Con una carrera política como diputado, alcalde y gobernador, Henrique Capriles debe hacer gala de esa experiencia para no defraudar a la oposición, que lo escogió como su única carta para vencer al presidente Hugo Chávez.

El abogado de 39 años le viene ahora un arduo camino para medirse frente a frente en las presidenciales de octubre.

"Yo me siento con una energía que no tiene Chávez, que hoy está en su zona de confort. Y lo mejor es que él cree que no puede perder; que lo siga creyendo", dijo Capriles recientemente.

Pero Capriles, que se autodefine como de "centro izquierda", asegura que el mandatario no monopoliza la política social ni el cariño por los más necesitados.

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El gobernador "de calle", como es conocido, empieza sus jornadas muy temprano, se mueve en moto para evitar el caos vehicular de la capital Caracas, viste gorra, pantalones y monos deportivos, disfruta del contacto con la población y, al igual que Chávez, soñaba de niño con ser beisbolista profesional.

En los tres meses que duró su campaña para las primarias, recorrió el país de cabo a rabo sugiriéndole a los venezolanos de toda condición subirse al "autobús del progreso".

Deportista, soltero y confeso seguidor del modelo brasileño que ha sacado de la pobreza a 30 millones de personas en ocho años, Capriles reconoce algunos logros del gobierno de Chávez, pero asegura que se debe cambiar "un modelo que fracasó".

Capriles viene de una familia adinerada. Sus abuelos maternos huyeron de su natal Polonia durante la Segunda Guerra Mundial y, como miles de inmigrantes europeos, se instalaron en Venezuela que por ese entonces gozaba una bonanza petrolera sin precedentes.

Lejos de los horrores del nazismo, y con sólo "una maleta de ropa" los Radonski Bochenek volcaron su experiencia cinematográfica en el "Circuito Radonski" que hoy, devenido en Circuito Nacional de Exhibidores (Cinex), es la segunda cadena de cines más importante del país.

Impregnado en ese mundo, Capriles conoció al famoso actor y comediante mexicano Mario Moreno "Cantinflas", que solía visitar su casa y hasta llamarlo "sobrino". A pesar de ello, confiesa que hace dos años no va al cine.

Ninguno de sus dos hermanos incursionó en la política, pero Capriles tuvo un precoz inicio a los 26 años de la mano del partido socialcristiano Copei, cuando resultó electo en 1998 como diputado del entonces bicameral Congreso venezolano.

Fue vicepresidente del órgano legislativo y presidió la Cámara de Diputados; pero su gestión duró muy poco ya que Chávez, que juró como Presidente en febrero de 1999, instauró una Asamblea Constituyente que aprobó una nueva Constitución determinando, entre otras cosas, la unicameralidad del Congreso.

En el 2000, Capriles logró la alcaldía de Baruta con Primero Justicia, partido de centro que ayudó a fundar; y en el 2004 se convirtió en el primer alcalde reelecto del municipio ubicado al sureste de Caracas, con más del 80% de los votos.

En su carrera, no se ha salvado de pasar tragos amargos y hasta estuvo preso durante cuatro meses cuando fue alcalde tras un confuso incidente en la embajada cubana, durante el breve golpe de Estado contra Chávez en abril del 2002.

El embajador cubano en Venezuela, Germán Sánchez, lo acusó de entrar ilegalmente a la legación diplomática mientras opositores pedían corroborar si allí se escondía el entonces vicepresidente Diosdado Cabello. Esa versión fue rechazada por Capriles, quien afirmó que lo que intentaba era mediar para evitar incidentes violentos.

Capriles fue llevado a prisión y su caso fue exaltado por la oposición como uno de los primeros presos políticos del gobierno de Chávez. Durante los primeros 20 días de su encierro, no se le permitió "ver la luz del sol".

Barbado, y tras más de 100 horas de juicio, fue declarado inocente. Pese a ello, en el 2008, en plena campaña para las elecciones regionales, se le reabrió el caso, aunque finalmente la acción no llegó a proceder.

Ese año, Capriles le ganó la gobernación de Miranda con el 52,5% de los votos a Cabello, un peso pesado que fue vicepresidente, ministro y uno de los principales escuderos de Chávez.

"Ya me he medido con el más fuerte, ahora me toca el jefe", dijo refiriéndose a Chávez.