Quito. Destituido de su cargo como alcalde de Bogotá el pasado 9 de diciembre, Gustavo Petro es el hombre que ha ocupado las portadas y titulares de la prensa del continente durante los últimos meses gracias al respaldo ciudadano a su favor tras la decisión del procurador colombiano Alejandro Ordóñez de inhabilitarlo políticamente durante 15 años.

Agencia Andes llegó hasta el Palacio de Liévano, sede del gobierno distrital, para conversar con él sobre la problemática por la que atraviesa su mandato, las perspectivas de la izquierda en América Latina y la agitación social que sucede en su país, a la que él denomina Revolución.

América Latina vive una primavera democrática, de transformaciones importantes que están cerrando una época muy oscura en el continente, una época de dictaduras, de cierre completo de espacios democráticos, de violencia, aseguró el alcalde bogotano.

Él mismo, como miembro del movimiento insurgente M-19, fue parte de esos espacios de represión a los que el pueblo respondió con armas. Sin embargo, los cambios políticos que suceden en América Latina lo hacen mirar el futuro con esperanza, y reconoce que Ecuador es parte de esa primavera a través de los logros en el sector social.

“Ecuador hace parte de esa primavera e indudablemente, sus gobernantes actuales –Augusto (Barrera), amigo mío, el presidente Correa, con el cual hemos hablado varias veces- han impulsado una serie de reformas que empiezan a ser paradigmas para el conjunto latinoamericano (…) Indudablemente, observamos que Ecuador vive una primavera democrática y que, en cierta forma, el triunfo electoral en la ciudad de Bogotá, es y corresponde también a esa primavera latinoamericana. Bogotá y los pueblos del Ecuador pertenecemos hoy políticamente a lo que podríamos llamar una apertura democrática, una corriente de democratización y de progresismo latinoamericano”, dijo.

Sentado en su despacho y analizando la situación por la que atraviesa Colombia, reconoce que ahí hay una revolución. “Aquí hay una revolución (...) Cuando la ciudadanía en la campaña de Álvaro Uribe Vélez se para y lo abuchea, ya van como tres episodios consecutivos no planificados, cuando el pueblo campesino sale a las carreteras a pedir reformas en el agro y concomitantemente se desata un movimiento de solidaridad urbana que copa las plazas del país durante semanas; cuando ocurre lo de Bogotá y cuando creían que este gobierno estaba solitario y de pronto se llena la plaza una, dos, tres, cinco, seis, siete veces... Lo que está sucediendo es una revolución porque las revoluciones no se decretan, no soy yo el que lo digo, incluso no se planifican como pensábamos nosotros: las revoluciones nacen del corazón humano. Y eso es lo que estamos viendo en esos campesinos y en esa juventud que sale a las plazas y se está extendiendo por Colombia”, reflexionó.

Su remoción, reconoció, tuvo tintes de lo sucedido en Paraguay, con el presidente Fernando Lugo, y Honduras, con el presidente Manuel Zelaya: fue víctima de un golpe blando. 
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“Sí, golpes blandos de la extrema derecha. Es una extrema derecha cuya ideología es fascista (…) Los sectores que han dado el golpe contra el gobierno progresista provienen, son de esa estirpe, tienen esa ideología. El procurador Ordóñez, en su juventud, fue parte de Tradición, Familia y Propiedad, que era una organización internacional ligada al golpe de (Augusto) Pinochet, de extrema derecha”, comentó el alcalde cuya ciudad tiene un presupuesto de US$8.000 millones, algo menos de un tercio del presupuesto de todo el Ecuador.

Las consecuencias de ese fanatismo en la administración de Ordoñez en la Procuraduría, dice, han sido poner esa institución al servicio de la extrema derecha e intentar usarla para prácticamente disciplinar, léase destituir, a todo aquel mandatario local que promueve políticas que a los ojos de sectas religiosas son impías por ejemplo, tratar en pie de igualdad a la población LGBTI, la lucha contra la discriminación de tipo racial, los derechos de la mujer –incluidos aquellos que le otorgó la Corte Constitucional de decidir en el tema del aborto, en unos casos específicos-.

Alejandro Ordóñez ha destituido a 48 autoridades en el país, pero es la primera vez que enfrenta una reacción social de esa magnitud. En el caso del Gustavo Petro, el tema del reciclaje de basura fue el detonante. “La población recicladora, que andaba por las calles de la ciudad entre las canecas de basura y mi administración implementó un cambio en el modelo que para poder incluirla y remunerarla tuvo que golpear los intereses privados de unos operadores con mucha relaciones con el mundo del paramilitarismo y del narcotráfico. Eso motivó la excusa de la destitución”, anotó.

Petro ubica a quienes están detrás de esta conspiración en su contra y reconoce en el ex presidente Álvaro Uribe Vélez a la cabeza de sus detractores. “El nuevo latifundista en general es un lavador de dólares o un narcotraficante y esa relación entre narcotráfico y latifundismo genera unos poderes políticos locales muy específicos, generó la creación de los ejércitos paramilitares y generó expresiones en la vida militar y política de Colombia de terribles consecuencias. Yo pienso que Uribe es el representante de ese tipo de latifundismo derivado ya hacia el narcotráfico, que está defendiendo sus intereses en la lucha política por el poder en Colombia”, acotó.

El alcalde elegido en 2011, y posesionado en 2012, identificó también a los medios de comunicación privados de su país, quienes han jugado un rol de actores políticos opositores a su gestión. 

“Los medios de comunicación privados colombianos, que son la mayor parte –la inmensa mayoría de los medios-, como en casi toda América Latina se han constituido en un partido político: primero pasaron a ser propiedad de los hombres más ricos de Colombia, como también ha ocurrido en América Latina y buena parte del mundo. Los tres hombres más ricos de Colombia son los tres propietarios de los más grandes medios televisivos y escritos de Colombia. Y en esa medida, pues, derivan hacia tratar la información al acomodo de los interés empresariales de sus propietarios, de sus visiones ideológicas, que en el caso colombiano no son proclives a las transformaciones progresistas”, agregó.

Pese a que más de una vez han intentado matarlo, Petro no se resigna, continúa su batalla, anima a su gente para que no se deje derrotar por el miedo. No lo obsesiona la posibilidad de ser presidente de su país, sonríe al ser consultado sobre eso, se pregunta a sí mismo cuál será el puerto que le espera, a dónde lo llevará ese barco.  “Vivamos intensamente estos días y después pensamos cuáles son sus consecuencias”, concluyó.