Bagdad. Los viernes eran los días favoritos de los insurgentes sunitas en Irak: había abundantes opciones para los atacantes suicidas entre los musulmanes chiitas que acuden a las mezquitas a rezar.

Pero el ritmo de los ataques ha menguado desde la guerra sectaria del 2006 y 2007, y el viernes sólo el calor golpeaba implacable el concreto de la plaza al-Hurriya de Bagdad.

La gente rezaba al mediodía antes de dirigirse a casa. La vida transcurría con lentitud, demasiado lenta para un profesor universitario, un cristiano que atiende la librería de su difunto padre y espera un nuevo Gobierno. "Los iraquíes son anormales", dijo el hombre, negándose a dar su nombre.

Han pasado tres meses desde que los iraquíes realizaron elecciones para elegir un Gobierno el 7 de marzo, sin que hasta ahora exista una coalición para arreglar parte de un país en ruinas, un tema que está avivando la sensación de frustración.

La confianza en los políticos, muchos de ellos exiliados que llegaron con los tanques estadounidenses en el 2003, está en su nivel más bajo, tierra fértil para los extremistas que mantuvieron un perfil bajo para las elecciones con la esperanza de sacar ventaja.

"Sólo les interesan dos cosas, la bolsa y la silla. La bolsa en la que ponen su dinero, y la silla de la que no se quieren levantar", dijo Ahmed Mohammed Shandal, el propietario de una ferretería de 35 años, con la imagen del clérigo chiita Moqtada al-Sadr pegada sobre su caja registradora.

Han pasado tres meses desde que los iraquíes realizaron elecciones para elegir un Gobierno el 7 de marzo, sin que hasta ahora exista una coalición para arreglar parte de un país en ruinas.

Los comicios arrojaron un ganador por poco margen: el bloque interreligioso Iraqiya del ex primer ministro Iyad Allawi.

"Ladrones". Allawi ganó gracias a los votos de la minoría sunita, que espera compartir el Gobierno con la mayoría chiita fortalecida por la invasión estadounidense que derrocó al dictador sunita Saddam Hussein.

En el 2005, pasaron cinco meses hasta que se conformó un Gobierno. Esta vez, la coalición Iraqiya respaldada por los sunitas dice tener el derecho de ejercer la mayoría gobernante, con Allawi al mando.

Corre el riesgo de tener menos habilidad que los bloques chiitas en segundo y tercer puesto del actual primer ministro Nuri al-Maliki y el clérigo anti-estadounidense Sadr, quien tiene estrechos lazos con Irán.

En cambio los bloques se pelean por quién será el primer ministro y Maliki se resiste a los pedidos de los sadristas para que de un paso al costado.

"Antes de que Maliki llegara al poder, nadie lo conocía", dijo el hermano del profesor universitario, quien también se negó a ser nombrado. Ahora resulta que es 'al-Dharorah'", agregó, usando un término en árabe antes reservado para Saddam y que significa "el necesario".

En su tienda de ropa, Abdullah al-Abdullah, se secaba el sudor de su cabeza calva y se disculpaba de que no había electricidad para hacer andar el aire acondicionado. Casi nunca hay. "Son todos ladrones. Nosotros no tenemos nada. No hay electricidad, no hay agua", dijo.

La Corte Suprema certificó los resultados de las elecciones el 1 de junio, después de un largo recuento y proceso de apelaciones que no cambió nada.

El Parlamento debe reunirse antes del 16 de junio, pero todavía podrían faltar meses hasta que se conforme un Gobierno, hasta bien entrada la próxima fase del repliegue estadounidense, cuando el número de tropas caerá de poco menos de 90.000 a 50.000 para el 1 de septiembre.

Panorama negativo. Los sunitas ni se inmutan ante el prospecto de quedar marginados, habiendo votado nuevamente en contra de los insurgentes que les advirtieron que no lo hicieran. También hay temor de que milicias chiitas como el Ejército Mehdi de Sadr puedan reaparecer para reclamar su porción del poder.

Los vecinos de Irak se pelean por asegurar un Gobierno amigable en Bagdad, alimentando la percepción común entre los iraquíes desde que los británicos definieron sus fronteras de que su destino está trazado por poderes externos.

"Está en manos de Irán, Arabia Saudita, Turquía y Siria. Ellos decidirán cómo se conformará este Gobierno", dijo Zuhair Salih, un chiita desocupado en el polo petrolero de Basora al sur del país.

Allawi ha advertido que cualquier intento de excluir a su bloque del Gobierno podría desencadenar el recrudecimiento de la violencia. El sábado, un segundo candidato de Iraqiya fue asesinado a balazos en la ciudad de Mosul al norte del país, un asesinato que el bloque dijo que era claramente político.

El mismo día, el Ejército iraquí retiró el derecho a portar armas a 10.000 ex insurgentes sunitas, que ayudaron a cambiar el curso de la guerra al unirse a las fuerzas iraquíes y estadounidenses para luchar contra Al Qaeda.

En una peluquería sunita en Bagdad, Saif Ghazi, un joven desempleado de 25 años tenía una advertencia para los chiitas que piensan en marginar a los sunitas: "Iraqiya tomará la iniciativa en la conformación del Gobierno ya sea que los otros lo acepten o no".

Estados Unidos, dijo, debe apoyar la democracia respaldando a Iraqiya. De otro modo, indicó Othman Salia, un sunita en Basora, "los asesinatos, la violencia y las explosiones regresarán".

Pero se espera que Estados Unidos se retire por completo para fines del 2011. Cuando se le preguntó qué ocurrirá entonces, un hombre chiita en Bagdad, quien pidió no ser nombrado, replicó: "La guerra civil".

Mientras tanto Bagdad transpira sin suministro eléctrico, a menudo sin agua, y sin Gobierno. "El panorama es negativo. La calma superficial de Bagdad podría ser engañosa", escribió la semana pasada Joost Hiltermann, del grupo de expertos International Crisis Group.