Sale por la puerta que da al patio del Palacio de Miraflores, la casa de gobierno de Venezuela. Es Hugo Chávez. Baja las escaleras de la edificación de estilo francés acompañado de Carlos Álvarez, el argentino amigo del Socialismo del Siglo XXI, quien preside la delegación de la Unasur. Es la noche previa a los comicios del domingo pasado. El mandatario viste una fina chaqueta que entalla su corpulenta figura sobre un buzo rojo. Luce sonriente.

Después de breves discursos para alabar el sistema electoral, de un lado, y la importante presencia de la entidad regional, del otro, el presidente despide al visitante, quien se marcha en un Mercedes Benz blanco, escoltado por un auto negro, también con el logo de tres puntas.

Chávez inicia un diálogo con periodistas de medios de toda América, Europa y de lejanos países como Japón o Rusia. “Desde hace tanto no había visto tantos periodistas, son como un enjambre”, comenta.

La atención internacional se concentra en este país sudamericano de 29 millones de habitantes; una potencia petrolera liderada por el precursor de un proyecto político regional, aliado a países como Irán.

Andrés Izarra, ministro de Comunicación, a un costado del presidente –del otro lado está Nicolás Maduro, su actual vicepresidente– dispone las intervenciones. Un periodista de Colombia le pide que se pronuncie sobre el proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC, que se iniciará este miércoles.

El mandatario contrae sus pequeños ojos y responde: “Santos. Santos se está recuperando satisfactoriamente. Nos hace falta Santos, le hace falta a Colombia”, comenta, ante la noticia del cáncer del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que se había dado a conocer esa semana.

“Todo esto, el proceso de paz, que acompañaremos con pasión patria, con muy bajo perfil, pero siempre con el ánimo de ayudar para que Colombia logre la paz, se relaciona con el evento nuestro de mañana, que también es por la paz... Consolidar la paz es muy positivo”, responde.

Y plantea al mundo su versión de la historia contemporánea de Venezuela y la mirada de sí mismo, de su era, de su gobierno: “mira todas las vueltas que ha dado Venezuela. Tú bien sabes que yo hace más de 20 años estuve con un fusil en la mano, estuve a punto de coger montaña cuando era un joven militar, para irme a la guerrilla. Luego vino la implosión de un país, implosionó desde el punto de vista moral. Esta casa que está aquí era de grandes negocios, de grandes hechos de corrupción, de mal ejemplo. Y luego vino el atropello, la represión... el fracaso, la miseria más espantosa”.

Y siguió el relato: “entonces surgió, producto de esa implosión, un huracán, un torbellino de violencia. De ahí venimos nosotros: el Caracazo, el 4 de febrero (de 1992)... Un conjunto de rebeliones de pequeña o de gran magnitud, producto de la implosión. Venezuela estuvo a punto de una guerra civil”.

Con el tono coloquial, pero al mismo tiempo ceremonioso que lo caracteriza, se refiere a la etapa que empezó catorce años atrás y que él encarna. “Afortunadamente, logramos darle cauce Constituyente”. Saca del bolsillo del pantalón un diminuto libro. “Mira, aquí está, la Constitución de 1999, aquí la cargo... Recuerdo la frase de Bolívar en Angostura (ciudad venezolana en las riberas del río Orinoco)... Una frase que la usé mucho en el 98, 99: ‘Dichoso el ciudadano que, bajo el escudo de las armas, ha convocado la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta’... De ahí surgió, de esa revolución democrática, constituyente, surgió la Quinta República”, como Chávez denomina a su gobierno.

Y también se refiere a su éxito en las urnas. “En estos catorce años ya llevamos, ¿qué será, Nicolás, quince elecciones? Catorce, catorce elecciones, y con una participación masiva”.

El ministro de Comunicación le concede la palabra a una periodista de la cadena estadounidense CNN En Español, quien le consulta sobre las garantías que da el gobierno frente a los temores de disturbios, si es que los resultados no le favorecían al mandatario.

El presidente responde diciendo que es una reiterada pregunta, por lo que, reiteradamente, responde que Venezuela es un país democrático donde funcionan las instituciones del Estado.

La palabra la tiene ahora un periodista que se presenta como representante de los medios populares de Chile. Le pregunta por la Alianza Bolivariana (ALBA) y le dice, además, que el día de las elecciones en Venezuela América vivirá una fiesta.

Luego una periodista argentina dice representar a un canal que está en contra de los poderes hegemónicos y le pide un consejo porque en Argentina “los poderes concentrados, como los medios de comunicación privados”, están en una campaña desestabilizadora.

Una periodista de un medio de Rusia, socio petrolero de Venezuela, le hizo un planteamiento: “¿Por qué cree que en Occidente le tienen tanto miedo?”.

Al periodista chileno le contesta: “hace menos de diez años imperaba en este continente una propuesta: el Área de Libre Comercio para las Américas, el ALCA. Mire, compadre, de lo que nos salvamos, de lo que nos salvamos. Mire cómo está Europa, producto de las medidas del Fondo Monetario Internacional, que ya habían provocado aquí el hambre y la miseria. Pero luego comenzó este proceso: Venezuela, Brasil, Argentina, con el triunfo de Lula, Néstor, luego Tabaré, Evo y Correa. Mira lo que hoy es América Latina. Salvamos a nuestros pueblos de la tragedia que hubiese significado un área de libre comercio. Ahora tenemos la ALBA, tenemos Unasur”.

A la periodista argentina le pide aclarar la referencia “poderes concentrados” y le dice: “a mí me acusan de tener el poder concentrado, pero resulta que lo que yo he sido es un instrumento de un nuevo esquema de poder, es una nueva forma de distribución del poder”.

Ante el evidente parecido con lo que ella cuestiona, la reportera insiste: “no, los tradicionales poderes hegemónicos”. Complacido, manda saludos a los pueblos de Chile, Colombia y Argentina. “Todo eso está en juego mañana”, le responde.

Una pregunta de la prensa peruana lo lleva a recalcar que mantiene viva su simpatía por el presidente Ollanta Humala.

A la periodista rusa le comentó que tenía un perro que Wladimir (Putin) le había regalado. “Tiene tres meses y es muy juguetón, tremendo perro”. Ella sonrió. “¿Usted cree que me tienen miedo? Pero si hace poco (Barack) Obama dijo, el camarada Obama dijo… Parece que gana Obama. ¿Qué crees tú? Ojalá que gane Obama. Yo dije que votaría por Obama… Obama dijo algo muy racional: Chávez no es ninguna amenaza”.

Envía saludos a los pueblos de América y corta la rueda de prensa. Muestra su reloj. Ya no hay tiempo. Regresa a su palacio aquel hombre que el día del intento de golpe de Estado que dio a conocer al actual mandatario fue calificado por Carlos Julio Peñaloza, ex jefe del Ejército, ex jefe de Chávez, como un hombre carismático. “El hombre es aplomado, no me queda duda de que es un hombre, como decimos nosotros los venezolanos, echao pa’lante”.

Jorge Olavarría de Tezanos Pinto fue uno de los primeros políticos en apoyar a Chávez y también uno de los primeros en colocarse en la otra orilla.

En 1999 habló en sesión conjunta de las Cámaras del Congreso dando su versión sobre el escenario político de su país: “si los venezolanos nos dejamos alucinar por un demagogo dotado del talento de despertar odios y atizar atavismos de violencias, con un discurso embriagador de denuncia de corruptelas presentes y heroicidades pasadas, el año entrante Venezuela no va a entrar al siglo XXI, se quedará rezagada en lo peor del siglo XX o retornará a lo peor del siglo XIX”.

Norby Henríquez, docente de preescolar, votó por Hugo Chávez. “Porque ha hecho buenas obras y hay que apoyarlo para que siga haciendo lo que no ha terminado. Le falta mucho al plan de vivienda y mucha gente está sin vivienda, y yo soy una de esas. Por un alquiler pago mil quinientos bolívares (US$400 al cambio oficial) de una habitación, un ambiente”.

Se queja de que el sueldo mínimo, el que ella gana, no le alcanza para cubrir la cesta básica. Dice que su salario como maestra no le alcanza ni siquiera para pagarse los estudios, por eso trabaja como buhonera (comerciante informal) en las calles, para completar el presupuesto que demanda mantenerse a ella y a su hija. Es madre soltera.

Dice que la pobreza que se ve en Venezuela es porque hay mucho desempleo y que hay mucha inseguridad. Pero que la gente está contenta, lo ve en las madres de sus alumnos. En otros gobiernos los niños no recibían ni siquiera un bolso escolar, las becas. Los niños ahora tienen sus lápices, en otros gobiernos no se veía eso.

Pero el gran objetivo en la vida de Norby es conseguir una vivienda propia. La Misión Vivienda es un programa reciente en el gobierno, ¿se le olvidó al presidente implantarlo en años anteriores? “Realmente a él no, porque los organizadores no están pendientes de hacer las cosas bien… Uno no sabe qué hará otra persona, pero si a esta ya la conoce, si ya tiene proyectos introducidos, a uno le interesa que él vuelva a ganar para que el proyecto siga”.

Norby cuenta que ha tratado de llamar la atención del presidente llevando a sus alumnos hasta el Balcón del Pueblo, en el Palacio de Miraflores, a cantar el himno nacional en “lenguas naturales, que a él le gusta mucho”. Pero nada.

No pierde las esperanzas, porque él siempre ha estado preocupado de lo social.

Las medidas sociales han llegado en cuotas a lo largo de estos catorce años, pero Norby dice que al menos hay la esperanza. Sin embargo, analistas políticos de derecha opinan que uno de los errores de Henrique Capriles fue haber avalado los componentes de la política social de Hugo Chávez.