Cuerpos de hombres, mujeres, niños y ancianos fueron enterrados en fosas clandestinas y pozos en distintos lugares de Guatemala, después de haber sido masacrados por el ejército o la guerrilla.

Los victimarios creían que así borraban toda evidencia; sin embargo, desde 1992, la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG) ha exhumado miles de huesos que cuentan su martirio.

A la fecha han examinado 5.708 restos de víctimas del conflicto armado.

El hallazgo de las osamentas es lo que, según los antropólogos, dignifica a quienes murieron masacrados y que en su momento fueron señalados por sus asesinos como guerrilleros o colaboradores de la guerrilla o del ejército.

José Suasnávar, subdirector ejecutivo de la FAFG, afirma que esa fundación ha participado en 1.309 investigaciones sobre el conflicto armado, de las cuales 2.973 son de hombres y 986 de mujeres.

Hace énfasis en las 1.749 restantes, en las que no pudieron determinar si se trataba de hombre o mujer, pues encontraron restos de niños, y en una osamenta solo puede definirse el sexo si la persona llegó a vivir más de 12 o 13 años.

Suasnávar expresa: “El ejército era bastante enfático en decir que ellos habían ganado la guerra, pero cuando las imágenes de un cementerio clandestino tenía como víctimas mujeres y niños, esto modificaba la rigidez en relación con que militarmente había ganado la guerra”.

Aura Elena Farfán, de la Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Guatemala (Famdegua), asegura: “Es increíble que alguien del ejército dijera que eran guerrilleros y que cayeron en combate o que por humanidad los llevaron al destacamento”.

Agrega: “Pero al desenterrar se han encontrado cadáveres con los ojos vendados, manos y pies amarrados y hasta tela metida en la cavidad de la boca. No podían amarrar las manos o pies a personas que ya habían muerto, eso tuvieron que hacerlo allí. Por supuesto, que los victimarios no son los que están ahorita, creo yo, sino otros que posiblemente ya no están en el ejército o ya murieron”.

Son prueba científica. De acuerdo con Suasnávar, la Comisión para el Esclarecimiento Histórico tenía miles de testimonios, pero requería una prueba científica, y “eso es un cráneo con un balazo, unas vértebras que tengan huella del paso de un cuchillo o un machete, como elemento imborrable”, asegura.

La Asociación para el Desarrollo Integral de las Víctimas de la Violencia en las Verapaces Maya Achí (Adivima) tiene su propia vivencia y sostiene que las exhumaciones han ayudado a dignificar a estas personas.

Juan de Dios García, representante de Adivima, afirma que las exhumaciones les han ayudado a demandar al Ministerio Público que continúe con las investigaciones para deducir responsabilidad de las masacres.

Agrega que el hallazgo de restos les permite el reencuentro con sus familiares, que aunque estén muertos ahora saben en donde se encuentran y les pueden dar sepultura, de acuerdo con su tradición, y demostrar que no eran guerrilleros.

Además, se logra evidenciar la brutalidad de las masacres, pues entre los huesos ya se han encontrado de recién nacidos.

García expone la secuencia de las masacres en Río Negro: la primera el 4 de febrero de 1980, cuando masacraron a siete hombres que lideraban la oposición a la construcción de la hidroeléctrica.

El 13 de febrero de 1982, murieron 73 hombres, señalados de pertenecer a la guerrilla.

El 13 de marzo de 1982, fueron masacrados 107 niños y 70 mujeres.

El 14 de mayo de 1982 murieron 94 personas más. Según García, hay declaraciones de que fueron tiradas al río Motagua o llevadas a la zona militar de Cobán, Alta Verapaz, por lo que tienen muchas expectativas de las exhumaciones que hace la FAFG en ese lugar.

Entre el 14 y 15 de septiembre de 1982, el resto fue masacrado. Murieron 444 personas en las cinco matanzas.

Ejército o guerrilla. García reconoce que los crímenes no fueron solo del ejército: “Independientemente de qué agrupación sea, siempre que haya cometido una masacre, queremos verlos ante la justicia”, exige.

Suasnávar confirma esa postura al detallar que de las 1.309 investigaciones, de las cuales han sido exhumadas 5.708 osamentas y el 65% identificadas, 118 muertes son atribuidas directamente a la guerrilla.

Sea quien haya sido el victimario, la justicia ha llegado en varios casos, ya que los huesos acusadores no callarán nunca más.