FALLUJA, Irak. El combatiente sunita Abu Mujahid perdió una pierna luchando contra los marines estadounidenses en la ciudad iraquí de Falluja, uno de los escenarios más encarnizados de la guerra en Irak.

Pequeños trozos de esquirlas todavía marcan su cráneo, después de un ataque con misil en el 2004 en la ciudad de la provincia de Anbar: el corazón sunita de Irak y otrora territorio de al Qaeda.

"Sí, luchamos contra ellos a muerte y soñamos con el día en el que dejarían Irak", sostuvo, dejando a un lado su muleta para sentarse en una silla de plástico en su casa.

"Pero su retirada en este momento no se da en beneficio de Irak", indicó Abu Mujahid.

Sus opiniones reflejan los temores entre los sunitas alguna vez dominantes, muchos de los cuales se unieron a la insurgencia tras la invasión liderada por Estados Unidos en el 2003, pero ahora temen que la partida de los estadounidenses consolide el dominio de los musulmanes chiitas y los iraníes.

Las fuerzas estadounidenses no dejarán por completo Irak por otros 16 meses, la fecha límite para la retirada total establecida en un pacto bilateral de seguridad firmado por el ex presidente de Estados Unidos George W. Bush.

Pero el Ejército estadounidense terminó formalmente sus operaciones de combate y limitó su presencia a 50.000 soldados el 31 de agosto, una disminución del mayor número de casi 170.000 efectivos hace tres años, cuando se desató la guerra sectaria en la peor etapa del conflicto.

Las tropas estadounidenses restantes en Irak se dedicarán a asesorar y asistir a sus pares iraquíes, encarnando un papel segundario pero de todos modos significativo en la persistente lucha contra la milicia chiita y la insurgencia sunita encabezada por Al Qaeda.

Muchos iraquíes tienen sentimientos encontrados en cuando a la retirada gradual de Estados Unidos.

Cualquier júbilo inicial en cuanto a la caída de Saddam Hussein y del régimen opresor de su partido Baath rápidamente se convirtió en horror se extendió la guerra sectaria.

"CRIMINALES Y DEMONIOS"

Decenas de miles fueron asesinados y tras siete años y medio Irak se convirtió en una ruina polvorienta y repleta de escombros, donde la electricidad pública sólo dura unas pocas horas al día, la burocracia gubernamental es un laberinto opaco y plagado de corrupción y los empleos escasean.

"No puedo explicar cuán feliz estaré cuando dejen nuestro país por completo", dijo Khalida Mohammed, de 30 años, una maestra cuyo esposo fue uno de los varios civiles asesinados en Falluja en el 2006 cuando soldados estadounidenses abrieron fuego sobre automóviles que se habían acercado a un convoy.

"Cada soldado estadounidense en nuestro país es un criminal y un demonio. Nadie los quiere", dijo Mohammed.

Los sunitas que gobernaban Irak durante el régimen de Saddam vieron a la otrora oprimida mayoría chiita arrancarles el control tras la caída del dictador.

A medida que Estados Unidos se retira, algunos temen que no haya nada para protegerlos contra la venganza y la discriminación. Otros temen perder cualquier posibilidad de recuperar su alguna vez incuestionable influencia política.

Y a muchos les preocupa que el vacío dejado por las fuerzas de Estados Unidos sea rápidamente llenado por el poder chiita iraní, el archienemigo árabe del mundo, y que a la invasión estadounidense le siga un capítulo menos visible pero igualmente desalentador de influencia persa.

Las heridas que Abu Mujahid sufrió en el campo de batalla ocurrieron en abril del 2004, en la primera incursión de las tropas estadounidenses para acabar con la feroz insurgencia en Falluja, que también contaba con el apoyo de combatientes de Al Qaeda, quienes llegan al país en tropel desde el extranjero.

El ataque, perpetrado por marines de Estados Unidos, fue lanzado después de que cuatro contratistas de seguridad privada que trabajaban para la polémica firma estadounidense Blackwater fuesen asesinados por una multitud.

"Mire mi cabeza, Vea, vamos, coloque su mano aquí para tocarla. Estos son dos trozos de esquirlas. Mire lo que queda de mi pierna, mis manos. Todas estas son heridas de esquirlas", dijo orgullosamente Abu Mujahid, tocándose la cabeza.

En los primeros días de la guerra las fuerzas estadounidenses usaron una fuerza abrumadora para derrotar a la oposición, usando tanques, aviones de guerra y helicópteros para abatir zonas donde los insurgentes se escondían en el polvo, dejando atrás poco más que ruinas.

La primera incursión sobre Falluja y una segunda más tarde el mismo año mató a cientos de combatientes y civiles y forzó a miles de personas a huir del lugar.

Muchos de los orificios de bala permanecen visibles y en Falluja todavía abundan los edificios en ruinas, lo que aviva un enojo persistente contra Estados Unidos entre algunos de los residentes.

Las intenciones estadounidenses generan un profundo escepticismo.

No todo el mundo en Irak cree en la promesa del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de que se ajustará al calendario del pacto de seguridad.

Sin duda Estados Unidos, pagó un precio demasiado alto en vidas y dinero: más de 4.400 soldados muertos y un billón de dólares perdidos, ¿pero sólo para irse?

"¿Por qué habría de creerles cuando hablan de retirada? Ellos dijeron que traerían democracia, la estabilidad y servicios a Irak. ¿Qué se ha logrado? Nada", dijo el taxista Yaser Zaidan, aguardando pasajeros en la entrada de Falluja.

"Estados Unidos no dejará atrás esta torta simplemente por el elevado precio que pagaron por venir a Irak", indicó.

Las incursiones sobre Falluja no impidieron que la provincia de Anbar cayera en manos de Al Qaeda.

El grupo militante sólo fue expulsado cuando los líderes tribales de Anbar empezaron a emprender en su contra en el 2006, al darse cuenta de que estaban poniendo en riesgo su autoridad. Decidieron en cambio aliarse con las fuerzas estadounidenses, convirtiendo sus enemigos en amigos.

"Nosotros no fuimos a luchar contra ellos. Ellos vinieron a luchar en contra nuestro. Dios dice que luches contra aquellos que luchan en tu contra. Debería darles vergüenza por no diferenciar entre combatientes y civiles cuando sus aviones atacaron la ciudad", dijo Abu Mujahid.

"Pero sin embargo, juro que les dimos una lección que jamás olvidarán", agregó.