En una estrategia similar a la de México y apoyada por EE. UU., los gobiernos de la región optaron por el combate frontal al crimen organizado, que hizo del Istmo la zona más violenta del mundo, con casi 40 homicidios por cada cien mil habitantes.

Pero la sangría no para. Los presidentes analizarán este viernes en Antigua Guatemala, Guatemala, alternativas para enfrentar el narcotráfico, sin dejar de reclamar a EE. UU. más recursos, pues por Centroamérica y México pasa el 90% de la cocaína consumida en ese país.

Aún abiertas las heridas que dejaron los regímenes militares, Centroamérica es ahora teatro de una nueva guerra: barrios enteros disputados por las maras (pandillas), zonas rurales controladas por narcos, calles copadas por la delincuencia común.

Superando los muertos de la época de conflictos bélicos, Centroamérica registró 19 mil 300 asesinatos en el 2011, el 88% en el llamado Triángulo Norte: Honduras tiene la marca mundial de 86 homicidios por cien mil habitantes; El Salvador, 65; y Guatemala, 42.

Los tres países acudieron al Ejército, pese al rechazo de grupos civiles que no olvidan las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y caseríos arrasados por militares, sobre todo en la década de 1980.