La inferencia es sencilla: la sostenibilidad de la dolarización depende de la vitalidad de la balanza de pagos. Mientras las entradas de dólares superen sus salidas, existirá la liquidez necesaria en el sector real de la economía para mantener dinámico el aparato productivo ecuatoriano. Si sucede lo contrario, y hay una escasez de divisas, la economía interna se contrae quebrantando la expansión productiva y el empleo.

¿Han sido efectivas las acciones adoptadas por el gobierno de Correa para sostener las cuentas externas?

Por un lado, la política restrictiva para frenar las importaciones con la imposición temporal de salvaguardias y recargas arancelarias a 627 subpartidas a principios de 2009, tuvo los efectos buscados por el régimen: las importaciones cayeron 20%, a US$14.095 millones. Sin embargo, esta reducción de las compras externas fue insuficiente para compensar el descenso del 27% en las exportaciones totales que finalizaron el año anterior en US$13.762 millones, debido sobre todo a la dramática caída de los precios del crudo de US$83 a US$51 el barril, entre 2008 y 2009. Resultado: déficit comercial global de US$333 millones, el primero desde 2003.

El margen de acción para el gobierno de Correa es cada vez más estrecho. Retomar una política comercial prohibitiva, para frenar las importaciones, es contraproducente en el escenario actual, pues puede fomentar el contrabando (lo que reduce los ingresos tributarios para el Estado), elevar la tasa de desempleo vinculada al sector comercial, y sobre todo, derivar en represalias comerciales por parte de los socios fronterizos.

Tampoco resulta prudente depender de un fluctuante entorno internacional para nutrir la cuenta corriente. Los ingresos petroleros tambalean ante unos precios del crudo tremendamente volátiles; los esperados recursos de las remesas se debilitan por el alto desempleo que aqueja al emigrante latino (12% en EE.UU., 31% en España), y la ventaja devaluatoria del dólar en el mercado de la Eurozona se hace cada vez más incierta, cara a una crisis generalizada de la Unión Europea que desencadena en una fuerte depreciación del euro.

Entonces, ¿qué opciones reales tiene el actual régimen para sostener las cuentas externas? Primero, aceptar que sin las inyecciones esperadas del petróleo, remesas y exportaciones privadas, la sostenibilidad de la balanza de pagos está en serio riesgo -este año al menos- de que dé un giro de 180 grados para incrementar la producción petrolera, incentivar al sector exportador privado y aumentar los flujos de capitales externos (inversión extranjera directa y financiamiento).

Asimismo, reconocer que su discurso y accionar confrontativo mantienen las inversiones productivas en stand by. En el campo petrolero, las disputas con las compañías privadas, por las constantes modificaciones contractuales (salida del Ciadi, participación extraordinaria del 99%, irrespeto al Tratado Bilateral de Protección de Inversiones), generan desánimo para inyectar recursos en exploración.

El desaliento es similar en las demás actividades empresariales por la conjunción de los siguientes hechos: constantes reformas tributarias (una por año), política salarial demagógica, amenaza de profundizar la reforma agraria, fijación y congelación de precios de varios productos agrícolas, nuevas leyes de Aguas y Soberanía Alimentaria, creación de empresas estatales que competirán deslealmente con las privadas, justicia parcializada y politizada, ymanejo monetario incongruente (descapitalización de la RILD, pérdida de autonomía del BCE).

Así como el impuesto del 2% a la salida de capitales fue insuficiente para retener los capitales dentro del país, forzar al sector bancario a traer sus recursos del exterior, con el pretexto de elevar la liquidez al servicio de las empresas, es una medida errónea si no se imparte la confianza necesaria para que los ahorristas mantengan sus recursos en la nación y los coloquen en una banca confiable capaz de otorgar sin recelo créditos productivos de largo plazo.

Una última reflexión. Independientemente de su sistema cambiario, un Estado proactivo está en buenas posibilidades de enfrentar los choques exógenos de cualquier tipo cuando reconoce que las burbujas de los commodities no pueden destinarse a gasto corriente, sino ahorrarse para atenuar los ciclos depresivos y enfrentar eventualidades adversas.

La última sequía afectó por igual a la región Andina, pero a diferencia de Ecuador y Venezuela -dos países petroleros que sufrieron fuertes penumbras eléctricas-, Colombia y Perú lograron capear el mal temporal, pues invirtieron anticipadamente en generación térmica y hasta lograron vender sus excedentes  -a precios muy rentables- a sus vecinos fronterizos.