Quito. Una marcha de indígenas que protestan contra la minería a gran escala se acercaba el miércoles a la capital de Ecuador, Quito, destacando la amenaza que las manifestaciones pueden significar para los proyectos de explotación con inversores extranjeros impulsados por el presidente Rafael Correa.

Los organizadores dijeron que miles de manifestantes se unieron a la marcha en su trayecto desde que comenzó dos semanas atrás en la región del Amazonas.

"No es que nosotros no queramos desarrollo (...) lo que no queremos es que se vuelva a colonizar el país a costa de perjudicar a la gran mayoría de las comunidades indígenas campesinas", dijo Humberto Cholango, líder de Conaie, que aglutina a grupos indígenas.

El gobierno dice que la marcha es pequeña, pero igualmente ha amenazado con bloquear el ingreso de los manifestantes a la capital como está previsto que suceda el jueves.

El elevado gasto en carreteras, hospitales y escuelas ha impulsado la popularidad de Correa en el país de 14 millones de habitantes, y el mandatario está bien posicionado para ganar una elección que se realizará en febrero del 2013 si decide postularse para otro período.

Pero los indígenas, que representan el 7% de la población, con frecuencia se quejan de que a sus comunidades no llega asistencia social suficiente y que los planes de Correa de firmar contratos mineros con compañías extranjeras representan un giro a la derecha.

Ecuador no tiene actualmente una industria minera y Correa, un economista que estudió en Estados Unidos, quiere atraer inversiones para explotar los grandes depósitos de cobre, oro y plata del país, y así diversificar la economía para atenuar la dependencia de las exportaciones de petróleo.

Este mes, Correa firmó el primer gran contrato minero para explotar su mayor reserva de cobre con la compañía Ecuacorriente, de capital chino, que invertirá US$1.400 millones en Mirador, ubicado en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe.

Ecuador espera firmar este año cuatro contratos más, con la canadiense Kinross para la explotación de un proyecto aurífero, con International Minerals por su proyecto de oro y plata, un segundo con Ecuacorriente sobre su depósito de cobre Panantza-San Carlos, y con Iamgold que planea desarrollar un yacimiento de oro, cobre y plata.

"Con toda esta situación estamos rompiendo esta armonía de la vida (...) presidente necesitamos el respeto (al medio ambiente)", dijo Cholango a periodistas el miércoles, vistiendo un sombrero típico de las regiones andinas del norte.

Dada la alta popularidad de Correa, las protestas de este tipo no significan una amenaza a la estabilidad de su gobierno, pero podrían socavar los proyectos de minería a gran escala, dijeron analistas.

"Tienen el potencial para perjudicar la confianza de los inversores que ya es bastante débil, amenazando proyectos en el país con graves interrupciones en las operaciones y la suspensión de las mismas, algo que puede ser muy costoso", dijo James Lockhart-Smith, analista de Maplecroft.

Correa preocupado. Manifestantes indígenas tuvieron un rol clave en las revueltas populares que derrocaron a dos presidentes en 1997 y 2000, y Correa está claramente molesto por la última marcha.

"Dicen que llegarán a Quito el 22 de marzo, aquí estaremos, no pasarán", dijo Correa cuando la marcha comenzó dos semanas atrás e instó a sus seguidores a organizar una contra protesta.

Correa ha acusado a líderes indígenas de apoyar a sus rivales políticos para desestabilizar a su gobierno antes de las elecciones, pero los indígenas rechazaron las acusaciones y pidieron negociar.

"No le gusta dialogar el gobierno del presidente Correa. Ni en tiempos de movilización, ni en tiempos de tranquilidad", dijo Salvador Quishpe, líder de la protesta y gobernador de la región de Zamora Chinchipe.

Los críticos del presidente, de 48 años, le acusan de socavar al Congreso y al sistema judicial para concentrar el poder.

Pese a que los organizadores hablaron de una gran convocatoria, autoridades del Gobierno dijeron que la marcha, que comenzó en la localidad amazónica de Pangui, a 700 kilómetros de Quito, ha sido un fracaso, reuniendo apenas a algunas decenas de personas.

Imágenes de televisión de la oposición mostraron a cientos de personas marchando.

"No se trata de cuánto número de gente pone uno o cuánta gente pone otro. Aquí lo que se trata es las razones de la lucha, las razones de la lucha son más poderosas que concentrar una cantidad de gente", aseveró Cholango.