Montevideo. Tres de los seis ex presos de Guantánamo refugiados desde diciembre en Uruguay reclamaron el viernes por la noche ante la embajada de Estados Unidos que se les conceda un hogar y apoyo financiero por los años que pasaron encerrados por sospecha de vínculos terroristas.

Los sirios Ali Hussein Shaaban y Omar Mahmud Faraj, junto al tunesino Abdul Din Mohammed quieren una reunión con las autoridades estadounidenses porque no se ha concretado el apoyo que les fue prometido para traer a sus familias cuando fueron liberados.

"Estamos aquí para expresar nuestra frustración. Pasaron más de cinco meses y nada ha cambiado y tampoco vemos que vaya a cambiar en el futuro. Esta noche es un punto de inflexión", dijo a Reuters Ali Hussein Shaaban.

Los ex detenidos dijeron que hace tres semanas les fue cortado el financiamiento de 15.000 pesos uruguayos (unos 550 dólares) que recibían de la organización que representa en Uruguay al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) porque se negaron firmar nuevos papeles.

"Nosotros nos negamos a firmarlos porque creemos que las condiciones no estaban a nuestro favor. Nos dijeron 'o los firman o les quitamos todo' y nos quitaron todo y no tenemos a nadie que nos provea de ayuda en este momento", agregó.

Los seis ex detenidos arribaron a Uruguay en calidad de refugiados luego de que el ex presidente José Mujica, un ex guerrillero de 79 años, accediera a traerlos para colaborar con el cierre de la cárcel estadounidense en territorio cubano, una meta de su par Barack Obama.

"Estuvimos en prisión durante trece años sin una acusación sólida en nuestra contra y cuando nos liberaron dijeron que éramos personas inocentes y en contrapartida debería (Estados Unidos) darnos algo para compensar lo que tomaron de nuestras vidas", subrayó Hussein Shaaban.

La embajada de Estados Unidos en Uruguay dijo en un comunicado estar al tanto de la petición de reunión con sus autoridades e informó que la misma debe ser canalizada por la vía formal.

Los seis prisioneros -cuatro sirios, un tunecino y un palestino- habitan una casa cedida por una central sindical uruguaya en un barrio céntrico de la capital, Montevideo, aunque dos de ellos vivieron esporádicamente hasta ahora en un hotel cercano.

"¿Dónde ponemos a nuestros familiares si queremos traerlos? ¿En la calle? (...) Estamos muy molestos porque nos prometieron algo que no es así: ser refugiados con todos los derechos", finalizó Omar Mahmud Faraj.