La Paz. El presidente Evo Morales convocó a los movimientos sociales a una inédita cumbre para relanzar las reformas que necesita Bolivia, en un intento por recuperar un liderazgo que se ha visto quebrantado por protestas contra medidas adoptadas por su gobierno.

Morales respondería así a lo que analistas y la oposición califican como su sostenido debilitamiento luego de que manifestaciones lo forzaran a dar marcha atrás en algunos de sus planes más importantes, entre ellos un fallido reajuste de combustibles en diciembre del 2010.

El encuentro, programado para diciembre y enero, buscará reunir a todos los sectores para debatir propuestas políticas y económicas que impulsen el programa socialista e indigenista que Morales ha abanderado, dijeron el jueves funcionarios.

"Se realizará una gran deliberación nacional (...) para definir una nueva agenda de cambio para los próximos años", dijo el viceministro de Movimientos Sociales, César Navarro.

Auguró una "participación militante" de todos los sectores sociales en el diálogo, pero no precisó si esperaba la de sindicatos, grupos regionales y políticos opositores.

Morales, un admirador del venezolano Hugo Chávez, acordó la cumbre con cuatro de las cinco organizaciones indígenas y campesinas del llamado "Pacto de Unidad", sustento político del líder de los productores de coca que fue reelecto en el 2009 y ha sugerido que buscaría un tercer mandato en el 2014.

"Será un encuentro plurinacional para profundizar el cambio", dijo a reporteros el ministro de la Presidencia, Carlos Romero.

El indígena que encabeza el "gobierno de los movimientos sociales" lució imbatible en sus cinco primeros años de gestión cuando nacionalizó los hidrocarburos y otros sectores económicos y lanzó una nueva Constitución "plurinacional".

Pero, perdió impulso y sufrió su primer contraste electoral en el último año.

Crisis interna. "El gobierno está atravesando una especie de crisis interna y dispersión, entonces trata de reconducir este proceso, sobre todo cohesionar nuevamente a las organizaciones sociales que después del gasolinazo han adoptado una posición bastante crítica y contestataria", dijo el analista Franklin Pareja.

"Se quiere reconducir el proceso de cambio y puede que salgan unos postulados, pero serán meramente discursivos porque cuando la gestión es deficiente es muy difícil que una cumbre solucione esto", advirtió el docente de la universidad estatal de La Paz.

El reajuste de los precios de los combustibles, aunque estuvo vigente sólo cinco días, desató una ola inflacionaria y duras protestas sindicales que arrinconaron a Morales en el primer semestre hasta obligarlo a ceder un aumento salarial de hasta 12%, dos puntos más de lo presupuestado.

En el segundo semestre, Morales fue desafiado por una marcha indígena de más de dos meses contra una carretera selvática y terminó anulando el proyecto financiado por Brasil, tras lo cual sufrió un "voto castigo" de poco más de 40% de electores en los comicios judiciales de octubre.

Estos tropiezos ensombrecieron en el último año los logros económicos de Morales, bajo cuya gestión Bolivia ha logrado estabilidad y un crecimiento anual sostenido superior al 5%, aunque sin ver la prometida industrialización.

La convocatoria a la cumbre fue respaldada de inmediato por las confederaciones de campesinos y de colonizadores, una central de comunidades altiplánicas y otras organizaciones que representan a las etnias mayoritarias aymara y quechua de las tierras andinas, donde Morales tiene su mayor respaldo.

Pero había en principio dudas sobre la participación de grupos indígenas de las tierras bajas de la Amazonía y el Chaco, minoritarios pero con gran respaldo de clases medias urbanas luego de su marcha de meses pasados.

La Central Obrera Boliviana, que agrupa teóricamente a todos los sindicatos del país, dijo que decidirá en los próximos días sobre su eventual asistencia a la cumbre.