-Cómo sobreviviente de unos de los casos más importantes de abuso sexual por parte de un miembro de la iglesia católica, el ex párroco Fernando Karadima, ¿solicitó una audiencia con el papa en su visita a Chile?

-Sí y la respuesta fue súper clara: no tenían tiempo para recibirnos.

-¿Qué te parece la figura del Papa?

-No entiendo mucho la visita del Papa, ni tampoco su figura. Hoy, en el Siglo XXI, que la visita de un líder religioso tenga esas características me cuesta entenderlo. Quizás hubiera sido más fácil comprender la figura del Papa en el Renacimiento o la Edad Media. De verdad es difícil de entender, aún más siendo yo un pseudo cristiano.

-La última vez que vino un Papa a Chile, el país estaba bajo una dictadura militar. Hoy, ¿con que país se encuentra Francisco I?

-Hoy el Papa se encuentra con un Chile mucho más empoderado en todas sus formas. Se encuentra con una sociedad civil que ha dejado de considerar natural situaciones abusivas, asimétricas, que antes eran parte de la naturaleza de Chile. Hoy se encuentra con una ciudadanía que exige estándares éticos y legales muchos más altos, incluso una feligresía de católicos que ya no comulgan con ruedas de carreta, donde hoy las personas están demandando cambios estructurales en las organizaciones, especialmente en instituciones tan rígidas como la Iglesia.

-¿El Papa estará al tanto de la situación de Karadima?

-Yo creo que él sabe perfectamente la situación de Karadima. No hay que olvidar que Bergoglio, siendo argentino, fue elegido Papa y tiene un contexto bastante complejo en la curia europea, donde no es tan validado, por lo que se ha visto en la necesidad de ser más cercano a obispos y cardenales latinoamericanos. Conoce muy bien la realidad latina y a la iglesia chilena. Y claramente a Fernando Karadima.

-Si usted no hubiera denunciado a Karadima (junto a James Hamilton y Juan Carlos Cruz) por abuso sexual, ¿el párroco sería hoy actor relevante en esta visita del Papa?

-Cuando comenzamos con las denuncias contra Fernando Karadima, un obispo chileno, Andrés Arteaga, una persona muy reconocida dentro del mundo católico, me reprochó personalmente haber realizado estas acusaciones porque con eso estábamos impidiendo que Karadima fuera proclamado un santo. Es más, todos los seguidores que tenía Karadima dentro de la iglesia se fueron convirtiendo en obispos, con el fin de hacer que la iglesia católica chilena fuera la iglesia de Fernando Karadima. Así que sí, si Karadima hubiera seguido en el poder lo hubiéramos visto en las fotos al lado del Papa Francisco.

-Con la creación del "Consejo de Prevención de Abusos", creado por el consejo episcopal en Chile, ¿se frenaron los abusos sistemáticos a personas por parte de párrocos de la iglesia católica?

-Yo creo que no. Esta oficina tiene características más de un acompañamiento espiritual a las víctimas que quieren aproximarse, que un acompañamiento civil o psicológico y una transformación de la estructura. Si la iglesia católica no se da cuenta de que el abuso sexual, especialmente el infantil, es un abuso de poder en contextos asimétricos y lo sigue considerando un problema sexual, no va a cambiar absolutamente nada. Todo esto es maquillaje y termina siendo solo teatro.

IMPUNIDAD

-Ustedes, como fundación, hoy trabajan con Bishop Accountability, una organización que ayudó a la película ganadora del Oscar "Spotlight", filme basado en una investigación real que probó una metodología oficial de encubrimiento de abusos sexuales por parte de la Iglesia Católica en Boston (EE.UU.). ¿Esta misma practica existe en Chile?

-Chile no es una excepción en esa metodología y Ricardo Ezzati -actual arzobispo de Santiago de Chile- tampoco es una excepción a eso y a lo que pasa en el mundo. El encubrimiento no es solo cambiar sacerdotes de lugar, también existen estas casas de "reposo", como lo retrata la película "El Club", de Pablo Larraín. En Chile han existido y aún existen esas casas donde se reunían sacerdotes que habían cometidos abusos y que después volvían a la actividad eclesiástica y seguían actuando igual.

-Rafael Maureira Trujillo, más conocido como "Sakarach", es un notorio pedófilo hoy tras las rejas. ¿Cuál es la diferencia civil entre él y ex miembros de la iglesia que por los mismo delitos o peores no están en la cárcel?

-Hay varias cosas. Primero -y citando cifras internacionales- menos del 1% de los casos de abuso sexual infantil terminan presos y los que terminan en la cárcel son porque sus casos son demasiado explícitos. Solo el 10% de los abusos reportados a la policía llegan a alguna condena judicial, el resto son descartados por falta de prueba o de testimonios y terminan en el sobreseimiento. Los estándares de prueba son tan altos, tanto civiles como canónicos, que es muy difícil llegar a una condena y eso va creando impunidad.

-Con este nuevo gobierno, que se viene, ¿qué responsabilidad tendrá Sebastián Piñera, cómo máxima autoridad, en la defensa y prevención de estos delitos?

-Nosotros, como fundación, estamos dentro de las organizaciones que trabajan en Chile por los derechos de los niños, en contra del abuso sexual infantil y llevamos esperando que algún gobierno transforme en realidad la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, que Chile ratificó en 1990 y que todavía no cuenta con una ley que la haga efectiva.

-Entonces, han pasado gobiernos de centro izquierda y de derecha, y aún no se ha hecho nada. ¿Por qué?

-Yo creo que las leyes manifiestan cambios culturales que se reflejan en leyes, y aquí particularmente, en Chile, dicho cambio cultural aún se está cuajando. Ojala que una ley pueda empujar en este sentido la defensa de los niños en nuestro país, pero hoy la aprobación de esa ley la veo bastante difícil.

-Estuviste en una entrevista televisiva donde compartiste con el nuevo presidente electo.

-Tuve la oportunidad de estar con el actual presidente electo, Sebastián Piñera, y le pregunté cuál iba a ser su rol en esta ley de protección integral de los derechos del niño y con ello poder endurecer y tener un marco real para delitos de abuso sexual a menores. Él se comprometió, públicamente, ya que sentía que era una obligación personal para él y con el país.

-¿Le cree? ¿Confía en él? Usted acaba de comentar que han pasado varios gobiernos, incluido el primero de Piñera, y no se ha hecho nada.

-Yo confío en los hechos. Las promesas en tiempo de campaña electoral salen bastante baratas. Quiero tener una confianza lúcida, no una confianza ciega.

-¿Crees en Dios?

-Me encantaría que Dios existiera.