Tokio. Un consternado gabinete japonés sintió que nadie dirigía la situación días después de que un tsunami afectó la planta nuclear de Fukushima, según minutas no oficiales reveladas el viernes que mostraron el nivel de confusión durante la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial.

Los ministros también creyeron que se iba a producir una fusión horas después de ocurrido el desastre el 11 de marzo del año pasado, pero no dieron señales públicas sobre sus peores temores.

La caótica respuesta y las revelaciones de que las autoridades ocultaron información agravaron la desconfianza en los políticos y los burócratas, al igual que la indignación del público por su incompetencia.

El entonces primer ministro Naoto Kan y su equipo comenzaron a hablar del peor escenario imaginado, que podía amenazar la existencia de Japón como nación, unos tres días después del terremoto y el tsunami, de acuerdo a un reporte de un panel creado por un grupo de estudios privado.

El accidente derribó los sistemas de enfriamiento de la planta Fukushima Daiichi de Tokyo Electric Power Co (Tepco), desatando la peor crisis nuclear del mundo desde el desastre de Chernóbil, en 1986.

"¿Quién es el líder de la operación real?", preguntó Yoshihiro Katayama, entonces ministro de Asuntos Internos, en una reunión el 15 de marzo en la sede del departamento de Respuesta de Emergencia Nuclear.

"Tengo demasiadas demandas y reclamos incomprensibles. Nadie está al mando", agregó.

Un día antes, Kan habló de un consenso entre los especialistas sobre una zona de evacuación de 20 kilómetros alrededor de la planta. Fue desafiado por Koichiro Gemba, ministro de Estrategia Nacional en aquel momento, que apuntó a posturas contradictorias.

"Esto es una guerra", dijo Gemba en otra reunión. "Se gana o se pierde. Ya estamos perdiendo algunas batallas. Pero lo importante es cómo hacemos para limitar nuestras pérdidas", agregó.

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Las minutas, compiladas por memorandos, grabaciones y memorias de los participantes debido a que no se guardaron documentos oficiales, fueron publicadas dos días antes del primer aniversario del desastre, que dejó 19.000 muertos o desaparecidos.

El público japonés sigue preocupado por las consecuencias para la salud. Desde el 11 de marzo se encontraron cantidades excesivas de radiación en productos como verduras, té, leche, mariscos y agua, a pesar de las garantías oficiales de que los niveles no eran peligrosos.