Trujillo, Perú. Keiko Fujimori busca convertirse este domingo en la primera presidenta de Perú, pese a que lleva sobre sus hombros un apellido que para algunos significa estabilidad económica pero para otros violación a los derechos humanos y corrupción.

De ser elegida en esta incierta segunda vuelta, la legisladora de 36 años deberá liderar una de las economías que más crece en el mundo con miras a intentar repetir los aciertos y a la vez evitar los errores de su progenitor, el encarcelado ex presidente peruano Alberto Fujimori.

El recuerdo de esos errores y la marca de haber sido Primera Dama durante parte del Gobierno de su padre la ha acechado con fuerza en la recta final de la contienda electoral, haciendo tambalear el apoyo de algunos votantes.

Lo suficiente como para que la diferencia frente a su contrincante, el nacionalista Ollanta Humala que enerva a los mercados financieros, se haya reducido a apenas dos puntos porcentuales en dos encuestas realizadas esta semana.

Algunos peruanos no perdonan los abusos a los derechos humanos cometidos durante el gobierno de su padre ni su renuncia vía fax desde Japón, cuando se vio acorralado por el peor escándalo de corrupción en la historia peruana.

La legisladora, madre de dos niñas pequeñas, también ha descartado indultarlo (a Alberto Fujimori), diciendo que confía en que será absuelto por la Justicia, pese a que cuando fue condenado en el 2009 afirmó que lo haría.

Por ello, Fujimori cedió a lo que hasta la primera vuelta del 10 de abril le había costado: ofrecer disculpas por los excesos cometidos durante la década en la que su padre gobernó Perú con mano dura.

"Durante mi gobierno nos aseguraremos de que este tipo de excesos nunca más se vuelvan a cometer", prometió la candidata, de hablar y actuar pausado.

El desmarque fue notorio. Tanto así que en su mitin de cierre en el interior del país -celebrado esta semana en una abarrotada plaza de la norteña ciudad de Trujillo-, Fujimori jamás evocó a Alberto Fujimori.

A diferencia de la primera vuelta, cuando llegó a pedir eufórica a sus simpatizantes que sus gritos y aplausos "se escuchen hasta la Diroes", el penal donde su padre está preso desde el 2007 luego de haber sido extraditado de Chile.

"Yo gobernaré". Muchos dicen que Alberto Fujimori será quien gobierne en la sombra si su hija gana la presidencia.

Otros también le critican su juventud, partiendo de que el actual mandatario, Alan García, tuvo a los 35 años un gobierno nefasto que fue sucedido precisamente por el de Fujimori.

Pero la candidata por el partido Fuerza 2011 ha buscado con aplomo y seguridad aplacar esos temores.

"Si soy elegida presidenta del Perú, las decisiones las voy a tomar yo", dijo en una entrevista con Reuters.

"Tuve opiniones discrepantes cuando a los 24 años yo estuve en contra de la tercera reelección y firmé el referéndum. Yo solicité a mi padre que no renunciara en Japón y me quedé en el Perú", afirmó.

La legisladora, madre de dos niñas pequeñas, también ha descartado indultarlo, diciendo que confía en que será absuelto por la Justicia, pese a que cuando fue condenado en el 2009 afirmó que lo haría.

Un legado paradójico. Pero su herencia política, que ha defendido desde joven con uñas y dientes, es a la vez el principal activo de la candidata y el que podría hacer que logre la presidencia al igual que Dilma Rousseff en Brasil y Michelle Bachelet en Chile.

Muchos agradecen a Alberto Fujimori el haber luchado contra las guerrillas izquierdistas que asolaron a Perú en las décadas de 1980 y 1990.

También lo recuerdan por haber puesto orden en una atribulada economía con hiperinflación, lo que le ha sumado a Fujimori los votos de peruanos temerosos de que Humala ahuyente las inversiones con una economía estatista.

"Así como trabajaré por el crecimiento de mis país, me comprometo que así como derrotamos el terrorismo vamos a derrotar la delincuencia", dijo en su mitin en Trujillo, donde hasta bailó la tradicional marinera con su esposo, el estadounidense Mark Vito.

De ojos ajados por su ascendencia japonesa, Fujimori ha estado involucrada en la política desde joven.

Primero acompañó a su padre en sus giras proselitistas por el país cuando éste era un desconocido que se enfrentaba al escritor Mario Vargas Llosa en la elección de 1990. Después como Primera Dama cuando se separaron sus padres.

Tras concluir una maestría en administración de empresas en la Universidad de Columbia en Estados Unidos, regresó a Perú y en el 2006 fue electa congresista.