Osh, Kirguistán. Las fuerzas de Kirguistán comenzaron a retirar el domingo las barreras que dividen a la dañada ciudad de Osh, mientras el gobierno extendió el estado de emergencia en algunas regiones donde han muerto hasta 2.000 personas en enfrentamientos étnicos.

Sin embargo, vehículos, neumáticos y montones de escombros siguen cerrando los pasajes en el centro de Osh que llevan a los vecindarios ocupados por residentes de etnia uzbeka, que aún temen más violencia.

"Ahora nos parecemos a los palestinos. Nos atacan con rifles, mientras que nosotros sólo podemos usar piedras", dijo Mavlyuda Mamadzhanova, integrante de la etnia uzbeka que huyó de su casa cuando fue atacada.

Los enfrentamientos étnicos en el sur de Kirguistán han provocado la muerte de 2.000 personas y desplazado a otras 400.000, quienes están en atiborrados campamentos de refugiados a ambos lados de la frontera entre Kirguistán y Uzbekistán, con poco acceso a agua potable y alimentos.

Estados Unidos y Rusia, ambos con bases militares aéreas en el estratégico país musulmán, están preocupados de que si continúan los disturbios en Kirguistán se puedan extender a otras partes del Centro de Asia, una antigua región soviética al norte de Afganistán.

Oficialmente la cifra de muertos se eleva en torno a las 190 personas, pero el gobierno dice que probablemente es 10 veces mayor.

La violencia comenzó el 10 de junio con ataques coordinados de individuos no identificados que usaban pasamontañas y llevaron rápidamente a fieros enfrentamientos entre uzbekos y kirguisos, dijeron testigos.

Hogares en su mayoría uzbekos fueron blanco de ataques durante tres días de disturbios, en los que vecindarios completos fueron arrasados por las llamas. Naciones Unidas dijo que cerca de un millón de personas resultaron afectadas.

Uzbekos, atemorizados. La líder interina Roza Otunbayeva, cuyo gobierno asumió el poder después de que el presidente Kurmanbek Bakiyev fue derrocado en una revuelta el 7 de abril, ha luchado por conseguir el control en el sur del país.

El domingo, el gobierno interino extendió el estado de emergencia en Osh y tres regiones cercanas hasta el 25 de junio, dos días antes de un planeado referendo sobre una reforma constitucional que podría dar mayor autoridad al primer ministro.

Las autoridades kirguisas dicen que las barricadas deben ser eliminadas para ayudar a retomar la vida normal.

Unos pocos negocios reabrieron en la calle Navoi. "Ellos son de la etnia uzbeka, pero son ciudadanos kirguisos. No se le está restringiendo el movimiento", dijo un funcionario de seguridad kirguiso en un puesto de control, quien declinó dar su hombre.

Armado con un rifle, portaba una camiseta y llevaba lentes de sol.

No obstante, residentes uzbekos tienen miedo de que se produzca más violencia.

"Ya no confiamos en estas patrullas. La última vez, sólo despejaron el camino para estas pandillas", dijo Hairulla Jalalov, de 53 años, quien estaba ayudando a coordinar refugiados en un volátil distrito de Osh.

Condiciones desesperadas. La cifra oficial de muertos se eleva en torno a las 190 personas, pero el gobierno dice que probablemente es 10 veces mayor.

El enviado de Estados Unidos a Asia Central instó el sábado a Kirguistán a crear las condiciones para un regreso seguro de los refugiados.

El secretario de Estado adjunto Robert Blake, en comentarios tras dialogar con funcionarios kirguisos, dijo que debe realizarse una investigación internacional de las posibles causas de la violencia.

El pequeño y mal equipado Ejército de Kirguistán ha luchado por imponer el orden en el sur y organizaciones de asistencia han sido incapaces de alcanzar las áreas más afectadas por razones de seguridad.

Además de los campos a ambos lados de la frontera entre Kirguistán y Uzbekistán, algunos refugiados viven en condiciones desesperadas en las afueras de Osh.

En Kirguistán, una complicada unión de clanes y tribus, la partida de Bakiyev provocó una fiera competencia por el control de los negocios en un país que se encuentra en una importante ruta del narcotráfico procedente de Afganistán.

Históricamente ha existido una fuerte rivalidad entre uzbekos y kirguisos, pero muchos observadores dicen que los partidarios de Bakiyev que permanecieron en el país están aprovechando las divisiones étnicas para recuperar su fuerza.

El gobierno interino ha acusado a los partidarios del ex presidente de provocar la violencia. Bakiyev, de etnia kirguisa y quien se encuentra actualmente en el exilio en Bielorrusia, ha rechazado cualquier participación.