Santiago de Chile. La derrota de la candidata Evelyn Mattei en las elecciones presidenciales de hace un mes está provocando una sangría en la derecha chilena, que se enfrenta al riesgo de una fragmentación irreversible y el surgimiento de un nuevo partido conservador que tenga como eje a Sebastián Piñera.

Para entender lo que está sucediendo actualmente en el seno de la Alianza por Chile hay que remontarse a lo ocurrido en los últimos meses en la coalición conservadora, que ha encajado un fracaso tras otro en los comicios municipales, parlamentarios y presidenciales, y ha perdido un millón y medio de votos.

Las dificultades para dar con un candidato capaz de hacerle sombra a la ex presidenta Michelle Bachelet y las disputas entre la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional supusieron un "vía crucis" para la derecha, que en menos de tres meses cambió cuatro veces su apuesta para la elección presidencial, hasta dar finalmente con Matthei.

A algunos esta pugna les recuerda la abierta hostilidad entre los generales Bernardo O'Higgins y José Miguel Carrera, durante la independencia de Chile, o los enfrentamientos de los "pipiolos" (liberales) con los "pelucones" (conservadores) en la primera mitad del siglo XIX.

Lo cierto es que los recientes desastres en las urnas han desatado una guerra civil en el seno de la derecha, tal y como había predicho días antes de las elecciones el presidente Sebastián Piñera al hablar de "la noche de los cuchillos largos".

El primero que abrió fuego contra el mandatario fue su exministro de Defensa, Andrés Allamand, con quien años atrás Piñera compartió el sueño de una derecha aperturista que aspiraba a hacerse con el poder y liquidar definitivamente las esencias de la dictadura.

Piñera está convencido de que la única derecha posible en Chile es aquella que es capaz de cortar con el pasado, incluyendo la herencia pinochetista.

Un sector de Renovación Nacional acusa al presidente de menospreciar a los partidos que le llevaron al poder y desatender las demandas políticas de la sociedad chilena.

Detrás de esos reproches se oculta el malestar que causa en determinados sectores conservadores el mal disimulado afán de Sebastián Piñera de concurrir nuevamente como candidato presidencial en 2017.

Al asumir en 2010 como jefe del Estado, Piñera tuvo que renunciar a Renovación Nacional, porque así lo establecen sus estatutos, pero ahora que va a dejar la presidencia no tiene pensado regresar a las filas de su antiguo partido.

El único mandatario conservador que ha accedido democráticamente al poder en Chile en el último medio siglo planea crear una fundación para el estudio de las políticas públicas muy parecida a la del ex presidente del Gobierno español José María Aznar, amigo personal de Piñera.

Piñera está convencido de que la única derecha posible en Chile es aquella que es capaz de cortar con el pasado, incluyendo la herencia pinochetista.

A comienzos de esta semana los diputados Karla Rubilar, Pedro Browne y Joaquín Godoy, renunciaron a Renovación Nacional para fundar el partido Amplitud.

Esa deserción se suma a la de los senadores Antonio Horvath, impulsor de Democracia Regional, y Lily Pérez, y a la iniciativa del joven dirigente conservador Felipe Kast, creador de la agrupación Evolución Política.

Y por si fuera poco, los ministros Cecilia Pérez (Portavoz), Bruno Baranda (Desarrollo Social), Rodrigo Hinzpeter (Defensa) y Juan Carlos Jobet (Trabajo) podrían formalizar también su renuncia a Renovación Nacional.

En tanto, los dirigentes de este partido, obligados por las circunstancias, hablan de la conveniencia de dar un giro hacia el centro para ampliar su base social, e incluso de aproximarse a la Democracia Cristiana, el partido más moderado de la Nueva Mayoría que respalda a la presidenta electa Bachelet.

Pero, por el momento, los democristianos hacen oídos sordos a esta invitación y a pesar de las desavenencias con el Partido Comunista, integrado también en la Nueva Mayoría, mantienen firme su apoyo a Bachelet.

Paradójicamente, en el otro partido de la derecha, la Unión Demócrata Independiente (UDI), la situación está mucho más tranquila a pesar de haber encajado una derrota electoral mayor que la de Renovación Nacional, pues ha perdido un tercio de su representación parlamentaria.

Acostumbrados a "lavar los trapos sucios en casa", la UDI debe afrontar en los próximos meses un profundo relevo en su dirección, de la que han ido desapareciendo dirigentes emblemáticos como Juan Antonio Coloma, Pablo Longueria y Jovino Novoa, bautizados como "los coroneles" por su poder de decisión dentro de la formación derechista.

El futuro de la Alianza por Chile como coalición política está está amenazado por las carencias y debilidades que ha ido acumulando durante los últimos años, pero el momento actual resulta crucial para decidir si será capaz de sobrevivir a la debacle sufrida en 2013.