Bengasi. Fuerzas leales a Muammar Gaddafi lanzaron un contraataque este jueves mientras los rebeldes desafiaban el control del líder libio al tomar importantes localidades cercanas a la capital.

La oposición ya controla grandes centros en el este, como la capital regional Bengasi, y reportes de que las localidades de Misrata y Zuara, en el oeste, también cayeron colocaron a la oleada de rebelión más cerca de la base de poder del veterano presidente.

Hombres leales a Gaddafi atacaron este jueves milicias antigubernamentales que controlan Misrata y mataron a varias personas en enfrentamientos en el aeropuerto de la ciudad.

"La brigada (pro Gaddafi) ha logrado controlar el sitio pero aún intentamos hacerlos retroceder. Se están produciendo choques en este momento", dijo un testigo a Reuters.

La violencia también llegó a la localidad de Az-Zawiyah, a sólo 50 kilómetros al oeste de la capital Trípoli.

El canal Al Jazeera mostró imágenes este jueves de lo que describió como una estación de policía incendiada. Pero un testigo indicó a Reuters que el Ejército libio mantenía una fuerte presencia allí.

Las fugaces y difusas imágenes de Az-Zawiyah fueron seguidas por otras tomas de alrededor de 20 cuerpos, la mayoría de ellos con sus manos atadas detrás de la espalda. La cadena satelital dijo que los hombres habían sido baleados por negarse a disparar contra los manifestantes.

El canal Al Arabiya informó que Gaddafi hablaría a los residentes de la zona en breve.

El levantamiento ha virtualmente interrumpido las exportaciones de petróleo, informó el presidente de la italiana ENI, la mayor compañía extranjera que opera en Libia. Los disturbios han impulsado los precios del petróleo a niveles que amenazan la recuperación económica global.

Milicias opositoras tienen el control de Zuara, ubicada a unos 120 km al oeste de Trípoli, dijeron trabajadores de la construcción egipcios que huyeron hacia Túnez.

No había señales de la policía o el ejército y la ciudad estaba al mando de "comités populares" armados con armas automáticas.

"La gente tiene el control. Las estaciones de policía han sido incendiadas y no vimos ningún policía ni soldado en los últimos días", dijo el trabajador egipcio Ahmed Osman luego de abandonar el pueblo y cruzar la frontera hacia Túnez.

Esa ola podría haber llegado hasta Misrata en el oeste, una ciudad a unos 200 kilómetros al este de Trípoli, donde un comunicado que supuestamente corresponde a abogados y jueces dijo que ellos, con la ayuda de oficiales militares "honestos", habían removido a los agentes del "régimen opresivo".

Líderes mundiales condenaron la represión de Gaddafi a una revuelta que ha dividido a Libia, pero tomaron pocas acciones para detener el derramamiento de sangre producto de la última agitación que sacude al mundo árabe.

El presidente estadounidense, Barack Obama, hizo sus primeros comentarios públicos, condenando como "vergonzosos" e "inaceptables" los ataques contra manifestantes que han dejado cientos de muertos en 10 días.

Desafío. Pero parece haber poca cohesión y urgencia en una respuesta global, aún cuando Washington y Bruselas hablaron de posibles sanciones contra el hombre que por 41 años ha estado en el poder en Libia y ha desafiado ideológicamente a Occidente.

La nación desértica que bombea casi 2% de la producción mundial de crudo.

"Es imperativo que los países y los pueblos del mundo hablen con una voz", dijo Obama. "El sufrimiento y el derramamiento de sangre es vergonzoso", agregó.

El ministro de Defensa francés, Alain Juppe, declaró que esperaba que Gaddafi estuviera "viviendo sus últimos momentos como líder". El ministro de Relaciones Exteriores británico, William Hague, instó al mundo a incrementar la presión sobre el mandatario, que parece estar perdiendo el control sobre Libia.

Las exportaciones de petróleo que Gaddafi usó para poner fin a su aislamiento en la década pasada le han dado los medios para resistir la suerte de sus vecinos inmediatos, los presidentes de Túnez y Egipto, que fueron derrocados por revueltas populares en las últimas semanas.

Hasta 1.000 personas podrían haber muerto en Libia, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Italia. Reportes no confirmados indicaron que soldados y mercenarios africanos dispararon contra los manifestantes.

Como en otras partes del mundo árabe, los manifestantes en Libia parecían estar impulsados principalmente por la frustración con la opresión política y las dificultades económicas, y son en gran parte seculares.

Pero el jueves, la rama de Al Qaeda en el Norte de Africa expresó su apoyo a la causa de los sublevados, instándolos a "continuar su lucha y revolución y a escalarla para derrocar al tirano criminal", de acuerdo al grupo de inteligencia SITE.

Miles de extranjeros -desde médicos a contratistas petroleros- huyeron de Libia a través de sus puertos y fronteras en evacuaciones masivas de emergencia.

En ciudades como Bengasi y Tobruk, los soldados y policías se han retirado o sumado a los grupos de oposición que comienzan a proveer cierto orden y servicios.

En Trípoli, que sigue cerrada a los medios internacionales, habitantes locales dijeron que las calles estaban tranquilas pero que tenían miedo de salir a las calles por temor de ser baleados por fuerzas pro gubernamentales.

"Muchas personas tienen miedo de dejar sus hogares en Trípoli y hombres armados leales a Gaddafi están dando vueltas amenazando a las personas que se juntan en grupos", dijo el tunecino Marwan Mohammed mientras cruzaba la frontera del oeste de Libia hacia Túnez.

Festejos en Begasi. La riqueza petrolera ha hecho de Libia -un país poco poblado que se extiende del Mediterráneo al desierto del Sahara- un importante destino de las inversiones occidentales y ha permitido a Gadafi hacer aliados potenciales en foros como la ONU.

Las diferencias entre las potencias mundiales sobre cómo responder, algunas motivadas por el temor a poner en peligro la seguridad de los ciudadanos extranjeros atrapados en el país, parecen limitar la perspectiva de medidas internacionales inmediatas.

En Bengasi, cuna del levantamiento y lugar donde viven tribus tradicionalmente hostiles a Gaddafi, miles de personas salieron a las calles, lanzando fuegos artificiales y ondeando la bandera roja, negra y verde de la época anterior al golpe de Estado del coronel en 1969.

Un responsable médico dijo que unas 320 personas murieron en esta ciudad desde que empezaron las protestas.