebastián Piñera llevándola a los niveles más bajos de su mandato, Santos goza de una alta aprobación de un 67%, según el último sondeo de Gallup publicado en septiembre.

Analistas creen que el número podría mejorar por el golpe asestado recientemente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con la muerte de su líder Alfonso Cano y la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, los estudiantes ven a su protesta como el punto más visible de otras demandas sociales -como salud o derechos laborales- y sería la antesala de más movilizaciones.

"La gente ve que el silencio ya no es una opción. Ese temor ha sido roto por el movimiento estudiantil que ha sido muy claro con sus demandas (...) La gente en Colombia se está empezando a acostumbrar que es posible tener un país distinto", dijo Jairo Rivera, líder de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), que ha organizado las marchas.

La necesidad de dar más representatividad a otros sectores en el diseño de política podría haberse reflejado, según el analista, en la victoria de Gustavo Petro, un candidato opositor de izquierda y ex guerrillero, en la elección por la Alcaldía de Bogotá a finales de octubre.

Según analistas, un factor que podría haber estimulado la participación masiva en las marchas es el carácter negociador de Santos, que lo diferencia de su antecesor y compañero de partido, Alvaro Uribe, quien gobernó ocho años el país.

"El estilo de Santos y la manera de gobernar de Santos es muy distinta (...), es un estilo de no criminalizar toda protesta como algo subversivo", opinó Marc Chernick, profesor de la Universidad de Georgetown en Estados Unidos.

Las protestas son observadas de cerca en Colombia debido a un conflicto armado que lleva casi cinco décadas. Santos advirtió sobre la posibilidad de que miembros de las FARC se infiltren en las movilizaciones.

Para el profesor Mauricio Archila, de la Universidad Nacional de Colombia y especialista en protestas sociales, las manifestaciones marcan no sólo un "momento fuerte de movilización estudiantil sino también ciudadana" y son un ejemplo para la guerrilla de que se obtienen más logros en forma pacífica que con "el ruido de las armas".

"Creo que la lección para la insurgencia es clara y para los otros movimientos es que la protesta callejera es una forma de acción política tan legítima como lo puede ser la electoral y que puede dar frutos", aseguró.