Brasilia.  Después de que una llamada telefónica casi provocó un quiebre en su coalición, la agenda de la presidenta de Brasil Dilma Rousseff sigue paralizada, poniendo en riesgo todo, desde una reforma planeada del sistema tributario a los preparativos para el Mundial 2014.

Rousseff ha intentado aliviar las tensiones con el mayor partido de la coalición, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), mediante la designación de nuevos ministros e incluso invitando a oscuros legisladores de partido a un almuerzo en el palacio presidencial.

Sin embargo, el PMDB ha seguido bloqueando incluso la legislación de rutina, planteando la incógnita respecto a cuándo Rousseff podrá conseguir que el Congreso apruebe una reforma del código tributario y otras medidas que líderes empresariales dicen que son necesarias para asegurar que la bonanza económica de Brasil continúe.

"Todo está congelado. Es malo. Y no está mejorando", dijo una alta fuente cercana a Rousseff bajo condición de anonimato, para poder discutir sobre política interna en forma franca.

Las tensiones llegaron a su punto máximo en mayo cuando el entonces jefe de Gabinete de Rousseff, Antonio Palocci, llamó por teléfono al vicepresidente Michel Temer -el funcionario de más alto rango del PMDB- y amenazó con sacar a su partido de la coalición por obstruir legislación ambiental vital.

Génesis. La crisis tiene sus raíces en la negativa de Rousseff de designar a líderes del PMDB en puestos gubernamentales clave desde que asumió su mandato el 1 de enero.

Su decisión en febrero de recortar US$30.000 millones de gastos gubernamentales, un elemento crítico en los esfuerzos por impedir que la economía se sobrecaliente, enfadó aún más a los legisladores, que todavía están presionando para que sus fondos discrecionales sean restaurados.

Las tensiones llegaron a su punto máximo en mayo cuando el entonces jefe de Gabinete de Rousseff, Antonio Palocci, llamó por teléfono al vicepresidente Michel Temer -el funcionario de más alto rango del PMDB- y amenazó con sacar a su partido de la coalición por obstruir legislación ambiental vital.

Palocci rápidamente llamó de vuelta a Temer y retiró la amenaza. Desde entonces, renunció a su cargo por un escándalo aparte.

Vínculos afectados. Los vínculos entre el PMDB y el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff siguen viéndose afectados por el incidente, que primero fue informado por medios locales y posteriormente fue confirmado a Reuters por un funcionario con conocimiento de la conversación.

Pese a la salida de Palocci, continúan las sospechas entre algunos líderes del PMDB respecto a que la amenaza se realizó con autorización desde arriba.

"La verdad es que Palocci se volvió loco", afirmó la alta fuente. "Pero convencer (al PMDB) ha sido difícil", agregó.

Línea dura, por ahora. Hasta ahora, los mercados financieros brasileños han ignorado en su mayor parte las tensiones y están concentrados mayormente en hechos del exterior, como la crisis de deuda de Grecia.

El compromiso de Rousseff con la probidad fiscal, pese a las presiones políticas, incluso podría ser visto como positivo por inversores preocupados por la inflación.

La nueva ministra de Rousseff encargada de las relaciones con el Congreso -una designación realizada casi exclusivamente para complacer al PMDB- ya ha descartado liberar más fondos para proyectos favoritos de los legisladores.

"Estamos en un año difícil, de control del gasto y de control de la inflación", declaró la ministra Ideli Salvatti.

Sin embargo, las tensiones aún podrían causar problemas a largo plazo para la economía de Brasil.

Rousseff aún no ha realizado ninguna reforma mayor, pese a su índice de aprobación del 75% y a una tímida oposición.

Y pese a que se proyecta que la economía local crecerá un 4% este año, Brasil no goza de un buen nivel en el ranking internacional de facilidad para hacer negocios.

Los fabricantes en particular están sufriendo por una mala infraestructura, altos costos de mano de obra e impuestos complejos y onerosos.

La continuación de los problemas con el PMDB no sólo podría condenar la futura legislación para resolver esos temas, sino que también podría resultar en una rebelión similar a la vista durante la primera semana de presidencia de Rousseff, cuando algunos legisladores del PMDB amenazaron con aprobar un gran alza, potencialmente inflacionaria, del salario mínimo.

El PMDB ya está tomando a algunas iniciativas como rehén. Líderes del partido, incluyendo al presidente del Senado, José Sarney, han amenazado con rechazar o modificar un proyecto de ley que Rousseff dice que permitiría que las obras relacionadas con el Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016 avancen más rápidamente.

Funcionarios de Rousseff han advertido que sin los cambios, los estadios y otras infraestructuras críticas podrían no estar listos a tiempo para los certámenes deportivos internacionales.