El presidente Hosni Mubarak mantuvo este lunes su primera reunión con el nuevo gabinete de Egipto desde que un levantamiento comenzó hace dos semanas, sin progresos concretos en las conversaciones con los islamistas y una oposición que demanda su salida inmediata.

Mubarak, que rechaza las peticiones para que renuncie a su presidencia de 30 años antes de las elecciones de septiembre diciendo que su salida generaría caos en el país árabe más poblado del mundo, ha tratado de restaurar el orden.

Pero los manifestantes, quienes acampan en la plaza Tahrir de El Cairo, han prometido permanecer hasta que el mandatario renuncie y esperan llevar de nuevo su campaña a las calles con manifestaciones masivas este martes y viernes.

El proscrito partido Hermandad Musulmana estaba entre los grupos que se reunieron durante el fin de semana, una señal de cuánto ha cambiado el gobierno en estos 13 días que sacudieron al mundo árabe y alarmado a las potencias occidentales.

Sin embargo, figuras de la oposición reportaron que hubo poco progreso en las conversaciones. Mientras que los manifestantes quieren que Mubarak se vaya ahora mismo, muchos otros temen que cuando se marche, sea reemplazado no por un gobierno democrático sino por otro autoritario.

El prudente enfoque del gobierno estadounidense frente a la crisis que sacude a su socio estratégico en Oriente Medio tuvo un precio: abandonar a los manifestantes que reclaman la renuncia inmediata de Mubarak para que puedan iniciar negociaciones políticas serias.

Con un gobierno comprometido a la reforma, una oposición con limitada experiencia política, un proceso constitucional que impide cambios precipitados y un importante rol estratégico, los próximos pasos de Egipto deben ser cuidadosamente analizados, dicen funcionarios estadounidenses.

La oposición logró avances en las últimas dos semanas.
Mubarak, de 82 años, dijo que no volvería a buscar la presidencia. Además, su hijo fue descartado como su posible sucesor, se ha nombrado un vicepresidente por primera vez en 30 años, el partido gobernante ha renunciado y el viejo gabinete fue reemplazado.

Pero quizás el cambio más importante sea que ahora cientos de miles de manifestantes salen sin problemas a las calles. Antes del 25 de enero, se hubieran encontrado con una dura reacción policial.

Egipto es un aliado clave de Estados Unidos y su Ejército recibe US$1.300 millones por año de Washington.

Más allá del horizonte.  Suavizando su postura de que Mubarak debe renunciar, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, dijo que su política en Egipto mira "más allá del horizonte" a su posible futuro democrático, que debe ser planeado con cautela.

El prudente enfoque del gobierno estadounidense frente a la crisis que sacude a su socio estratégico en Oriente Medio tuvo un precio: abandonar a los manifestantes que reclaman la renuncia inmediata de Mubarak para que puedan iniciar negociaciones políticas serias.

Mientras que los aliados se unieron en torno a la posición estadounidense, el portavoz de la canciller alemana Angela Merkel, Steffen Seibert, dijo que es claro que Mubarak se halla en su etapa final y que habrá otros líderes.

"Eso es lo importante para nosotros, que esta nueva dirección es clara e irreversible", sostuvo.

Deseoso por lograr que el tráfico empiece a movilizarse alrededor de la plaza Tahrir, el ejército intentó este lunes a primera hora despejar la zona ocupada por los manifestantes. Estos salieron de sus carpas y rodearon a los soldados que trataban de acorralarlos en una reducida área.

Preocupados de que el intento del ejército gane terreno, decenas de manifestantes durmieron dentro de camiones o vehículos militares.

"El ejército se está inquietando y también los manifestantes. El ejército quiere reducirnos en un pequeño círculo en el medio de la plaza para que el tráfico empiece a moverse de nuevo", sostuvo a Reuters por teléfono Mohamed Shalaby, un activista de 27 años.

El país volvió al trabajo este domingo y los bancos reabrieron sus puertas después de una crisis de una semana, mientras los clientes hacían largas filas para tratar de acceder a sus cuentas. Las escuelas permanecían cerradas.

Importantes compañías egipcias reanudaron sus actividades. Orascom Construction Industries (OCI), la mayor que opera en bolsa en el país, informó que había retomado sus operaciones casi en el 90% de sus sitios de construcción a partir del domingo.

En otra medida para restablecer la normalidad, las autoridades acortaron un toque de queda ampliamente ignorado por el núcleo duro de los manifestantes. Ahora comenzará a las 20 y terminará a las 6 hora local.

Muchos egipcios, incluyendo quienes participaron en las protestas masivas de la semana del 31 de enero, están desesperados por volver a la normalidad y preocupados por el impacto de la crisis en la estabilidad, la economía y el turismo.

La libra egipcia cayó a un mínimo de seis años en el segundo día de operaciones luego de un cierre de una semana. Los operadores dijeron que los bancos estatales parecían estar vendiendo dólares para apuntalar a la libra.

"Las cosas están estables. No puedo decir que están bien, pero no están colapsando", dijo uno de ellos en un banco basado en El Cairo. La bolsa aún estaba cerrada y el Banco Central redujo el tamaño de su letra del Tesoro, posiblemente por temor a que los inversores no compren el monto completo.

Hoja de ruta no convence. Los ministros sostuvieron su primera reunión de gabinete desde que Mubarak reorganizó el gobierno el 28 de enero en un intento por aplacar a los manifestantes enfurecidos por años de corrupción, dificultades económicas y opresión política.

La presencia en el diálogo de la Hermandad Musulmana, cuyos miembros fueron reprimidos durante años por las temidas fuerzas de seguridad de Mubarak, fue un avance significativo.

El gobierno dijo después de la reunión el fin de semana, encabezada por el vicepresidente Omar Suleiman, que se acordó redactar una hoja de ruta para las conversaciones, un indicio de que Mubarak continuará en el poder para supervisar el cambio.

También tomaría medidas para liberar a los activistas encarcelados, garantizar la libertad de prensa y levantar las leyes de emergencia en el país. Asimismo, se estableció una comisión para estudiar temas constitucionales.

Pero la oposición dijo que el gobierno no cumplió con la demanda de una reforma completa del sistema político.

Abdel Monem Aboul Fotouh, un importante miembro de la Hermandad, dijo que el comunicado del gobierno representaba "buenas intenciones pero no incluye ningún cambio sólido".

Essam al-Erian, otro prominente miembro del partido, señaló el lunes que el comunicado emitido luego de la reunión entre Suleiman y la oposición el día anterior no había sido firmado por los participantes.

El documento fue publicado luego de que se fueran del encuentro y sin que pudieran ver su versión final, indicó a Reuters.

Activistas opositores rechazan cualquier compromiso que consista en que Mubarak entregue el poder a Suleiman pero que también termine su mandato, apoyándose en el viejo sistema autoritario para allanar el camino hacia una democracia completa y dejar el cargo de manera más honorable.