Quito. El presidente del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la calidad de la Educación Superior (Ceaaces), Guillaume Long, analiza la situación de la educación superior en el país, hecho que tuvo como consecuencia que el pasado 12 de abril cerraran 14 universidades por falta de calidad académica.

Su perspectiva es que las universidades –aún las privadas- no deben ser negocios “de un empresario sin escrúpulos”, ni deben perseguir el lucro, debido a su naturaleza de servicio público.

-¿Cómo debe ser una universidad?

-Hay muchos modelos, hay universidades gigantescas e institutos chiquitos, todavía estamos enfrentando esta pregunta y aún no la contestamos; lo que sí resolvimos es cómo no debe ser una universidad: no puede ser un negocio de algún empresario sin escrúpulos.

La educación superior es un bien público, es como la salud, puede ser privada, pero sin fines de lucro. Vimos en estas 14 universidades que realmente era el parangón de lo que no puede ser una universidad.

-En los 90 proliferaron universidades privadas, es un proceso que incluyó al Legislativo…

-Hasta el jueves teníamos 71 universidades en el Ecuador y amanecimos con 57; de ellas 30 se crearon entre 1992 y 2006, en 14 años. Las 26 que entraron en la categoría E eran parte de esas 30 universidades. Frecuentemente un congresista que quería jubilarse proponía la creación de una universidad de la que sería su canciller (rector).

-Además crearon carreras sui generis…

-La idea era vender educación superior, vender títulos, carreras con nombres rimbombantes, sin asidero académico, que se ubicaban en una ideología -la de los 90- cuando cada ecuatoriano creía que debía convertirse en un empresario exitoso, y eso ocasionó sobreofertas en carreras de esta índole y sin calidad.

-¿Cuántos estudiantes debe tener un aula de universidad?

-No hay una respuesta correcta, puedes tener 200 ó 300 estudiantes escuchando una cátedra magistral o grupos de 4 ó 5 en un taller. Hay muchos tipos de enseñanza y respetamos la autonomía universitaria. Lo que sí vemos es que las universidades de categoría E han tenido una falla estructural de precarización de la docencia. Los famosos profesores taxis, que van de una universidad a otra cobrando con factura y por horas y frecuentemente no tienen oficinas ni curules para recibir a un estudiante o hacer tutorías.

-Lo ideal es que un docente trabaje 40 horas por semana en la universidad…

Sí, pero no puede dictar clases 40 horas por semana. Hay que preparar una buena clase con por lo menos dos horas por cada hora de clases, dedicarte a la calificación, recibir estudiantes, preparar temas de ensayos, de tesis. Incluso para el syllabus de la clase que vas a dar necesitas una investigación.

-¿No se van a llenar las aulas de otras universidades con los estudiantes de los centros cerrados?

-Eso se quiere evitar con el plan de contingencia. Los de últimos años van a graduarse en los mismos centros. Otros van a ir a facultades ya existentes, pero en otros casos se están creando programas de titulación especial, que nacen y mueren solamente para recibir a estos estudiantes y que no se congestiones el sistema.

-En esas carreras sui generis, ¿cómo van a hacer?

-No va a haber un traje a la medida de cada estudiante. Había una maestría en secretariado bilingüe, no vas a encontrar eso en otra universidad, así que si estudiabas algo relacionado a comunicación, vas a estudiar comunicación.

-¿Cómo va a continuar el sistema de acreditación? ¿Se van a calificar las carreras?

-Sí, es muy importante. Esto que hicimos es el inicio, no el final. Sabemos con qué sistema nos quedamos. La Ley nos obliga a acreditar las carreras porque sabemos que la heterogeneidad se da en las universidades además de entre las instituciones.

-En cuanto a los institutos superiores que ofrecen tecnologías, ¿cómo actúa el Ceaaces al respecto?

-Es un tema del que se habla mucho menos, pero es muy importante. Los países que alcanzan sus metas de desarrollo y que avanzan lo hacen con una mano de obra calificada, que no necesariamente es universitaria, sino técnica y tecnológica. Así lo hicieron los tigres asiáticos. Ahora lo vemos con Brasil, que da mucho énfasis en eso. En Ecuador un problema estructural es que el 90 de los estudiantes superiores están en universidades y apenas el 8% en institutos. En Brasil se acercan al 35%. No necesitamos administradores de empresas de universidades de garaje, sino buenos soldadores y electricistas que realmente den el empujón para la industrialización al país.

-Cómo garantizar al mercado laboral, ¿tal vez que los titulados en Ecuador están bien formados?

-Este fue un primer paso, desde octubre vamos a calificar con un examen a los profesionales en carreras de interés social como medicina, o ingenierías, por ejemplo.