El kirchnerismo siempre encuentra argumentos para revertir sus situaciones de debilidad política. Y, en esta época de elecciones en la región no dejó pasar la oportunidad para subirse al tren de los victoriosos.

Es así que, del gobierno argentino, se presentaron los triunfos de Dilma Rousseff, Evo Morales y Tabaré Vázquez como victorias propias. Los resultados favorables a los gobiernos de izquierda le facilitan al kirchnerismo el argumento de que hay un rechazo a las políticas “liberales” en la región.“El triunfo del PT (Partido de los Trabajadores), de Evo, y del Frente Amplio preanuncian la victoria del Frente Para la Victoria en 2015”, fue la conclusión a la que llegó el excanciller Jorge Taiana.

También Alicia Kirchner, ministra de Acción Social, definió la victoria de Dilma en Brasil como “un voto de confianza de su pueblo por las políticas encaradas y de la Patria Grande”.

Pero el más exultante fue el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien festejó estos resultados casi como un premio a sus posturas políticas personales. Scioli, justo en un momento en el cual la economía argentina aparece complicada, ha decidido no realizar críticas a la presidenta y prefirió tomar la estrategia de mostrarse como candidato de la continuidad. Lo hizo incluso asumiendo el costo de enfrentarse al auditorio empresarial más importante, el del coloquio de IDEA, donde fustigó las posturas maximalistas que plantean dar por muerto al modelo.

Hasta ahora, las encuestas muestran que su táctica fue inteligente, porque volvió a aparecer al tope de los sondeos que miden la intención de voto, superando al líder del Frente Renovador, Sergio Massa, y al jefe del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri.

Scioli intentó sacar rédito de su cercanía con Tabaré Vázquez, con quien había estado reunido pocos días antes de la elección uruguaya.Ni bien se conocieron los resultados de las votaciones, Scioli dijo que esa era la respuesta a quienes piden un cambio total. “¿Qué me hablan de cambios?”, desafió en un acto público.
“Que no nos subestimen algunos, que plantean cambios como si fuera algo mágico. Y ahí está la respuesta del pueblo. Queremos desarrollo, queremos cuidar los logros y no volver al pasado, por eso los triunfos de Dilma y de Tabaré Vázquez”, afirmó.

Hace algunas semanas, el kirchnerismo también había celebrado como propio el amplio triunfo electoral con el cual Evo Morales se aseguró un tercer mandato en Bolivia.

En contraste con la habilidad kirchnerista para “apropiarse” de estos resultados electorales de la región, la oposición argentina aparece lenta de reflejos, en particular aquellos partidos que, por su pertenencia a corrientes tradicionales de izquierda, podrían sacar más rédito de estos resultados.Es el caso, sobre todo, de Unen, donde hay fuerzas de la izquierda tradicional, como el Partido Socialista. A pesar de que el socialista Hermes Binner estuvo en Montevideo junto a Vázquez, no fue capaz de instalar la idea de que el Frente Amplio tiene más puntos en común con la oposición argentina que con el kirchnerismo.

La visión conspirativa. Peor parados quedaron aquellos que habían mostrado simpatía por los candidatos derrotados en la región. El más afectado en este sentido es Massa.

En la cultura peronista, se sabe, pocas cosas son tan mal vistas como apostar por un perdedor.A este tema se refirió el exvicepresidente y secretario de la Aladi, Carlos “Chacho” Álvarez, quien consideró que no es casualidad que Massa se haya mostrado políticamente cercano al brasileño Aécio Neves y al uruguayo Luis Lacalle Pou, ambos de centroderecha.

Para Chacho, si algo quedó demostrado tras la victoria de Dilma Rousseff es que “el ciclo político en la región continúa y eso va a tener efecto en todos los países”. “Argentina, Uruguay y Brasil se parecen en que hay dos bloques que se enfrentan”, agregó.

Y acaso lo más curioso es que hasta el desplome de la bolsa de valores de San Pablo –con el cual el mercado dio su veredicto escéptico sobre el futuro de la economía brasileña tras la reelección de Rousseff– resulta funcional al “relato” K.Este hecho ocurre justo cuando las usinas de pensamiento kirchneristas intentan imponer la visión de que los mercados nunca son neutrales en las peleas políticas y que “votan” con bruscas caídas bursátiles o con escapadas del dólar, en intentos de desestabilizar a aquellos gobiernos que no promueven políticas liberales.Es, sin ir más lejos, el mensaje que la propia Cristina dio para explicar por qué el dólar del mercado paralelo había experimentado una escapada y la gente había retraído su nivel de consumo en medio de la proliferación de malas noticias.

Ahora el kirchnerismo tiene la posibilidad de “regionalizar” ese argumento, justo cuando acaba de tener un duro contrapunto con los empresarios.