Ethan Nadelmann fue uno de los pioneros, después de precursores como Milton Friedman, en cuestionar la política de prohibición impulsada por Estados Unidos y en vaticinar su irremediable fracaso. Ya en los años 80 advertía que la “guerra” sería un barril sin fondo de recursos y no arrojaría los resultados esperados.

El tiempo le ha dado la razón. Aquí explica por qué e insiste en la necesidad de legalizar la marihuana como primer paso para encontrar una salida.

–Después de 40 años de guerra a las drogas, el problema parece ser más grave que nunca, ¿por qué?

–Básicamente porque la droga no es más que un commodity (en el sentido de mercancía de gran escala cuya producción no requiere mucha especialización) y es imposible ganar una guerra contra un dinámico mercado global de commodities. Los mercados de marihuana, cocaína, heroína y anfetaminas no son diferentes a los de alcohol, tabaco, café, metales preciosos, productos alimenticios. En estos sectores, mientras exista una demanda, habrá siempre una oferta. La noción de que podemos cortar la oferta existiendo una demanda es absurda. No conozco un economista que técnicamente se atreva a sostener que esta puede ser una estrategia exitosa. Simplemente no tiene sentido.

–¿Y por qué se insiste, entonces?

–Porque no siempre se impone la razón en las políticas públicas, y esta política en particular no está, nunca ha estado, fundada en la razón, sino en los temores de la gente, en sus tabús y en los intereses creados.

–¿Por qué la legalización?

–El argumento general es que la legalización marginará al crimen organizado que lucra con el narcotráfico, reducirá la enorme violencia que se genera en torno a este negocio ilegal y permitirá tratar el consumo de drogas como un asunto de salud pública, no como una cuestión criminal.

–Mucha gente no cree en este argumento. Dice que la legalización expandirá el consumo y que las mafias y la violencia continuarán.

–Eso es porque mucha gente tiende a creer que los traficantes son tan poderosos que seguirán controlando el negocio aun si se vuelve legal, pero no es así.

–¿No lo es?

–No. En mi país, cuando se discutía la legalización del alcohol, también había muchos que sostenían que los gánsters encontrarían la forma de quedarse con todo el dinero de cualquier modo. Y efectivamente, cuando la prohibición terminó en 1933, las mafias trataron de seguir controlando redes de distribución vendiendo alcohol ilegal. ¿Qué ocurrió? Se fueron quedando al margen y al cabo de cinco o diez años ya prácticamente no tenían papel en el mercado. Hay una razón para ello.

–¿Cuál?

–La razón es que perdieron su ventaja competitiva. La ventaja de la mafia en los mercados negros es la violencia, la intimidación y el contrabando. Una vez que el producto se vuelve legal, esa ventaja se esfuma. La violencia, la intimidación y el contrabando ya no son tan importantes para vender alcohol legal o cigarrillos o café o té o cualquier otro commodity. Lo que se vuelve importante es el marketing, la eficiencia, la reducción de costos, la relación calidad-precio. Algunos serán capaces de hacer la transición, pero en general terminarán quedándose fuera.

–A lo que muchos contestarán que la mafia simplemente encontrará otros negocios.

–Sí, esa es otra de las objeciones y la respuesta es la siguiente: la mafia ya está incursionando en otros negocios, los narcos en México y América Central no solo están envueltos en drogas, tienen toda una gama de otros sectores en los que activan; pero hagámonos estas preguntas: ¿qué necesitan primordialmente los narcos para invertir en otras actividades, tanto ilegales como legales? Capital. ¿Y cuál es su principal fuente de capital? La industria de las drogas ilegales. Saquémosles esa fuente, legalizándola o reduciendo sus mercados haciendo legal el consumo y el resultado será que tendrán un capital dramáticamente reducido para invertir en otras áreas.

–¿Y cree que la mafia aceptará así, sin más, quedarse sin sus fuentes de ingresos?

–No es si aceptarán o no, es si tendrán o no alternativa. Se dice, por ejemplo, que si los narcos se quedan sin su fuente de la droga, recurrirán más a los secuestros para compensar. Pero en Colombia el peor momento de los secuestros fue en los ochenta y noventa, precisamente en el período en el que la guerra a las drogas era más intensa. Hoy, cuando el mercado de las drogas ilegales ya no es tan dinámico como antes en ese país, el número de secuestros ha caído drásticamente. En cambio, en México, donde hoy se pelea la guerra a las drogas, el problema de los secuestros es gravísimo. La razón parece ser que allí donde los gánsters tienen posiciones dominantes se crea una atmósfera de anarquía, de falta de respeto a la ley, de temor, que es propicia para el secuestro, la extorsión y el crimen común.

–Pero es difícil eliminar completamente el mercado negro.

–Es un proceso y nunca es perfecto. En mi país, Estados Unidos, es ilegal vender alcohol a personas menores de 21 años, pero un alto porcentaje lo consume de todos modos. Entonces todavía hay un mercado negro. También hay un mercado negro de cigarrillos para evadir los altos impuestos que les ponen para tratar de contener el consumo. Pero estas actividades en alcohol y tabaco, si bien ilegales, no son violentas. Puede que no podamos eliminar del todo los mercados negros, pero podemos disminuir su tamaño y su ferocidad.

–Volviendo a las drogas ilegales, ¿qué hay que hacer, por dónde hay que empezar?

–Por la marihuana, no cabe duda de ello.

–Pero pareciera que el gran crimen no está detrás de la marihuana, que de por sí ya es prácticamente legal.

–Yo no diría eso. No es casi legal cuando millones de personas están siendo arrestadas en el mundo por ello. No es casi legal cuando se vende en mercados negros antes que en tiendas legalmente reguladas. No es casi legal cuando son los gánsters los que están recolectando los “impuestos” sobre la marihuana en vez de los gobiernos. Hay muchos motivos por los cuales es necesaria la legalización de la marihuana, que sin duda es por donde hay que empezar.

–¿Cuáles son?

–El primer motivo es que el mercado ilegal de marihuana, si bien no aporta la mayor parte de las rentas de los gánsters de la droga, igual representa decenas de miles de millones de dólares alrededor del mundo. Incluso en México constituye alrededor del 20% de los ingresos de las organizaciones criminales.

–¡Veinte por ciento!

–Nadie lo sabe con seguridad, pero es interesante que hace dos o tres años el propio zar de la droga de la administración Bush dijo que la marihuana era el 50% del negocio de la droga en México. Sea como sea, el mercado de la marihuana ilegal está muy lejos de ser despreciable, y al no ser una droga especialmente peligrosa, en todo caso no más que el alcohol y el tabaco, ese es el primer motivo por el que es necesaria su legalización.

–¿Cuáles son los otros motivos?

–Otro sumamente importante es que la marihuana, aun cuando no es la que genera más ingresos, es la droga ilegal más consumida y más vendida por lejos en el mundo (alrededor del 70% de los consumidores, ver cuadro). El número de personas que consume cocaína y heroína no es grande. En cambio, entre 20 y 40 millones de personas en Estados Unidos consume marihuana todos los años, ya sea una o mil veces. La mitad de los arrestos del último año, unos 800.000, fueron por posesión de pequeñas cantidades de marihuana. Entonces quitemos eso de la ecuación de la estrategia de prohibición y ya tendremos buena parte del problema resuelto.

–Para ocuparse luego de las drogas más complicadas.

–Exacto, y ese es otro motivo. La legalización de la marihuana ayudará a transformar la discusión más general sobre las drogas ilegales. Si la gente ve que se puede poner una droga fuera del sistema de prohibición, ello abrirá las mentes para pensar en los demás casos.

–No parece un objetivo muy difícil ni muy lejano la legalización de la marihuana.

–No, y además está probado que se puede hacer por partes, en un país, en un estado, incluso en un municipio. Los holandeses legalizaron la posesión y la venta al por menor hace muchos años. Es posible que hayan molestado un poco con eso a sus vecinos, pero no les crearon grandes problemas.

–¿Es cierto que se están volviendo atrás?

–Lo que han hecho bajo el actual gobierno conservador es prohibir que los “coffee shops” cerca de las fronteras vendan a personas no holandesas. El gobierno nacional está tratando ahora de extender esta prohibición a grandes ciudades como Rotterdam o Amsterdam, pero los alcaldes y consejos se oponen y dicen que sería un desastre. En eso está la discusión en este momento.

–¿Qué se hace con las otras drogas?

–Es mucho más difícil de vislumbrar en el corto plazo que la heroína, la cocaína o las metanfetaminas puedan avanzar en el corto plazo hacia la legalización, y tampoco es posible hacerlo por los países en forma individual.

–¿Y a nivel internacional?

–Hay que tratar cada caso por separado, pero lo importante es comenzar a abrir la mente y a pensar en alternativas que no sean precisamente prohibicionistas y militaristas, empezar a experimentar con otras opciones.

–¿Por ejemplo?

–Lo vimos a Evo Morales en Viena pidiendo legalizar la masticación de hojas de coca. Pero al mismo tiempo Bolivia y Perú tienen productos tales como té de coca, mate de coca y otros, que liberan cocaína, pero en cantidades muy pequeñas como para hacer daño. Imaginemos si se tiene la sofisticación de compañías de bienes de consumo, por ejemplo, las de bebidas con cafeína o gaseosas. Si estas comienzan a investigar es muy posible que salgan con productos con base de coca, o incluso cocaína, que sean menos peligrosos que los de cafeína, tal vez menos peligroso que un Red Bull o algo de ese tipo.

–Eso sí que parece lejano.

–Sí, pero hay que empezar a imaginar. Mientras tanto, hay otras cosas que se pueden hacer. Por ejemplo, muchos países, como Suiza y varios otros, proveen drogas, incluso heroína, a adictos que no pueden o no quieren dejar y que están determinados a buscarla de todos modos. Eso les quita mercado a los narcos, porque estos son fuertes y frecuentes consumidores. Portugal no castiga la posesión. Estas son innovaciones que están teniendo éxito.

–¿Cree que el mundo está preparado para aceptar la legalización?

–Lo que veo es que cada vez más gente se da cuenta de que esto no funciona y hay que hacer algo. Por ejemplo, en un reciente viaje a México y Guatemala vi que las élites de negocios legítimos están muy preocupadas porque los narcos se meten en sus áreas de actividad para lavar dinero y eso resulta en una complicada competencia desleal. Además, hay una cuestión de orden social. Los narcos están comenzando a frecuentar los mismos clubes y a enviar a sus hijos a los mismos colegios que las élites, y estas personas de negocios legítimos empiezan a preguntarse qué pasa si sus hijas o hijos se involucran sentimentalmente con los de los gánsters y sus familias se ven entrelazadas, o peor, amenazadas. Entonces, mejor que tomen esto en serio, porque cada vez será peor.