-En los últimos días se anunció que Didi Chuxing, la compañía china que compite globalmente con Uber, estaba ofertando comprar en US$ 900 millones a su similar y líder en Brasil. Al mismo tiempo, el canciller chino, en la reunión Celac-China, que congregó a los cancilleres latinoamericanos y de China, en Santiago de Chile, anunció que América Latina sería parte del One Belt-One Road, la gigantesca iniciativa china en infraestructura que incluye Asia, África y Europa. ¿Cree usted que esto es una amenaza para los EE.UU., el poder dominante en la región por aproximandamente 200 años?

-Creo que la cosa más importante a reconocer es que esto es algo muy bueno para Latinoamérica, y muy bueno para el mundo entero. La naturaleza de este tipo de inversiones siempre significa más crecimiento económico, mas comercio y también un aumento en la conciencia global. Lo que significa a su vez que China tendrá más interés en la estabilidad y crecimiento de America Latina. Creo que sería un error mirar esto con ojos del Siglo XIX, es decir, que si es bueno para China entonces es malo para EE.UU. Si a América Latina le va mejor por el hecho de comerciar con China, a la economía estadounidense le puede ir muy bien también, y aumentar su comercio con una Latinoamérica a la que le está yendo mejor. De esta manera, todos los actores mejoran su posición. Es un win-win por donde se le mire.

“Espero que la ascensión de AMLO, si es que llega a ganar, no marque un punto de quiebre (…) un regreso al terrible populismo que le ha hecho tanto daño a A. Latina”

Sí tengo algunas preocupaciones respecto de China y la forma en que se involucra en el extranjero: cuando China invierte dinero ha mostrado una tendencia a promover, tolerar y permitir una gran corrupción e irregularidad en el país donde está invirtiendo. No pide que se acabe con la corrupción, no demanda transparencia. No pide una buena gobernanza. No pide el término de los abusos a los Derechos Humanos. Estas son áreas donde EE.UU. ha sido, en décadas recientes, una fuerza positiva y progresiva para América Latina, Asia y África. Mi esperanza es que China entienda que también puede jugar ese rol y que iría en su propio beneficio el crear un mundo de mayor transparencia, de mayor y mejor estabilidad y gobernanza.

-Concuerdo con usted, pero no veo que a la Administración Trump le preocupen aspectos como los DD.HH. y otros que usted menciona. Aunque era una política clara en el pasado.

-Usted apunta a una realidad bastante preocupante en EE.UU. y está completamente en lo correcto en que eso parece ser la inclinación de Trump. Pero yo soy renuente a decir que es la inclinación de la Administración Trump, porque no está claro que eso sea cierto para el Departamento de Estado. No es cierto que sea así para el Congreso, tampoco. Recordemos siempre que los EE.UU. son más grandes que solo un hombre y un presidente. Hay muchas instituciones en EE.UU. Hay muchas políticas y procedimientos que son el resultado de un conjunto mucho mayor y más viejo de instituciones, marcos y normas.

Una de las cosas que todos estamos tratando de entender en los EE.UU. es cuánto tiene Trump de aberración temporal y cuánto de nuevo estándar. Mi propia opinión es que, en muchas de estas áreas, Trump no podrá cambiar de forma permanente la trayectoria de la política estadounidense, que ha estado moviéndose por cuatro décadas en la misma dirección. Tiendo a imaginar, y ciertamente espero, que lo que vemos ahora con Trump sea un retroceso temporal, no permanente.

-Otro tema que preocupa en la región, y particularmente en México, es el futuro del Nafta, el TLC entre EE.UU., Canadá y ese país. ¿Cree usted que sobrevivirá el Nafta?

-No podría hacer ninguna proyección con certeza, porque hasta cierto punto lo que estamos haciendo todos es tratar de leerle la mente a un hombre. No es como tener en frente un conjunto de convincentes argumentos, que se puedan evaluar en base a su validez. Es realmente el estado de humor, de ánimo, de un solo hombre.

Mi sensación es que no se debe subestimar el grado en que Trump es un proteccionista y cuán hostil es frente al libre comercio. Esa es su creencia más central. Esta es una visión que él ha tenido desde que era desarrollador inmobiliario en 1985. Entonces, su primer aviso en The New York Times, proclamando sus ideas políticas, decía básicamente que los japoneses se estaban aprovechando de EE.UU., a través del libre comercio. Así que me preocupa mucho. Creo que es bastante posible que pida una renegociación bien radical del Nafta, en la que incluiría algunas de sus cláusulas más importantes, o bien que permita que todo colapse. Yo creo que es más factible que sea la primera opción, y que haya una revisión radical de algún tipo, y que los mexicanos y canadienses decidan que es mejor tener algo que nada, y que a regañadientes la acepten.

Todo el asunto es una tragedia, porque EE.UU., Canadá y México habían estado creando el mercado más dinámico del mundo después de la Unión Europea. Si ese mercado se hubiese ampliado, fortalecido y profundizado, podría haberse vuelto más importante que el de la UE, porque, después de todo, hay un mercado increíblemente vital y dinámico en los EE.UU.; una nación increíblemente rica en recursos naturales en Canadá; y una fuerza laboral de bajo costo en México. Es una combinación perfecta para crear una sola economía de Norteamérica que podría haberse extendido gradualmente hacia el sur.

-Pero quizá hay lugar para cierto optimismo. En 2017 hubo más autos exportados hacia los EE.UU., desde México, que en 2016, y hay compañías estadounidenses y japonesas invirtiendo en la industria automotriz en México. Por otra parte, Trump es tan impredecible.

-Lo que he llegado a concluir es que estamos viviendo en un periodo -y nuevamente espero que sea transitorio y no una nueva era- en el que la evidencia no es importante. Los hechos no son importantes, la lógica no es importante. Uno puede defender una causa con pruebas y evidencia, pero eso no hace la diferencia. Lo que estoy descubriendo -y creo que es algo que todos debemos aprender a combatir- es que estamos en una época de retorno a la política de las emociones, donde es mucho más importante llegar a la gente con emociones que con el intelecto, conectarse más desde el corazón que desde la cabeza. Trump es muy hábil para esto y lo sabe.

Yo no sé si el hecho de tener números que prueben que el Nafta es un win-win haga la diferencia. La realidad tangible es que la migración desde México a EE.UU. es casi cero en los últimos años, y sin embargo Trump ha sido capaz de crear este temor hacia los inmigrantes mexicanos y latinos. Siempre es fácil asustar a la gente con el otro, con el forastero, el extranjero, el outsider.

“EE.UU. está pasando por un declive, tienes a un gobierno que casi no cree en los valores liberales, y a una Europa que se ha vuelto inactiva en la escena internacional. Europa es muy poderosa económicamente, tiene casi el mismo tamaño de EE.UU., pero se ha vuelto en términos geopolíticos en un poder vacío”

 

PUNTO DE QUIEBRE

-Este año tendremos varias elecciones presidenciales clave en América Latina, en Colombia, Brasil, México mismo. En este último país encabeza las encuestas Andrés Manuel Lopez Obrador, conocido como AMLO. Se trata de un populista y con una retórica bastante anti EE.UU. ¿Cree usted que Trump o los EE.UU. estén preparados para lidiar con un presidente mexicano poco amistoso?

-Para Trump, tanto personal como políticamente es una cosa buena, porque él ha retratado a México en una cierta forma, como una fuerza negativa, como un socio difícil, como un problema, casi como un enemigo. Y si AMLO llega al poder, esa predicción, de alguna forma, se hará realidad. La triste realidad es que AMLO tiene mucho de producto de Trump; si bien siempre ha sido un factor político poderoso y casi ganó un par de veces, nunca ganó. Eso ha cambiado en el último año, con los ataques de Trump a México, cuando miró en menos al presidente de México, lo avergonzó. Entonces, los números de AMLO en las encuestas subieron y subieron. La llegada de AMLO tiene mucho que ver con la llegada de Trump.

Su elección sería un desastre para México, pero también tendría repercusiones más profundas: América Latina se ha estado moviendo en la dirección correcta en las últimas décadas, y especialmente en los últimos años. Si miras a América Latina, que en muchas formas es la cuna del populismo, lo que ves en México, Brasil, Argentina, Colombia, es a políticos muy listos, prácticos, pragmáticos, amigos del mercado y el libre comercio, asumiendo el poder. Espero que la ascensión de AMLO, si es que llega a ganar, no marque un punto de quiebre y que empecemos a ver un regreso al terrible tipo de populismo que le ha hecho tanto daño a América Latina.

-En Venezuela, Maduro ha establecido una real dictadura que parece sólida. Ahora ha llamado a elecciones totalmente fraudulentas y anti democráticas. ¿Cómo cree que va a lidiar Trump con Venezuela?

-Es una gran tragedia pensar que Venezuela fue alguna vez el país más próspero de América Latina y ver lo que han hecho con él. Creo que el problema no es tanto que Trump no sea duro. Él está feliz de ser duro con Venezuela. En Venezuela creo que se requiere una política bien sofisticada porque, tal como usted dice, es una dictadura firmemente establecida y que tiene algo de respaldo popular. Hay un peligro de guerra civil. Es una situación muy explosiva. Lo que se requiere es una mezcla de presión y negociación. Tienes que ser capaz de trabajar con otros países de la región y tratar de crear las circunstancias para una transición política.

Todo sugiere que lo que se necesita es una diplomacia muy activa y sofisticada. No hemos visto ese tipo de acercamiento de parte del gobierno de Trump en ninguna parte del mundo y no creo que lo veamos en el caso de Venezuela. Echar bravatas, eso lo hace muy bien Trump, pero eso no va a producir resultados en Venezuela.

 

“China es un país rico y grande y debería jugar un rol mayor en la escena mundial, lo que sería estabilizador. Rusia es un spoiler, Irán es un spoiler, Arabia Saudita lo es también. Venezuela es también un spoiler. Lo que me preocupa es que estos distintos poderes regionales se han vuelto más agresivos y osados, y representan una tendencia desestabilizadora”

VENCER EN LAS URNAS

-Vamos ahora a su propio país. ¿Qué espera que suceda en las elecciones de medio periodo en noviembre próximo?

-Mire, históricamente, el partido en el poder siempre ha perdido asientos en las elecciones que ocurren a mitad del mandato presidencial. Así que es una muy buena oportunidad para los demócratas. El problema es, creo, que la realidad es que a los EE.UU. le está yendo... ¿Sabe?: estamos yendo a esta elección en paz y prosperidad. Y esa dupla de paz y prosperidad es una buena fórmula para el partido gobernante. Además de eso, Trump es un político mucho más hábil de lo que la gente cree. Así que va a tratar de hacer de esta elección una especie de referéndum sobre temas como inmigración y temas culturales. Y la verdad del caso es que, en esos temas, él tiene mucho apoyo de parte de la ciudadanía.

-¿Y las investigaciones sobre la trama rusa, podrían cambiar esto?

-Bueno, eso definitivamente podría cambiar el juego, dependiendo de lo que encuentre (el fiscal especial del caso) Robert Mueller. Si hay evidencia real de colusión o de que los rusos tengan información financiera sobre Trump, o que Trump tiene obligaciones financieras con raíces en el gobierno ruso, todos esos hechos sí podrían cambiar definitivamente el juego.

Pero creo que el asunto más amplio está en esto: Trump representa algo nuevo en EE.UU. Y pienso que la mejor manera de enfrentarlo es derrotándolo con votos en una elección. No se puede esperar una solución mágica que provenga de Robert Mueller o de los tribunales. Creo que esas cosas pueden desacreditar a Trump, pero en último término no es positivo para el proceso político que Trump sea removido. Porque uno sabe que los defensores de Trump van a alegar que fue un golpe judicial en su contra. Creo que hay que ganarle en las urnas.

-Más allá de Trump, mucha gente piensa que el liderazgo de Occidente se está debilitando, mientras China incrementa su liderazgo global. ¿Coincide en que los EE.UU. están en un proceso de declive?

-Hay un elemento del declive estadounidense que es real y estructural. Es una realidad del mundo emergente, simplemente. Los mercados emergentes eran el 5% del PIB global hace 25 años. Hoy son el 45%. Hace 25 años, China era el 1% del PIB global, hoy es el 14%. Estos cambios económicos por supuesto que tienen consecuencias geopolíticas y por eso la capacidad de EE.UU. de casi dominar sin contrapeso al mundo se ha visto disminuida. No creo que eso sea algo malo en la medida que aún permita el tipo de estructura de un orden basado en reglas, de economía abierta y pro DD.HH., que los EE.UU. han promovido. Mientras esas fuerzas continúen siendo firmes, creo que estaremos bien.

Pero acá está el desafío: al mismo tiempo que los EE.UU. están pasando por este declive, tienes a un gobierno que casi no cree en estos valores liberales, que no cree en esa idea de un sistema internacional con base en los EE.UU. Y luego una Europa que se ha vuelto esencialmente inactiva en la escena internacional. Europa es muy poderosa. Económicamente tiene el mismo tamaño que los EE.UU., pero se ha convertido, en términos geopolíticos, en un poder vacío, es totalmente inactiva. Y eso es el 50% del PIB global y el 80% del gasto en Defensa.

Y lo que se está viendo ahora, en medio de estos vacíos y estas retiradas de la escena global, es la llegada de nuevos poderes. Creo que algunos de ellos están bien. China es un país rico y grande, debería tener un rol mayor y no me parece que sea muy desestabilizador. Los chinos tienen un interés en el sistema. Desafortunadamente Rusia no. Rusia es un spoiler (nación con una política desestabilizadora). Irán es un spoiler. Venezuela es un spoiler. Hasta Arabia Saudita, a su modo, es un spoiler. Así que lo que me preocupa son los distintos poderes regionales que se han vuelto más agresivos y más osados, y que tienen una tendencia no liberal y, en cierto sentido, desestabilizadora en el globo. Y lo que solía ayudar a retenerlos, unos EE.UU. activos e involucrados, no están presentes hoy en el mundo. Así que para mí ese es el gran peligro. Los EE.UU. están, sí, estructuralmente en declive, pero estaban aún activos, comprometidos en mantener el orden, economía abierta, valores liberales, derechos humanos. Y si EE.UU. no juega ese rol, y si Europa es incapaz de jugar ese rol, bueno, puede estar seguro de que China no lo va a jugar y Rusia tampoco. Y lentamente este orden mundial se erosionará. Ese es el real peligro.