Davos, Sui. Tres temas de México son analizados con mucho cuidado por el WEF: la inequidad, la corrupción y la baja productividad, dice Marisol Argueta, directora senior para América Latina del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés). Ninguno de los tres representa una novedad ni son exclusivos de México; sin embargo, toman especial importancia en un momento en el que uno de los principales retos es la implementación de las reformas.

La inequidad limita el mercado interno, al tiempo que genera condiciones de riesgo social y político, dice la especialista a la pregunta de por qué se ha vuelto un tema urgente la desigualdad, si tiene décadas o siglos instalado. “Lleva años siendo urgente, ahora sabemos más del precio que se paga por ser una sociedad desigual (...) Adicionalmente, las nuevas tecnologías hacen posible que la desigualdad se manifieste o sea aprovechada por movimientos de corte populista”.

No hay recetas, enfatiza en conversación con El Economista, pero claramente el combate a la desigualdad implica la revisión de las transferencias fiscales.

“No sólo se trata de garantizar que los recursos públicos vayan a quien más los necesita, es necesario pasar a una nueva fase en programas como Bolsa de Familia en Brasil u Oportunidades en México: garantizar que la gente desarrolle capacidades para que no dependa en el largo plazo del subsidio”.

Corrupción. La corrupción aparece como uno de los principales temas cuando el WEF se reúne con líderes de opinión o empresariales de México.

“Ha estado presente en los informes de competitividad que el Foro Económico Mundial produce desde hace más de una década. Sigue en el radar ahora que ampliamos nuestra investigación a otros temas de México”, explica.

El combate a la corrupción es ahora una parte crucial que determinará el éxito de los grandes cambios que impulsa el gobierno, “pocas medidas son tan eficientes como la desburocratización. Cada paso extra que se exige en lo administrativo se vuelve una oportunidad para la corrupción.

"Llevamos mucho tiempo sabiéndolo". Pero no es un problema exclusivo de México. El 77% de los empresarios de América Latina cree que la corrupción de los líderes políticos es el mayor de los problemas y esta proporción es la más alta, comparada con la percepción que tienen los hombres de negocios de regiones como África subsahariana (65%), Asia (50%) y el Medio Este, junto con África del norte (47%).

Argueta enfatiza que los problemas que se manifiestan en organismos como los cuerpos policiacos obligan a pensar y trabajar en una lógica institucional.

“En países como los que integran nuestra región (ella es salvadoreña) tendemos a pensar en soluciones caudillistas. Yo creo más en el fortalecimiento de las instituciones, cuidando que no se traduzca en más capas burocráticas”.

Productividad. El estancamiento de la productividad es el tercer tema que aparece como foco prendido en el tablero de México. Marisol Argueta dice que está relacionado con muchas cosas: una baja productividad afecta las posibilidades de producir y distribuir riqueza. Al mismo tiempo, está relacionada con el sistema educativo.

De acuerdo con el propio WEF, la educación es el segundo mayor reto de América Latina y tendría que ser una de las grandes prioridades de la región.

“Estamos cambiando un poco el enfoque: no se trata sólo de garantizar el acceso a la educación, sino de impulsar la igualdad en el acceso a la educación de calidad”.

En AL se acabaron las cabezas bajas. “Se acabó la convivencia pacífica con la inequidad y la corrupción”. Con esta frase, Moisés Naím puso pimienta a un panel dedicado a América Latina en el que participaron los mexicanos Alicia Bárcena e Ildefonso Guajardo y en el que predominaron los argumentos económicos.

Esto es un fenómeno generalizado en la región. Se acabó la resignación y las cabezas bajas, la gente no soporta la corrupción, dijo el intelectual venezolano, autor del libro El fin del poder.

Sobre el tema abundó otro de los panelistas, Roberto Setubal, de Itaú Unibanco: “La corrupción va junto con la ineficiencia y es claro que se hace mucho más difícil de soportar cuando no hay crecimiento económico. Eso lo estamos viendo en Brasil”.