La Habana. El ex gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, dijo este viernes que se quedará en Cuba hasta que pueda ver a un contratista estadounidense preso en la isla, después que el Gobierno no lo autorizó a visitarlo en el lugar donde guarda prisión.

El estadounidense Alan Gross, de 62 años, cumple una pena de 15 años de cárcel dictada en marzo tras ser acusado de cometer delitos contra la Seguridad del Estado. El Tribunal Supremo de Cuba, máxima instancia judicial de la isla, ratificó la condena el pasado mes.

Richardson dijo a periodistas en La Habana que el canciller cubano Bruno Rodríguez le informó este jueves durante una reunión de tres horas que no podría visitar a Gross.

"Desafortunadamente, el gobierno cubano me ha informado que no puedo ir a visitarlo. Quiero decir que me voy a quedar aquí en La Habana, en Cuba, hasta que lo visite y lo hago como un esfuerzo humanitario", dijo Richardson.

El ex gobernador, un veterano político demócrata que ha sido una especie de negociador dentro de los gobiernos liderados por su partido, llegó este miércoles 7 de septiembre a La Habana para intervenir a favor de Gross ante las autoridades de la isla.

"Desafortunadamente, el gobierno cubano me ha informado que no puedo ir a visitarlo. Quiero decir que me voy a quedar aquí en La Habana, en Cuba, hasta que lo visite y lo hago como un esfuerzo humanitario". Bill Richardson.

Richardson dijo que el Departamento de Estado "apoya" su gestión, pero aclaró que el viaje es privado y no está asociado al gobierno del presidente Barack Obama. No quedó claro si fue invitado por el gobierno de la isla.

Cuba y Estados Unidos mantienen un diferendo político desde hace medio siglo. Las hostiles relaciones datan de poco después de la revolución liderada por Fidel Castro en 1959 que derrocó a un dictador apoyado por Washington.

Empeoramiento de relaciones bilaterales. El caso de Gross, detenido desde diciembre del 2009 en La Habana por repartir ilegales equipos satelitales de comunicación, empeoró los ya hostiles vínculos entre los viejos enemigos.

Richardson se une al pedido de autoridades estadounidenses, abogados y familiares de Gross, quienes han solicitado su liberación inmediata por "razones humanitarias", alegando que su hija y madre padecen cáncer.

El ex gobernador dijo que espera cumplir la promesa que hizo a Judy, la esposa de Gross, de verlo en La Habana, alegando que padece "enfermedades serias" y está "deprimido".

También reiteró que su misión en la isla es "sacar a los Estados Unidos a Alan Gross" y advirtió que de su liberación dependerá una mejora en las relaciones entre los dos países.

"Si sale Alan Gross yo estoy seguro que va a mejorarse las relaciones en muchas áreas, pero desgraciadamente eso es lo que nos detiene ahora", agregó.

Pero Cuba ve el trabajo de Gross, vinculado a un proyecto financiado por la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID), como parte del plan de Washington para subvertir el orden interno y socavar el sistema socialista.

Richardson, en cambio, no descarta aún su gestión.

"Todavía no cierro la puerta, espero que todavía me permitan ver a Alan Gross", dijo.

"Me gusta la temporada de béisbol aquí en Cuba (a fines de noviembre), así que para mí no es problema quedarme aquí", dijo bromeando en relación con el tiempo que podría esperar para tener la entrevista con Gross.

La visita de Richardson coincide con la campaña que lleva Cuba para conseguir la liberación de cinco agentes cubanos de inteligencia, presos en Estados Unidos desde 1998 y condenados a largas penas de cárcel.