Tras 14 años de un gobierno encabezado por un militar retirado, la llegada de un civil a Miraflores significa el inicio de un nuevo tipo de relación entre el Ejecutivo y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Un sector que luego de estar más de 40 años limitado al recinto cuartelario fue catapultado por el fallecido presidente Hugo Chávez a la palestra pública, adquiriendo un rol protagónico en el devenir del país.

"La Fanb es un recurso logístico de incalculable valor en los momentos actuales para el Estado, pero es importante volver al control democrático del componente militar", señala la abogada y especialista en seguridad y defensa Rocío San Miguel, cuya opinión engloba lo que parece ser un secreto a voces: que la gobernabilidad pasa por tender puentes a un estamento militar empoderado, pero que necesariamente debe estar subordinado a un gobierno civil.

En la acera de enfrente, el analista político Farith Fraija recuerda que aunque Chávez era un militar, su gobierno no fue militarista, razón por la cual aunque el nuevo presidente no posee formación castrense, no tendrá que lidiar con una situación muy distinta a la que pudiera encontrarse cualquier jefe de Estado que cuenta con un sector militar subordinado a los poderes públicos.

Esto significa que la relación será otra y, aunque para el gobierno resulta descabellado pensar que la Fanb tenga mayor influencia en la estabilidad institucional, basta recordar el comentario hecho por Heinz Dieterich, uno de los ideólogos de la revolución bolivariana, quien a finales de 2012, cuando el presidente Chávez aún convalecía en La Habana, señaló al diario brasileño Folha de Sao Paulo que los militares "leales a Chávez" serían "el factor clave" para la sucesión presidencial en Venezuela.