Roma. El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, se rehusó el viernes a renunciar pese a las crecientes deserciones dentro de su coalición de centroderecha, que han dejado el destino del país pendiendo de un hilo.

Se cree ampliamente que Berlusconi ya ha perdido el apoyo que necesita para sobrevivir en el Parlamento, pero dijo a sus partidarios en una cumbre del G-20 en Francia: "Tenemos una mayoría que sigo creyendo es sólida, de modo que continuaremos gobernando".

El magnate de los medios de 75 años describió a los rebeldes de su partido como traidores a la patria y dijo que regresarían a la alianza una vez que haya conversado con ellos.

Berlusconi, que quedó en el centro del debate entre las potencias europeas y una revuelta de un partido local, acordó en la cumbre que el FMI monitoree las reformas económicas que ha prometido por largo tiempo pero no ha logrado implementar.

Dijo que había rechazado una oferta del Fondo Monetario Internacional para entregar recursos a Italia.

Todo esto podría ser pronto irrelevante para Berlusconi, que el viernes regresó a Italia para enfrentar una rebelión cada vez más peligrosa por parte de sus propios partidarios.

Las tensiones dentro de su gobierno quedaron en evidencia en Cannes, donde el ministro de Economía Giulio Tremonti -con quien ha tenido relaciones distantes- se rehusó a responder directamente a una pregunta sobre si estaba de acuerdo con que Berlusconi debería seguir gobernando.

Con los mercados financieros en plena turbulencia debido a Grecia, y con Italia vista como la próxima ficha de dominó en caer en la zona euro, existen cada vez más llamados para formar un nuevo Gobierno que implemente las reformas necesarias a fin de recuperar la confianza de la comunidad internacional.

Coalición dividida. Berlusconi dice que la única alternativa para él son unas elecciones anticipadas durante la próxima primavera boreal, en lugar de formar el Gobierno de unidad nacional o con tecnócratas exigido por muchos políticos y analistas.

El rendimiento a 10 años de los bonos italianos alcanzaron el viernes el máximo histórico para la zona euro al llegar a un 6,43%, acercándose riesgosamente al 7%, un nivel que podría provocar que los inversores se asusten y se nieguen a adquirir los papeles.

Esta semana, dos diputados del partido PDL de Berlusconi lo abandonaron para unirse al centrista UDC, lo que llevó su apoyo en la Cámara baja del Parlamento de 630 bancas a posiblemente 315, en comparación a los 316 puestos que necesitó el mes pasado para ganar una moción de confianza.

Pero al menos otros siete ex partidarios han pedido la formación de un nuevo gobierno y podrían votar en contra del primer ministro.

"La mayoría (en el poder) parece estar disolviéndose como un muñeco de nieve en la primavera", dijo el respetado comentarista Stefano Folli en el diario financiero Il Sole 24 Ore. Otros analistas han hablado de una "inexorable" revuelta en contra de Berlusconi.

Incluso el subsecretario de Defensa, Guido Crosetto, un partidario de Berlusconi, dijo a una cadena de televisión: "No sé cuántos días o semanas le quedan al gobierno. Ciertamente una mayoría que depende de tan pocos votos no puede continuar por demasiado tiempo".