Bagdad.  El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, arribó estesábado a Irak en medio de crecientes tensiones tras una elección realizada en marzo que no produjo un claro ganador y creó dudas sobre el plan de Estados Unidos de terminar las operaciones de combate el próximo mes.

Biden, designado por el presidente Barack Obama para tomar el liderazgo en asuntos sobre Irak, sostendrá conversaciones con los líderes iraquíes en medio de un estancamiento político, cuatro meses después de los comicios, sobre la formación del próximo gobierno del país.

La última vez que Biden visitó el país fue poco antes de las elecciones parlamentarias del 7 de marzo, cuando surgió una controversia por intentos de políticos chiítas de prohibir a candidatos sunitas por presuntos vínculos con el partido ilegal Baath, de Saddam Hussein.

Los iraquíes esperaban que los comicios llevaran a la estabilidad y recuperación económica siete años después que la invasión liderada por Estados Unidos para derrocar a Hussein desatara una amarga guerra entre los una vez dominantes sunitas y la mayoría chiíta.

La violencia en general ha caído fuertemente desde un hito en 2006-2007, pero los ataques de una determinada insurgencia sunita continúan a diario.

En lugar de instalar a Irak en un camino de mayor seguridad y prosperidad, las elecciones fueron seguidas por cuatro meses de incertidumbre política luego que nadie ganara los comicios en forma directa y el acuerdo sobre la formación del próximo gobierno resultó difícil de alcanzar.

Un bloque intersectorial dirigido por el ex primer ministro Iyad Allawi sacó una ventaja de dos escaños y ganó un fuerte respaldo de sunitas que ven a Allawi, pese a su historia chiíta, como un fuerte laico, capaz de defender sus derechos.

Pero una unión entre los principales bloques chiítas, incluyendo la alianza Estado de Ley del actual primer ministro, Nuri al-Maliki, se espera que venza a Allawi en la contienda para ganar la mayoría parlamentaria requerida para formar un Gobierno de coalición.

Insurgentes sunitas vinculados a Al Qaeda han buscado explotar el vacío político mediante ataques suicidas y asesinatos, lo que plantea dudas sobre el plan de Estados Unidos de finalizar las operaciones de combate en agosto, antes de una retirada total en el 2011.