Buenos Aires. Actos políticos, reuniones frenéticas en busca de alianzas y giras de precandidatos aceleraron la campaña electoral en Argentina con miras a la aún distante elección presidencial de 2011, a la que el oficialismo y oposición llegan con fuerzas y debilidades.

El oficialismo peronista, que gobernó con políticas estatistas entre 2003 y 2007 de la mano del ex presidente Néstor Kirchner y luego con su esposa y sucesora, la actual mandataria Cristina Fernández, se ha fortalecido recientemente gracias a un repunte económico, aunque una alta inflación y la inseguridad urbana pesan sobre sus posibles candidaturas.

La oposición, en tanto, un conglomerado que incluye facciones peronistas opositoras a los Kirchner, grupos de centroizquierda y un partido de centroderecha cuyo líder enfrenta un escándalo por escuchas ilegales, comenzó a agruparse para mejorar su oferta electoral.

Ese escándalo, que se arrastra desde el año pasado y ha llevado al procesamiento judicial del alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, líder del centroderechista PRO, podría conspirar contra los anhelos presidenciales del también ex presidente del popular club de fútbol Boca Juniors.

"Veo tres fuerzas políticas, dos peronismos (oficialista y opositor) y un radicalismo (UCR, socialdemócrata). Un peronismo dividido que es muy difícil que se junte (...) y un radicalismo que está demostrando madurez como para tener un candidato único", dijo Julio Bárbaro, un veterano dirigente peronista y ex funcionario.

El analista político Roberto Starke, de Infomedia Consulting, coincidió que "en principio el escenario electoral se divide en (estos) tres tercios".

Aspirantes. Dentro del oficialismo, Kirchner es visto como el candidato con más peso, aunque su esposa y presidenta Fernández aludió recientemente a la posibilidad de presentarse para una reelección.

La elevada imagen negativa de ambos, que llega a entre 65% y 70%, es un fuerte contrapeso para la pareja, que podría verse complicada en caso de una segunda vuelta electoral, opinó el analista político Jorge Giacobbe.

El peronismo disidente es una incógnita mayor, que se debate entre posibles candidaturas del ex presidente Eduardo Duhalde, quien gobernó entre 2002 y 2003 en medio de una crisis económica, y el actual diputado Felipe Solá.

Los posibles candidatos de ese sector pretenden que en la fórmula presidencial los acompañe el ex piloto de Fórmula 1 Carlos Alberto Reutemann, ex gobernador de la rica provincia de Santa Fe y el peronista con mayor imagen positiva.

La tercera fuerza política es el radicalismo, aliado con un bloque socialista.

El vicepresidente Julio Cobos, enfrentado con la presidenta desde 2008, es un posible candidato de ese sector, aunque su figura se ha visto crecientemente opacada por la del diputado socialdemócrata Ricardo Alfonsín, hijo del ex presidente Raúl Alfonsín (gobernante entre 1983 y 1989).

"Se está instalando la figura de Alfonsín como la figura de una persona humilde que escucha (...) Ellos están logrando construir alrededor de Alfonsín", agregó Bárbaro.

¿Segunda vuelta asegurada? Ante este escenario, el analista político Pascual Albanese, del Instituto de Planeamiento Estratégico (IPE), consideró que "la situación actual de tres bloques, en términos electorales, da la sensación de que lleva casi inexorablemente a lo que sería una elección de segunda vuelta".

En Argentina, para evitar una segunda vuelta electoral, un candidato debe obtener 45% de los votos, o 40% y una diferencia mínima de 10 puntos con los demás candidatos.

"De los dos peronismos, uno va a ir al balotaje (segunda vuelta), y me parece que puede ser el turno del radicalismo", concluyó Bárbaro.

El 14 de agosto se realizarán elecciones primarias abiertas en Argentina y se espera que el gobernador de la sureña provincia de Chubut, Mario Das Neves, sea el principal contendiente de Kirchner en los comicios internos del poderoso partido peronista.

La prueba definitiva será en las presidenciales de octubre del próximo año.