Brasilia. En una de sus últimas decisiones como presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, negó la extradición del ex guerrillero de izquierda italiano Cesare Battisti, condenado en rebeldía por asesinatos cometidos en su país en la década de 1970, lo que provocó la indignación de Roma.

La determinación de Lula fue tomada más de un año después de que el tribunal supremo federal autorizó la extradición de Battisti por cinco votos contra cuatro. Sin embargo, en esa oportunidad la corte dejó la palabra final sobre el asunto a Lula, cuyo mandato culmina esta jornada.

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, condenó la decisión y afirmó que su Gobierno explorará sus opciones para apelarla. "Expreso mi profunda indignación y rechazo por la decisión del presidente Lula de negar la extradición de Cesare Battisti, un asesino múltiple, pese a las insistentes solicitudes en todos los niveles desde Italia", dijo Berlusconi en un comunicado.

"Esta es una decisión contraria al más elemental sentido de la justicia", declaró.

Berlusconi dijo antes de conocerse la decisión que sería "incomprensible e inaceptable" si Battisti no fuera extraditado por Brasil. Recordando por ejemplo la existencia de un tratado de extradición suscrito en 1989.

No obstante, el comunicado divulgado por el gobierno brasileño en que informaba la determinación aseguraba que esta fue tomada sobre la base de todas "las cláusulas del Tratado de Extradición entre Brasil e Italia".

Según el ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorim, la base de la decisión fue principalmente la disposición del acuerdo que trata sobre "la condición personal del extraditado".

Al ser consultado sobre un posible deterioro de las relaciones entre Brasil e Italia tras la decisión de Lula, Amorim aseguró que no cree que eso ocurra.

"No creo que pueda ser perjudicada (la relación bilateral), porque Brasil tomó una decisión soberana", dijo el canciller. Sin embargo, el ministro de Defensa italiano, Ignazio La Russa, afirmó que la decisión de Lula era una afrenta tanto a las familias de las víctimas como al Gobierno italiano.

"No deberían tener la ilusión de que esto puede ocurrir sin consecuencias", declaró al canal de televisión SkyTG24.

"Sólo el hecho de que Lula esperó al último momento de su mandato (para tomar la decisión) es una señal de su falta de valentía. Es una desgracia. Nunca me cansaré de decirlo", añadió.

De acuerdo al tratado entre ambos países, la extradición no será concedida "si la parte requerida tuviera razones ponderables para suponer que la persona reclamada será sometida a actos de persecución y discriminación por motivos de raza, religión, sexo, nacionalidad, lengua, opinión política, condición social o personal; o que su situación pueda ser agravada por uno de los elementos antes mencionados".

Battisti fue condenado por cuatro homicidios cometidos en la década de 1970, cuando integraba la organización Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) y está en prisión preventiva en Brasilia desde el 2007. El ex activista huyó a Francia en 1981 y en ese país fue acogido con la condición de que dejara la lucha armada.

Battisti abandonó Francia en el 2007 después de la revocación de su condición de refugiado y viajó a Brasil, donde recibió el estatus de refugiado político de parte del entonces ministro de Justicia Tarso Genro.