América Latina y el Caribe (ALC) es la región más desigual del mundo y la desigualdad es uno de sus principales obstáculos para avanzar en el desarrollo humano.

La afirmación forma parte de las conclusiones del primer informe regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el que analiza de manera detallada los mecanismos que inciden en la transmisión intergeneracional y la persistencia de la desigualdad en la región.

El mensaje central del PNUD es que sí es posible reducir la desigualdad en América Latina y el Caribe. ¿Cómo? Ingente optimismo nace después de establecer las siguientes conclusiones principales:

*La desigualdad observada en ingresos, educación, salud y otros indicadores persiste de una generación a otra y se presenta, además, en un contexto de baja movilidad socioeconómica (capítulos 1 y 2 del Informe).

*Lo anterior sugiere que existen mecanismos de reproducción de los niveles de logro de una generación a la siguiente. Entender de manera más clara dichos mecanismos de transmisión de los logros en los hogares permitirá diseñar políticas más efectivas para romper los círculos viciosos de reproducción de la pobreza y la desigualdad (capítulo 3).

*La desigualdad, al igual que la pobreza, es un fenómeno causado por restricciones, las que, además de limitar el acceso a funcionamientos básicos a vastos sectores de la población, inciden también en las aspiraciones y las percepciones de las personas acerca de sus posibilidades de alcanzar ciertos objetivos, por ejemplo, la obtención de un título universitario o de un empleo bien remunerado. Esto refuerza la dinámica de reproducción desigual del logro entre las personas que componen los distintos grupos que conforman la sociedad (capítulo 4).

*Sin embargo, las causas que explican la persistencia de la desigualdad no se encuentran solamente en el ámbito de los hogares. Existen otros obstáculos que impiden que las políticas públicas compensen las brechas y la heterogeneidad de los niveles de logro de bienestar, debido a que el proceso político también responde de manera diferenciada a las necesidades de los distintos grupos. Entre los factores del sistema político que inciden en la reproducción de la
desigualdad destacan la baja calidad de la representación política, la debilidad de las instituciones, el acceso diferenciado a la influencia sobre políticas concretas y las fallas institucionales que derivan en prácticas de corrupción y captura del Estado. Estos factores sistémicos contribuyen a que la dinámica política refuerce, en vez de compensar, la reproducción de la desigualdad (capítulo 5).

*Las políticas públicas más extendidas en la región se han enfocado, en muchos casos con éxito, en aspectos específicos del combate a la pobreza, sin considerar el carácter integral de las privaciones y su relación sistémica con la desigualdad.

*El combate a la pobreza es fundamental. El éxito de esta empresa tiene efectos positivos en la reducción de la desigualdad. Sin embargo, este informe argumenta que el combate a la desigualdad debe ser per se un objetivo central de la agenda de políticas públicas y que lograrlo requiere aplicar mecanismos específicos. Las razones para combatir la desigualdad no son solamente normativas. Reducirla
contribuye a crear sociedades conectadas, en las cuales se fortalecen el crecimiento económico y la cohesión social.

*Un enfoque de igualdad basado en capacidades, es decir, de equidad en la expansión de la libertad efectiva de las personas para elegir entre distintas opciones de vida que ellas consideren valiosas, implica una lógica integral, que asuma de manera concreta las restricciones objetivas y subjetivas que enfrentan de manera más directa y acuciante los grupos menos favorecidos de la sociedad.

Planteamiento polémico. Pero el PNUD no se queda en esta predecible radiografía a la realidad latinoamericana y caribeña, ya que propone que para superar la desigualdad se debe realizar un cambio al cálculo tradicional del índice de desarrollo humano (IDH), que se basa hasta ahora en el promedio simple de sus tres componentes: salud, educación e ingresos.

Un planteamiento que nada podría gustar a algunos gobiernos de Latinoamérica y el Caribe, ya que incluir el indicador de desigualdad en la medición de los niveles de desarrollo podría modificar las cifras de IDH que hasta ahora han podido lucir.

Por ejemplo, Chile, el país de Latinoamérica con el mejor IDH, y en la posición 44 a nivel mundial, según el informe de Desarrollo Humano  2009, podría ver afectada su posición si se incoporara la desigualdad como un factor a medir, tomando en cuenta que la distribución del ingreso de este país (Índice de Gini 51,8, según la última medición disponible 2006) lo ubica en la medianía de una tabla que es liderada por Uruguay, con un Índice de Gini 44,7, y cerrada por Haití y Bolivia, con 59, 2 y 59,3 respectivamente.

Estos cambios en las posiciones de los países ya se podrán advertir en el Informe Mundial de Desarrollo Humano del PNUD -se espera para octubre 2010-, el que incluirá este cambio metodológico, así como una medición multidimensional de la pobreza, ésta última, que no se reduzca a la relación entre la canasta básica de cada país y el ingreso per cápita, sino que sume factores como la seguridad social e incluso el grado de cohesion social.

"La forma en que se ha medido tradicionalmente la combinación de los logros en las dimensiones de ingresos, educación y salud no es
sensible a la desigualdad. La propuesta de este informe consiste en usar las dimensiones del desarrollo humano que componen el IDH tradicional, pero en lugar de obtener simplemente su media aritmética, agregarlas otorgando mayor peso a los indicadores que muestren mayor rezago", propone el informe del PNUD.

Pero la polémica propuesta del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ya desliza incluso un cálculo incómodo: el nivel de desarrollo humano de la región disminuye en promedio entre 6% y 19% cuando se incorpora la desigualdad en la medición del IDH.

Finalmente, este informe considera necesario debatir sobre qué tipo de desigualdad es relevante medir y, por tanto, ser prevenida mediante la acción pública, un cuestionamiento para el que se espera una larga discusión en América Latina.