Bogotá. El candidato oficialista Juan Manuel Santos ganó este domingo la presidencia de Colombia, un triunfo con el que los electores reconocieron los logros de Alvaro Uribe contra la guerrilla, una lucha que el político prometió mantener pero sumándole un mayor énfasis social.

Santos, quien como ministro de Defensa de Uribe logró los mayores éxitos militares contra las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), venció al candidato del Partido Verde, Antanas Mockus, que intentó sorprender con su promesa de combatir la corrupción.

Con más del 99% de las mesas de votación escrutadas, Santos obtenía sobre el 69% de los votos frente al 27% de Mockus. Casi 30 millones de personas estaban habilitados para sufragar en el país sudamericano.

Heredero. Según analistas, la victoria de Santos es la continuidad del gobierno de Uribe, pese a los escándalos de corrupción, de ejecuciones extrajudiciales e interceptaciones ilegales de comunicaciones que mancharon su gestión en los últimos meses.

El político conservador logró capitalizar la herencia política del popular mandatario con la alta votación que alcanzó.

Ni las diferencias que admitió con el  presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien advirtió que su triunfo representaba una amenaza para la región; ni el proceso judicial que enfrenta en Ecuador por haber ordenando un ataque contra las FARC en ese país, le restaron apoyo.

El ahora presidente electo, miembro de una influyente familia vinculada con el periodismo y la política, reiteró su decisión de conformar un gobierno de Unidad Nacional con el apoyo del Partido Conservador, de Cambio Radical y de los militantes liberales, claves para la segunda vuelta.

El sólido respaldo con el que llega Santos, un economista y administrador de 58 años educado en Estados Unidos e Inglaterra, le aseguran la gobernabilidad y la posibilidad de lograr la aprobación en el Congreso de importantes reformas.

Mockus, un matemático y filósofo de origen lituano, buscó sacar provecho a recientes escándalos de corrupción del gobierno de Uribe y, con su discurso de transparencia, honestidad y lucha contra la corrupción logró el apoyo de una franja importante de electores, principalmente jóvenes de las ciudades de este país de 44 millones de habitantes.

Pero sus discursos difíciles de comprender y sus polémicas declaraciones como su intención de subir impuestos y declararse admirador de algunos aspectos del presidente venezolano le restaron apoyo, según analistas.

Desafíos.  Santos asumirá el poder el próximo 7 de agosto con el desafío de reducir el desempleo de más de 12%, uno de los más altos de América Latina, y combatir la pobreza en la que vive más de la mitad de la población del exportador de petróleo, carbón, ferroníquel y café.

"Trabajo, trabajo y más trabajo", prometió Santos en la campaña en un país que también reclama cobertura del sistema de salud, educación, vivienda y obras de infraestructura.

Aunque el tema de seguridad pasó a un segundo plano en la campaña ante las demandas sociales, el presidente electo tendrá que enfrentar a una guerrilla debilitada pero que mantiene una fuerte presencia en remotas zonas selváticas y montañosas que son estratégicas para la producción y el tráfico de cocaína, su principal fuente de financiación.

También deberá continuar la lucha contra el narcotráfico debido a que Colombia se mantiene como el mayor productor mundial de cocaína pese a los millones de dólares que le ha entregado Estados Unidos para programas de fumigación y de asistencia social.

Adicionalmente, deberá buscar un crecimiento sostenido de la economía aprovechando los altos flujos de inversión en los sectores petrolero y minero que pueden contribuir a aumentar las exportaciones del país sudamericano, crear empleo y conseguir recursos para reducir las desigualdades sociales.

Relaciones vecinales. Otro de los retos será incrementar los ingresos tributarios, reducir el déficit fiscal y recomponer las deterioradas relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, después de que Chávez las congeló en protesta por un acuerdo militar que firmaron Bogotá y Washington.

El mandatario izquierdista, el más fuerte crítico de Estados Unidos en la región, considera el acuerdo como una amenaza para su revolución socialista.

Santos deberá normalizar igualmente las relaciones con Ecuador y mantener la cooperación de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico y los grupos armados ilegales, cuyos fondos se han ido reduciendo lentamente en medio de los problemas financieros que afronta la mayor economía del mundo.